¿Por qué el tiempo parece detenerse: una explicación más allá del aburrimiento?

Los científicos evidencian que el entorno influye en la forma en que percibimos el tiempo

Adolescente tumbado en cama con camiseta y vaqueros. Televisor antiguo con ruido blanco, ventana, cortinas, pósteres, estantería con casetes.

“Cuando estamos disfrutando, el tiempo parece acelerarse”. Y esto es cierto en parte. No obstante, existen otros factores que afectan nuestra percepción temporal más allá de rememorar pasados o imaginar futuros. Solo prestamos atención al reloj cuando salimos tarde y el autobús tarda en llegar, durante atascos aunque dispongamos de tiempo, o al realizar una tarea más rápido de lo previsto. En realidad, los sonidos ambientales también podrían influir en cómo sentimos el paso del tiempo.

Los investigadores convocaron a un grupo de personas para exponerlas a sonidos cotidianos que parecían acercarse y alejarse. Los hallazgos resultaron muy reveladores, ya que no solo importa el sonido en sí, sino también su origen y duración. Este estudio, publicado en 2026 en la revista Nature Human Behaviour, abre nuevas vías para explorar la psicología humana y aspectos relacionados con la supervivencia.

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Un total de 48 jóvenes participantes con los ojos vendados escucharon diversas pruebas auditivas. Experimentaron diferentes tipos de sonidos: algunos parecían acercarse, otros distanciarse, y un tercer grupo oyó sonidos distorsionados. El propósito era determinar si los sonidos habituales a nuestro alrededor afectan la precisión con la que el cerebro estima la duración temporal.

El sonido influye en la desaceleración de la percepción temporal

Los expertos de la Universidad de Tsukuba, en Japón, concluyeron que depending on si un sonido ambiental se acerca o se aleja, los humanos perciben que el tiempo transcurre más rápido o más lento. Los autores del estudio, Achille Pasqualotto y Hiroto Kawarada, evidenciaron que cuando los participantes escuchaban sonidos en aproximación, sobrestimaban la duración del tono, es decir, el tiempo parecía extenderse con sonidos cercanos.

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Un hombre usa gafas opacas y auriculares en una habitación con paneles acústicos, junto a un altavoz negro y un técnico con una consola de control.

Además, los tonos breves fueron percibidos como si duraran más, mientras que los largos parecían más cortos que su duración real. Esta última interpretación corresponde a la conocida Ley de Vierordt, que describe cómo los humanos estiman de modo diferente los sonidos de duraciones cortas y largas.

Reacción cerebral ante sonidos que se aproximan

Al acercarse un sonido, el cerebro activa un mecanismo de alerta. Esta respuesta tiene una explicación lógica. Según el estudio de la Universidad de Tsukuba, desde un enfoque psicológico, un estímulo auditivo próximo podría intensificar la vigilancia y focalizar la atención. El cuerpo responde acelerando su «reloj biológico», preparándose para reaccionar ante un posible peligro o una señal relevante en el entorno.

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Una representación de una neurona

Este proceso tiene sentido evolutivo puesto que identificar rápido una amenaza cercana —como el rugido de un animal o un motor de vehículo— es crítico para la supervivencia humana. Por eso, ante sonidos en movimiento, las personas suelen reaccionar con mayor rapidez que frente a estímulos estáticos o distantes.

El experimento se diseñó para superar limitaciones presentes en estudios anteriores que dificultaban una medición precisa de los resultados. Este nuevo método permitió evaluar con mayor exactitud cómo afectan los sonidos ambientales a la percepción del tiempo.

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