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Si la incertidumbre sobre el futuro de Venezuela siempre ha sido alta, ahora se intensifica aún más por la implicación directa de Estados Unidos.
El devenir de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero no dependerá solo de la reorganización dentro del chavismo, sino también de la dinámica política interna estadounidense, la agenda expansionista de Donald Trump y los movimientos estratégicos de potencias como Rusia y China.
"Este enfoque de intervención en Venezuela es inédito, toma lecciones de episodios anteriores y está condicionado por múltiples factores que podrían conducir a un fracaso total no necesariamente causado por la situación interna venezolana, sino por una serie de aspectos que afectan a Venezuela pero la sobrepasan", explica Juan Gabriel Tokatlián, experto en relaciones internacionales y vicerrector de la Universidad Torcuato Di Tella, en Buenos Aires.
El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, adelantó el miércoles indicios de una estrategia en tres etapas para estabilizar, reconstruir y eventualmente facilitar una transición democrática en Venezuela.
El jueves, como muestra de apertura y desencuentro, el gobierno chavista anunció —y después confirmó— la liberación de "un número considerable" de presos venezolanos y extranjeros como un "gesto de paz".
De la cárcel salieron figuras políticas destacadas como Enrique Márquez y activistas reconocidas como Rocío San Miguel.
A pesar de estas acciones, las posibilidades son variadas. No se puede descartar, por ejemplo, nuevos ataques desde EE.UU., una reacción venezolana, un golpe interno o la intervención de un tercer país.
Sin embargo, más allá de escenarios específicos—que serán frágiles y posiblemente se combinarán—con la información actual es factible considerar tres caminos futuros: la continuidad, un agravamiento de la crisis o una ruta hacia una transición democrática en Venezuela. Analicemos.

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1. Se mantiene el statu quo
Aunque el chavismo demuestre actitudes conciliatorias como la liberación anunciada el jueves, es probable —como ha sucedido antes— que la situación retorne rápidamente a su inicio: detenciones, persecución a opositores, el control político en manos de los mismos actores, una economía paralizada y un bienestar social que no mejora para la mayoría debido a precios imposibles y salarios extremadamente bajos.
En los últimos cinco años, el término "empate técnico" ha sido utilizado para describir esta realidad: ningún bando gana ni pierde y el chavismo se mantiene, extendiendo leyes restrictivas y reforzando la represión.
Sin embargo, esta vez el factor del involucramiento de la potencia mundial añade una variable inédita y significativa.
"Es casi un hecho que Venezuela será muy distinta a finales de este año respecto a la actualidad", afirma James Bosworth, autor del boletín Latin America Risk Report, que periódicamente evalúa los escenarios en la región.
"El análisis contempla el contexto geopolítico, la configuración de los yacimientos petrolíferos y toda la logística necesaria para maximizar la extracción de petróleo; esto implica que, pese a aparentes avances, el sistema puede colapsar o surgir resultados diferentes en Caracas, en Maracaibo —centro petrolero— y en Bolívar —donde el ELN, guerrilla colombiana, ha incrementado su presencia. El escenario más probable es uno de caos extremo".
Durante los cinco días posteriores a la captura de Maduro, la permanencia del liderazgo chavista encabezado por Delcy Rodríguez, la continuidad de la represión en las calles y la desestimación de María Corina Machado como líder opositora por parte de Trump indican que, a corto plazo, es más probable un "proceso sin transición", según Carolina Jiménez Sandoval, presidenta de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA).
"Analizando a los dos polos con mayor capacidad de generar un cambio en Venezuela (el chavismo y EE.UU.), no parece que ninguno posea un interés genuino en impulsar una transición democrática", señala la especialista venezolana.
Según Jiménez Sandoval, Trump no parece motivado por un deseo de cambio de régimen, sino por cuestiones petroleras y la ampliación de su área de influencia.

