EL ESPAÑOL conversa con el capitán que asume el legado del emblemático Felipe Perrone, quien se retiró en 2025, a partir de este Europeo en Belgrado.
Más información: España logra su cuarto oro en el Campeonato Mundial de Waterpolo masculino tras una final reñida contra Hungría
Alberto Munárriz (Pamplona, 1994), líder de la selección española de waterpolo, se dispone a charlar días antes del inicio del Campeonato Europeo masculino que comienza el sábado 10 de enero en Belgrado.
Con 31 años y una trayectoria de más de una década en la élite internacional, el pamplonés llega a esta competición como uno de los pilares de un equipo que, además de revalidar el título continental obtenido en 2024, también ostenta el campeonato mundial tras la victoria en Singapur 2025.
Un oro alcanzado con un desenlace memorable: Felipe Perrone, icono con 24 años en la Selección, anotó el gol definitivo en su despedida, mientras Munárriz aportaba dos dianas clave en la final contra Hungría.
Actualmente, el liderazgo corresponde a Munárriz, cuyo papel va más allá del rendimiento deportivo. Formado en Pamplona y luego consolidado en el Atlético Barceloneta, es el referente natural de una generación que ha sido testigo de la evolución de la selección bajo la guía de David Martín, técnico con 9 medallas en 12 competencias de alto nivel.
Su carácter muestra una dualidad interesante: dentro del agua es un competidor intenso; fuera de la piscina, es una persona reflexiva y cercana que valora enormemente la armonía entre su carrera y su familia.
En este diálogo, Munárriz analiza las expectativas para Belgrado, la transición tras la salida de Perrone, las sombras de París 2024 y el tramo final de una carrera que apunta hacia Los Ángeles 2028.
Una conversación destinada a revelar tanto al competidor incansable que aparece en el agua como al hombre pensativo que lo acompaña.
Alberto Munárriz AFP7 / Europa Press
P.- España llega a Belgrado con los títulos europeos (2024) y mundiales (2025) defendidos. ¿Qué implica mantener esos títulos? ¿Existe alguna diferencia mental entre ganar por primera vez y defenderlo después?
R.- Para nosotros no cambia mucho. Desde hace tiempo afrontamos cada torneo con el objetivo claro desde el principio. Entrenamos pensando en conquistar la medalla de oro. Por supuesto, puede haber imprevistos: el rival juega bien o puede darse un día complicado.
Valoraremos el resultado final, pero la meta siempre es la misma. Entrenamos con esa convicción y, sin importar lo que sucedió anteriormente, el oro es la prioridad y el fin.
P.- El grupo no es sencillo: Israel, Países Bajos y Serbia, que juega como anfitriona. Antes del Mundial previo, David Martín afirmó: «Si competimos a nuestro nivel, es muy difícil ganarnos».
¿Cómo se vive la realidad del grupo dentro del vestuario? ¿Existe algún adversario que cause preocupación?
R.- Evidentemente, Serbia será el encuentro más complejo. Juegan en casa y cuentan con jugadores destacados, especialmente dos o tres figuras que concentran el juego. El partido será duro, pero atractivo. Seguramente la piscina estará llena.
«Entrenamos desde hace años con la idea de ganar el oro»
El encuentro con Israel debería ser relativamente sencillo, aunque siempre se debe jugar con concentración. Holanda representa una trampa. Es un equipo que ha competido durante años, con jugadores fuertes y físicos. Hay que estar muy atento para ese partido. En Split, hace cuatro años, sufrimos mucho con ellos en la fase de grupos, ganando sólo por un gol.
Con el estilo de España, deberíamos imponernos con comodidad, pero la intensidad debe ser máxima desde el inicio también en ese juego.
P.- En París 2024 se obtuvo un doloroso 6º puesto. Ahora el Europeo marca el inicio de la cuenta atrás hacia Los Ángeles 2028. ¿Existe una revancha mental que crece a medida que se acerca la cita olímpica?
R.- No diría exactamente así. Los Juegos Olímpicos generan una gran expectativa, tanto por el impacto en un deporte minoritario como por las propias expectativas internas. Es la competición más especial, pero también la más exigente.
París fue un bache importante. Fue duro asumirlo, ya que durante la competición éramos el equipo más sólido y competitivo. Sin embargo, en el enfrentamiento clave, el que debíamos ganar, el equipo no rindió como esperaba.
Nos enfrentamos a un equipo que había sido subcampeón de Europa en enero y campeón mundial en marzo. Aunque parezca un desastre, nos tocó competir contra un equipo de alto nivel. Esa es la realidad.
Queremos llegar a Los Ángeles y competir para ganar una medalla, estar en semifinales y en la final, sin duda. Pero no hay que obsesionarse. Cada torneo que buscamos ganar es un paso más en la preparación para Los Ángeles.
Lo positivo es que llevamos tiempo compitiendo juntos, el equipo aprende a manejar esos partidos, prepararse física y mentalmente. El reto es evitar obsesiones, aunque cada día, oportunidad y torneo cuenta para ganar y para crecer como jugador.
