
Fuente de la imagen, DeAgostini/Getty Images
Información del artículo
-
- Autor, The Infinite Monkey Cage*
- Título del autor, BBC Radio 4
- 56 minutos
- Tiempo de lectura: 5 min
Numerosas películas, libros y programas han imaginado teorías sobre lo que podría hallarse en el núcleo del planeta.
Desde mundos subterráneos con criaturas prehistóricas hasta sociedades humanas distintas, las narrativas ficticias resultan tanto intrigantes como inquietantes.
Sin embargo, la realidad es bastante distinta de la fantasía; aunque nunca hayamos alcanzado el centro de la Tierra, se posee un considerable conocimiento sobre lo que yace bajo la superficie.
Entonces, ¿a qué profundidad se ha llegado realmente? ¿Y cuál es el método para descubrir lo que existe en esa profundidad?
Las capas de la Tierra
El planeta Tierra consta de cuatro capas fundamentales.
Cada capa es diferente, según explica la profesora Ana Ferreira, especialista en sismología de University College London.
"Contamos con la corteza, que es esta capa delgada y frágil donde todos residimos", detalló en el programa The Infinite Monkey Cage de BBC Radio 4.

La corteza terrestre resulta más delgada bajo los océanos, mientras que puede alcanzar hasta 70 km de espesor en las áreas continentales.
Justo debajo se encuentra el manto, que mide aproximadamente 3.000 km de grosor y está formado por una roca llamada magma, la cual parece sólida a escala humana.
"Sin embargo, a lo largo de millones de años, fluye lentamente", añadió Ferreira.
A continuación, está el núcleo externo, compuesto principalmente por hierro y níquel líquidos, que crea el campo magnético del planeta.
El núcleo interno es sólido, formado por hierro y níquel, y constituye la región más caliente de la Tierra, con temperaturas que pueden llegar hasta los 5.500 °C.
Hacia lo "superprofundo"
El punto más hondo al que ha llegado una persona es la mina de oro Mponeng, ubicada en Sudáfrica, aproximadamente a 75 km al suroeste de Johannesburgo, extendiéndose hasta cerca de 4 km bajo la superficie.

Fuente de la imagen, Eva-Lotta Jansson/Bloomberg vía Getty Images
Aunque ningún humano haya descendido físicamente a mayores profundidades, se ha empleado perforación para llegar aún más abajo.
El pozo artificial más profundo es el superpozo de Kola, excavado por los soviéticos en el norte de Rusia, que se terminó en 1992 después de casi dos décadas de trabajo, alcanzando 12,2 km bajo la superficie.
Esta profundidad equivale a apilar 27 edificios Empire State de Nueva York uno encima del otro.
No obstante, esto representa solo cerca de un tercio del grosor total de la corteza terrestre en esa zona.
La perforación hacia el interior de la corteza se complica por varios motivos.
Conforme se penetra en el interior de la Tierra, la temperatura aumenta considerablemente.
Esta tasa de incremento térmico se denomina gradiente geotérmico; en promedio, en la corteza continental, oscila entre 25 y 32 grados Celsius por kilómetro, según el geocientífico británico Chris Jackson.

Fuente de la imagen, Lenorlux vía Getty Images
Otra dificultad importante está en la altísima presión que se recibe a esas profundidades.
Sostener un pozo abierto bajo tales presiones es "una tarea extremadamente complicada", comentó Jackson.
Escanear la Tierra
Entonces, si el acceso más profundo es limitado, ¿cómo se estudia el interior restante del planeta?
La clave está en las ondas sísmicas, vibraciones generadas por terremotos que atraviesan la Tierra.
Estas ondas cambian sus características al cruzar distintos tipos de materiales, lo que es detectable mediante sismómetros.
"Se realizan numerosos análisis sofisticados y modelaciones que transforman estos datos en imágenes del interior terrestre", señaló Ferreira.
Jackson definió estas imágenes como una especie de "tomografías computarizadas de la Tierra".

Fuente de la imagen, Getty Images
Ambos expertos coincidieron en que comprender las capas terrestres puede ampliar el entendimiento sobre numerosos fenómenos naturales, como la actividad sísmica, el vulcanismo y la formación de relieves montañosos.
"En definitiva, es necesario conocer a fondo el funcionamiento del manto", afirmó Ferreira.
Este conocimiento podría tener además aplicaciones prácticas, como evaluar el potencial de la energía geotérmica, una fuente renovable que aprovecha el calor interno del planeta.
Ferreira subrayó que esta línea de investigación también podría aportar información sobre la evolución de la Tierra y posiblemente aplicarse al análisis de otros mundos más distantes.
*Esta nota está basada en un episodio del programa The Infinite Monkey Cage, de BBC Radio 4.

