En una ciudad histórica andaluza emergió un hallazgo sobresaliente que atrae la atención de arqueólogos y turistas. Entre antiguos muros y restos romanos, un descubrimiento relacionado con el vino ha permitido reescribir parte de su historia
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El descubrimiento del vino más antiguo del planeta en una ciudad de Andalucía ha vuelto a centrar la atención en un lugar lleno de historia, arqueología y arquitectura monumental. Este sitio, destacado por National Geographic, se asienta sobre una meseta que domina la vega del Guadalquivir y conserva una secuencia urbana continua de más de cinco mil años. Entre murallas, puertas fortificadas y miradores que se asoman a la campiña, cada sección del casco histórico exhibe capas superpuestas de civilizaciones que dejaron huellas tangibles y otras que permanecían ocultas bajo el suelo.
Esa ciudad es Carmona, en la provincia de Sevilla, situada en el punto más alto de Los Alcores. Desde el mirador de la Puerta de Sevilla se observa la capital hispalense, a unos 35 kilómetros, y se comprende por qué este enclave fue codiciado por cartagineses, romanos, musulmanes y cristianos. El Alcázar de la Puerta de Sevilla, el Alcázar de Arriba –actualmente Parador de Turismo–, la antigua Vía Augusta que atravesaba el casco histórico y la plaza de San Fernando, heredera del foro romano, conforman un itinerario ideal para los visitantes. En las afueras, la necrópolis romana, considerada uno de los conjuntos funerarios más relevantes de la península, fue el escenario del hallazgo: en 2019 se descubrió en un mausoleo de una familia acomodada el vino en estado líquido más antiguo del mundo, preservado en una urna durante más de dos milenios.
Una ciudad milenaria rodeada de murallas y templos
Carmona ha estado habitada desde tiempos prehistóricos y se considera una de las ciudades más antiguas del occidente europeo. Ya en la Edad del Cobre se ocupó la meseta que hoy sostiene el casco histórico, protegido por murallas de origen turdetano, tramos y dos accesos emblemáticos: la Puerta de Sevilla y la Puerta de Córdoba que aún se conservan. La antigua Carmo romana destacó por sus vestigios arqueológicos, por el privilegio de acuñar moneda y por edificios como el anfiteatro o la propia necrópolis. Posteriormente, la ciudad vivió un auge en época musulmana, cuando se convirtió en capital de un reino de taifas y se embelleció con alcázares, mezquitas y nuevas defensas. Tras el asedio de Fernando III y las reformas impulsadas por Alfonso X, Carmona consolidó su condición de municipio de realengo y mantuvo un papel destacado en la historia regional.
Hoy en día, el turista que llega a este destino de la Campiña sevillana encuentra un casco antiguo declarado Conjunto Histórico desde 1963, con casas palacio, iglesias como la de Santa María de la Asunción, conventos, plazas y miradores como el del molino de la Romera, con vistas a la Vega de Carmona. Pasear sin rumbo por sus calles permite descubrir la gran variedad de civilizaciones que atestiguan los expertos: desde los sillares cartagineses del bastión de la Puerta de Sevilla hasta los arcos musulmanes, las torres cristianas y las construcciones civiles que rememoran su pasado señorial. Todo ello convierte a Carmona en una visita obligada para quienes desean conocer la ciudad andaluza donde se ha descubierto el vino más antiguo del mundo y, al mismo tiempo, adentrarse en un escenario excepcional para entender la huella de la historia en Andalucía.
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