Alberto Munárriz, en los Juegos Olímpicos de París 2024 Europa Press
P.- Llevas años trabajando con un psicólogo y has dicho que el aspecto mental representa un 60% de tu rendimiento frente al 40% físico. ¿Cómo ha evolucionado tu mentalidad desde tus primeros campeonatos internacionales en 2013 hasta ahora?
R.- Cambió mucho. Se trata de comprender cada partido, el campeonato, el momento y tu propio yo. Cada encuentro pasa por varias fases. Es fundamental mantener la concentración, no desconectarse, seguir compitiendo. Son muchas variables. Tener la mente clara y el foco es esencial.
Obviamente no es lo único, no garantiza nada, pero desde 2018, al disputar torneos grandes y partidos por medallas o semifinales, son desafíos de otro nivel. No se entrenan, se viven; solo así se mejora y se gana experiencia para enfrentarlos mejor.
Tuvimos la fortuna de experimentar varios de esos momentos y aprendimos a entender cómo abordarlos, controlarlos y prepararnos, para afrontar cada vez mejor esas situaciones.
«Desde que mi familia ha ido creciendo, veo cosas de manera muy distinta. Por ejemplo, la importancia de ganar o no ganar»
P.- Con 31 años, mencionas que has «sacrificado muchos planes con mi mujer, mi familia y mis amigos» por el waterpolo. ¿Cómo logras equilibrar la satisfacción de ganar grandes campeonatos con ese sacrificio personal?
R.- La suerte nuestra es poder dedicarnos a lo que nos apasiona. La vida es muy bonita. Me gusta entrenar, disfruto cada día y paso buenos momentos. También puedo estar presente en muchas fases de la temporada en la vida familiar, como llevar y recoger a mis hijas del colegio.
No obstante, hay momentos en que uno está comprometido por competencias y eso implica ciertas ausencias. Es un poco triste, pero mientras pueda involucrarme al máximo con ellas, esos períodos los lleva mi mujer, que se ocupa de todo en casa. Ella entiende que es algo único y necesario en mi vida. Disfruto mucho, así que hallo el mejor equilibrio posible.
P.- ¿Tu carácter dentro de la piscina es muy distinto al que muestras fuera?
R.- Sí, creo que tiene fases. Desde que mi familia creció, con mi hija mayor, veo las cosas desde otra perspectiva, como la importancia real de ganar o no ganar.
Disfruto más del hecho de competir y si puedo disputar la final, que del resultado final en sí. Quiero ganar, pero vivir esa experiencia queda como un recuerdo mucho más duradero que la victoria.
Eso refleja el cambio en estos años. Pero, independientemente, mi objetivo está claro: ir a ganar. Eso es lo que me motiva y mueve.
P.- En el Mundial, en semifinales contra Grecia, tu gol en el último segundo (7-7) fue decisivo: metiste a España en los penales y luego ganaron.
¿Cómo enfrentás esos momentos de máxima presión con apenas dos segundos en el reloj? ¿Cómo se logra mantener la cabeza fría?
R.- No creo que sea tan fría tampoco. Al final tiras con lo que tienes. Es especial. Empezamos jugando muy bien y luego nos bloqueamos un poco.
Por cómo jugamos en París y nuestro mal partido en cuartos, el equipo se levantó y merecía ganar. Aunque Grecia también lo merecía. Fue bonito llegar a la final, siendo además el último partido de Felipe. Su despedida unió a todos realmente.
P.- En la final contra Hungría anotaste dos goles claves que pusieron por delante a España en el tramo final. Luego, como dices, Perrone cerró su carrera con el gol del 15-13.
¿Cuál fue la sensación de presenciar, y en parte protagonizar, ese adiós histórico mientras se sellaba el cuarto título mundial para España?
R.- Fue muy especial. Su impacto en nosotros ha sido enorme. Ya formaba parte del equipo, pero en este cambio generacional, con mucha gente joven llegando, nos acompañó, ayudó, y contribuyó a nuestro crecimiento y madurez.
Felipe Perrone y Alberto Munárriz, celebrando en el Mundial de Singapur 2025 Reuters
En el equipo se produjo un cambio en la dinámica. No como meros espectadores, sino en primera fila, cerrar la carrera de un jugador tan especial como compañero… Que se retire siendo campeón del mundo y anotando el último gol llenó a todos de orgullo.
P.- Tras la retirada de Felipe Perrone, se ha depositado en ti una mayor responsabilidad en el vestuario. ¿Cómo se vive internamente ese cambio de liderazgo?
R.- Los cambios generan situaciones nuevas. Según cómo se asuman, pueden ser positivas o negativas. Hemos estado mucho tiempo junto a él, aprendimos mucho de su experiencia.
Es bonito enfrentar ese cambio, tener que asumir responsabilidades que antes no se tenían. Cada uno lo hace a su manera, se crece, se aceptan errores y se asumen nuevos retos.
«Los cambios generan cosas que, en función de la manera de aceptarlo, pueden ser buenas o malas»
Su ausencia se ha notado, pero todo sigue adelante. Hace evidente que cuando desaparezcan otros tres jugadores, el equipo continuará. La trayectoria avanza. En el agua veremos cómo se refleja, pero el grupo lo está asumiendo bien.

