Beneficios para la salud de los saunas y baños en agua fría según estudios científicos

Mujer relajada en un baño en medio del hielo

Fuente de la imagen, Getty Images

    • Autor, Yasmin Rufo
    • Título del autor, BBC News
  • 7 enero 2026
  • Tiempo de lectura: 5 min

Al observar las redes sociales, es frecuente encontrar información que presenta a los saunas y baños fríos como soluciones casi milagrosas, atribuyéndoles la capacidad de fortalecer el sistema inmunológico, acelerar la quema de grasa y aliviar desde dolores articulares hasta estados de ánimo bajos.

Sin embargo, la verdad, según especialistas, resulta ser más compleja.

"Gran parte de la gente confía plenamente en la exposición al calor y al frío, aunque aún no hay evidencia suficiente que confirme su beneficio categórico", señala Heather Massey, profesora asociada en la Universidad de Portsmouth, Reino Unido, experta en ambientes extremos y fisiología.

Massey indica que el cuerpo humano posee una gran capacidad para mantener una temperatura corporal estable, generalmente entre 36,5 °C y 37 °C.

En el día a día, muchas personas rara vez ponen a prueba este sistema, ya que suelen permanecer durante largos períodos en lugares con calefacción o aire acondicionado.

No obstante, el proceso de calentar o enfriar el cuerpo genera un leve estrés, que, según afirma, puede desencadenar respuestas adaptativas o de protección.

Sudar en un sauna

Para ciertos individuos, el sauna representa un premio tras el ejercicio, mientras que para otros es un atractivo por sí mismo.

Muchos habituales lo recomiendan, convencidos de que 15 minutos en un entorno de calor intenso producen efectos positivos en cuerpo y mente.

Y sin duda, puede generar una sensación agradable.

"Al sentarte en un sauna y sudar, es posible que te sientas más relajado, con mayor movilidad, y que ciertas molestias o dolores se atenúen de forma espontánea", explica Massey en el podcast What's Up Docs de la BBC.

"Así que, sin duda, hay beneficios al usar el sauna, pero la cuestión es si se trata de un beneficio duradero para la salud o más bien una respuesta psicológica", añade.

Mujer recostada en el sauna

Fuente de la imagen, Getty Images

Massey menciona un estudio reciente donde varias personas participaron en sesiones repetidas en jacuzzis, observándose cambios en niveles de insulina y presión arterial.

"Estamos comenzando a investigar si la exposición al calor podría ser beneficiosa para quienes padecen enfermedades crónicas", comenta.

Aun así, advierte cautela frente a afirmaciones firmes sobre sus beneficios para la salud, debido a la falta de pruebas científicas sólidas hasta ahora.

"Nunca se ha realizado un ensayo clínico riguroso sobre el sauna", señala. "Tengo la impresión de que en el futuro se identificarán beneficios, pero aún no están confirmados".

Por ahora, recomienda disfrutar del ritual según la sensación personal, sin asumir que sea una vía rápida hacia una mejor salud.

Además, al probar saunas o jacuzzis, Massey aconseja precaución: "Comienza de manera gradual", y es preferible consultar con el médico si existen afecciones previas o embarazo.

Nadar en agua fría

Por otro lado, algunos optan por el enfoque opuesto. Los grupos de natación en aguas frías crecen en popularidad, y los baños matutinos en playas, lagos y ríos ya son habituales.

Massey, quien ha cruzado nadando el Canal de la Mancha y competido en el campeonato mundial de natación en hielo, practica natación en agua fría una vez por semana, aunque solo permanece un par de minutos dentro del agua.

Al principio resulta doloroso, pero esa reacción inmediata es precisamente lo que muchos buscan.

Un grupo de personas dentro de agua fría

Fuente de la imagen, Getty Images

"Al sumergirte por primera vez, se experimenta una respiración rápida y entrecortada", explica. La frecuencia cardíaca y la presión arterial aumentan, mientras que hormonas del estrés como cortisol y adrenalina se elevan.

"Esta reacción alcanza su máximo a los 30 segundos, para después disminuir rápidamente", añade.

La exposición repetida atenúa esta respuesta inicial, y tras varios baños breves, puede reducirse hasta un 50%.

Al igual que en el caso de los saunas, la inquietud principal es determinar si los beneficios provienen directamente de la temperatura o del entorno que la acompaña.

La natación en agua fría se practica típicamente al aire libre y en grupo. "Se trata de una actividad con múltiples factores: conexión con la naturaleza, movimiento físico y compañía social, todos interrelacionados", asegura Massey.

El presentador del podcast, el doctor Chris van Tulleken, coincide en la dificultad de aislar estos factores: "No sabemos si el beneficio reside en el agua fría per se o en la experiencia social y el desafío compartido".

Encuentra algo que disfrutes

Mujeres cantando en un coro

Fuente de la imagen, Getty Images

Para Massey, sin embargo, el punto de partida no está en la temperatura, sino en el placer.

"Ha conversado con personas que salen a correr semanalmente y reportan sensaciones similares a las experimentadas por quienes nadan en agua fría", comenta.

"Lo esencial es hallar una actividad que guste, que permita la regularidad y preferiblemente que pueda compartirse con otros, ya que formar un grupo social entorno a una práctica reduce el estrés psicológico".

Esto puede incluir desde la jardinería, la observación de aves, la participación en un coro o simplemente pasear con amigos.

De modo que, aunque los saunas y baños fríos no sean imprescindibles para la salud, Massey señala que aún pueden aportar efectos positivos.

Scroll al inicio