Entre un valle fértil y montañas que resguardan siglos de historia, se encuentra un rincón poco explorado que atesora uno de los interiores más impresionantes del patrimonio valenciano
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Entre montañas y campos valencianos se oculta uno de esos lugares capaces de enamorar al visitante desde el primer momento. Un espacio donde el transcurso del tiempo ha dejado una huella artística notable y cuya riqueza decorativa ha originado comparaciones con algunos de los templos religiosos más destacados del mundo. Esta famosa ‘Capilla Sixtina’ de la Safor se ha transformado en uno de los principales atractivos del turismo cultural dentro de la provincia de Valencia, convocando a quienes buscan patrimonio, historia y pueblos con carácter propio.
El escenario de esta joya singular es Simat de la Valldigna, un municipio ubicado en un valle fértil rodeado por las sierras de Corbera y Mondúver. En su término municipal se alza el Real Monasterio de Santa María de la Valldigna, fundado en 1298 por el rey Jaime II el Justo y reconocido como uno de los complejos cistercienses más importantes de la Comunitat Valenciana. La iglesia del monasterio destaca por la ornamentación de sus bóvedas y frescos barrocos, donde la luz natural realza el conjunto pictórico, sorprendente por su riqueza y equilibrio.
Un monasterio con más de ochocientos años de historia
La evolución arquitectónica del monasterio explica su peculiar apariencia actual. A la estructura gótica original del siglo XIV se añadieron profundas transformaciones tras los terremotos de 1396 y 1644, que propiciaron una renovación barroca durante los siglos XVII y XVIII. Después de quedar abandonado con la desamortización de Mendizábal en 1835, el conjunto fue adquirido por la Generalitat Valenciana en 1991, iniciándose un proceso de restauración que ha permitido recuperar gran parte de su esplendor. Actualmente, el acceso es libre y gratuito, con visitas guiadas fines de semana que facilitan la comprensión de su valor histórico y artístico.
La visita se complementa recorriendo el propio Simat de la Valldigna, un pueblo donde el agua y el patrimonio marcan el ritmo. La Iglesia de San Miguel Arcángel, edificada sobre una antigua mezquita, la Font Gran, la Font Menor y su tradicional lavadero forman parte de un paisaje urbano vinculado a la historia hidráulica del valle. A esto se suman rutas naturales, miradores y una gastronomía basada en productos de la huerta, que enriquecen la experiencia de descubrir uno de los pueblos más peculiares de la Safor.
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