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2. Empeora la situación en Venezuela
Por este motivo, para especialistas, no se puede eliminar la posibilidad de que la crisis venezolana se agrave, partiendo ya del hecho que la situación económica, política y social es crítica desde hace años.
Ahora, con la intervención de la principal potencia mundial.
Se cita frecuentemente lo ocurrido en Panamá en 1989, cuando Washington removió a Manuel Noriega, disolvió las fuerzas armadas y apoyó el ascenso al poder de Guillermo Endara —quien habría ganado unas elecciones meses antes y fue considerado un "títere" de EE.UU.—.
Sin embargo, Venezuela es un país mucho más grande y complejo que Panamá.
Por ello, algunos comparan el caso con Irak, donde en 2003 una invasión terrestre encabezada por Estados Unidos derrocó al régimen y provocó una guerra civil entre grupos sectarios armados, incluidos Estado Islámico, que desplazó a millones y hasta la fecha impacta a toda la región.
Aun cuando la religión no sea un factor local, existen en Venezuela grupos armados autoproclamados chavistas, entre ellos parte del ejército, que podrían lanzar ataques en defensa de lo que consideran una "ocupación imperialista", con la legitimación de una élite gobernante que, según sus argumentos, traicionó el legado de Chávez.
La violencia en Venezuela hoy tiene una complejidad comparable a la de Colombia, nación con un conflicto armado sin resolver durante 60 años.
El ELN, una guerrilla colombiana de corte antiimperialista, hoy está presente en suelo venezolano y muchos la perciben como parte de la realidad local. Su relación cercana con el chavismo —que el grupo niega— ha fortalecido a la organización, con aproximadamente 2.000 combatientes en Venezuela según investigaciones especializadas.
También se menciona la presencia de otros grupos armados internacionales como Hezbolá, aunque la evidencia no es tan robusta como con el ELN.
La escalada de violencia podría reactivar la emigración venezolana, generando otra crisis humanitaria que conmocionó a América Latina y EE.UU. en los últimos años. Actualmente, unos 8 millones han abandonado el país, constituyendo una de las diásporas más grandes en la historia contemporánea.
Finalmente, el aspecto económico: si la mediación de EE.UU. se reduce a la extracción petrolera y el gobierno chavista no logra contener la inflación, atraer inversiones ni crear empleos formales, las condiciones de vida podrían deteriorarse.
"El salario mínimo es inferior a un dólar, pero aún no se considera que por la devaluación e inflación pueda llegar a cero o incluso a valores negativos, es decir, que los trabajadores terminen pagando por recibir su salario", indica Sandoval.
El empleo formal ha venido decayendo durante 10 años y una situación más crítica podría hacer que trabajar sea menos provechoso que no hacerlo.
En Venezuela se dice con frecuencia que siempre es posible empeorar.

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3. Hacia una transición
Con todo esto, no hay que descartar el plan de Trump y Rubio: que la captura de Maduro desbloquee la transición y genere incentivos para que la élite chavista alcance acuerdos.
Esto podría reflejarse inicialmente en la eliminación de la represión y las detenciones arbitrarias.
Posteriormente, el gobierno tendría que abrir espacios para que la oposición —que demostró haber ganado las elecciones presidenciales de 2024— tenga participación en el diseño de políticas públicas.
A medida que la credibilidad del chavismo sea puesta a prueba, surgiría el interés extranjero o de venezolanos en el exterior por invertir y generar empleo formal.
Si estas condiciones se cumplen, las asociaciones comunitarias que han crecido en años recientes podrían fortalecerse, obtener financiamiento internacional y apoyar al Estado en áreas esenciales como servicios, alimentación, salud y educación.
Los especialistas sostienen que para los líderes chavistas sancionados debería haber amnistías y absoluciones, un punto difícil para muchos opositores.
"Un elemento crucial y complejo sería que la oposición mantenga unidad y coordinación para trabajar con el gobierno, a la vez que preserve la cohesión social", explica Sandoval.
Imdat Oner, exdiplomático turco en Venezuela y actual analista desde Miami, afirma: "Incluso si todo esto ocurre, la transición no será indolora ni sencilla."
"Estas figuras del chavismo eran enemigos fervientes de Estados Unidos hasta hace poco, y de repente ¿se volverán aliados? Eso no funciona así; es mucho más complicado."

