
La figura de Elon Musk genera opiniones extremas: o se le considera un genio, o se le juzga como alguien fuera de sí. Esta división provoca que sus seguidores acepten y sigan al pie de la letra todo lo que expresa, situación que el magnate aprovecha estratégicamente para alcanzar sus metas.
Su más reciente controversia gira en torno a su Inteligencia Artificial Grok, la cual ha sido actualizada para prohibir la generación de desnudos a partir de fotos de personas (debido a las evidentes implicaciones y vulneraciones que esto conlleva). Sin embargo, esta actualización no es el único motivo de debate, ya que una solicitud hecha por el propio Musk ha generado gran revuelo.
Para entrenar a su IA en una amplia variedad de campos, Musk está invitando a los usuarios de la red social X (anteriormente Twitter) a subir sus datos médicos, imágenes como resonancias y ecografías, con la finalidad de que la IA las interprete y aprenda. El magnate afirma que él mismo ya ha participado, y asegura haber observado «casos donde supera incluso el diagnóstico de médicos».
No sorprende que Musk haga tales afirmaciones, pero la realidad es que, aunque la IA tenga capacidad para interpretar información médica mejor que el público general, como se ha señalado en múltiples ocasiones, puede cometer errores, equivocarse y provocar falsas alarmas.
Compartir datos médicos con la IA es comparable a buscar síntomas en Google, un error que sólo genera temor y desenlaces pesimistas; por eso, en cualquier caso siempre es fundamental consultar a un profesional sanitario para obtener diagnósticos o explicaciones adecuadas sobre el estado de salud.
Es evidente que la IA puede convertirse en una herramienta valiosa para la medicina, pero debe operar bajo la supervisión de expertos en la materia que validen sus aportes y recomendaciones. La razón por la cual Musk incentiva a los usuarios a divulgar información tan sensible como la médica es exclusivamente para su beneficio personal; además, al «ceder» estos datos, se autoriza que sean utilizados según sus propios criterios, lo que podría incluir la venta a terceros.
Esta polémica iniciativa busca también competir con ChatGPT, que recientemente lanzó una sección dedicada a la salud con metas similares. Sin embargo, los especialistas coinciden en que no resulta seguro compartir datos personales de salud con la IA, a pesar de las promesas de que esta tecnología representa el futuro.

