Isla oculta de Canarias con un solo residente y aguas consideradas las más azules del mundo, donde el verano no termina jamás

A solo dos kilómetros de Fuerteventura se encuentra una isla casi deshabitada, con un clima cálido durante todo el año y un acceso restringido a 400 personas diarias

Foto: Vista aérea del islote de Canarias rodeado por aguas turquesas. (Extraída de Facebook)
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Temperaturas agradables, playas desiertas y escenarios intactos caracterizan a este pequeño paraíso escondido en el archipiélago canario, donde solo una persona está registrada en el censo y cada espacio parece diseñado para alejarse del mundo. Para acceder es necesario reservar con anticipación.

En ocasiones, el mapa turístico de las Islas Canarias pasa por alto pequeños tesoros que permanecen prácticamente vírgenes. Al noreste de Fuerteventura, a solo dos kilómetros desde el puerto de Corralejo, se sitúa uno de los lugares más enigmáticos y deshabitados del país: la Isla de Lobos. No existen hoteles ni vehículos, solo un ecosistema protegido que recibe un número limitado de visitantes cada día. Sus aguas turquesas, el terreno volcánico y el silencio absoluto convierten este islote en un espacio donde parece que el verano nunca termina.

Un área protegida con acceso restringido

Este islote, que apenas mide 4,5 kilómetros cuadrados, pertenece al municipio de La Oliva y fue declarado Parque Natural en 1982, dotándolo de una protección especial. Solo pueden acceder 400 visitantes por día, previa autorización a través de su sitio web oficial. El control del aforo ayuda a conservar su biodiversidad, que incluye flora endémica, aves migratorias y un fondo marino ideal para el esnórquel.

La ruta más común comienza en el Centro de Visitantes y recorre playas como La Concha, la montaña de La Caldera y el faro emblemático de Punta Martiño, que sigue funcionando. Esta última construcción fue durante décadas el hogar del farero Antoñito, considerado el último habitante de la isla, y cuyo nombre actualmente da título al único chiringuito del islote.

Un paraíso natural con vistas al Atlántico

Visitar Lobos implica recorrer un paisaje detenido en el tiempo. No hay carreteras asfaltadas, calles ni servicios turísticos convencionales. Tampoco hay sombras, por lo que los excursionistas deben llevar agua, protección solar y calzado adecuado. El recorrido completo puede realizarse en unas cuatro horas, que es el tiempo máximo permitido por la autorización de entrada.

Además del faro y la playa de La Concha, destaca El Puertito, un antiguo embarcadero rodeado de aguas transparentes donde aún se conservan pequeñas casas construidas por trabajadores en el pasado. En este lugar se encuentra el restaurante que abre en algunas temporadas y ofrece pescado fresco a los pocos que consiguen reservar mesa.

Cómo acceder a la Isla de Lobos

La única forma de llegar es desde Fuerteventura. Varias compañías de ferry y taxis acuáticos parten diariamente desde el puerto de Corralejo, en un trayecto que dura unos 15 minutos. El coste ronda los 15-20 euros ida y vuelta, y las salidas suelen coincidir con la mañana para aprovechar el tiempo permitido de estancia.

Gracias al clima templado de las Islas Canarias, la Isla de Lobos puede visitarse durante todo el año. No obstante, la mejor temporada para disfrutar de sus paisajes y playas con mayor estabilidad meteorológica es de abril a octubre. En esos meses, el cielo suele estar despejado, las temperaturas son más agradables y el mar especialmente claro, ideal para actividades como el snorkel o el senderismo.

La Isla de Lobos continúa siendo una rareza dentro del turismo en Canarias. Su combinación de soledad, belleza natural y restricciones de acceso la transforman en un destino reservado para quienes buscan algo más que una postal: una experiencia auténtica, sin artificios, en uno de los últimos rincones vírgenes del Atlántico español.

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