Fernando Grande-Marlaska se ha consolidado como una de las figuras ministeriales más cercanas e influyentes para Pedro Sánchez, tanto en el campo político como en el plano personal.
Entre los cuatro ministros que permanecen del primer Gobierno de Sánchez en 2018, Marlaska es el único que mantiene un vínculo personal estrecho con el presidente.
Su trayectoria como magistrado y su rol al frente del Ministerio del Interior han sido fundamentales para Sánchez, especialmente en temas relacionados con las Fuerzas de Seguridad y la administración penitenciaria.
Aunque ha sido reprobado en varias ocasiones por el Congreso y el Senado, Marlaska siempre ha contado con el apoyo firme de Sánchez y continúa siendo una pieza clave dentro del Ejecutivo.
Actualmente solo quedan cuatro ministros que formaron parte del primer Gobierno de Pedro Sánchez en 2018, tras la moción de censura contra Mariano Rajoy.
Estos son María Jesús Montero, Margarita Robles, Luis Planas y Fernando Grande-Marlaska.
Montero, quien ha estado a cargo de Hacienda desde entonces y es una pieza fundamental del Consejo de Ministros, además de vicepresidenta primera en la actualidad, abandonará el Gobierno en los próximos meses para presentarse a las elecciones andaluzas previstas para mayo o junio.
Los otros tres que han acompañado a Sánchez durante casi ocho años continúan al frente de los mismos ministerios donde comenzaron: Defensa, Agricultura e Interior.
El Gobierno de 2018 fue conocido como el «Gobierno bonito», en el que Sánchez incorporó a independientes como Dolores Delgado, Pedro Duque y el propio Marlaska.
Posteriormente, en 2020, después de las elecciones generales de 2019, se formó un Ejecutivo de coalición con Unidas Podemos, aumentando el número de ministros para repartir las cuotas entre los dos partidos que lo conforman.
Marlaska fue una sorpresa como ministro en 2018, dado que ejercía como juez de la Audiencia Nacional y había estado ligado más bien a la órbita del PP, que lo propuso para vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y luego lo promovió en cargos judiciales.
Su candidatura, según se informó entonces, aparecía en una lista de posibles ministros que Sánchez elaboró junto a sus colaboradores meses antes de la moción de censura. Esta lista se fue gestando a través de reuniones con lo que se llamaba la «sociedad civil» del entonces líder de la oposición.
Actualmente, distintas fuentes del Gobierno aseguran que Marlaska se ha transformado en el ministro más próximo a Sánchez, tanto política como personalmente. Es uno de los miembros más indispensables para el presidente.
En el Gobierno también están figuras muy cercanas a Sánchez como Óscar Puente y Óscar López. Forman parte de su círculo político y son consultados casi a diario en muchas decisiones, pero sin la relación personal tan estrecha que mantiene con el ministro del Interior.
Lo mismo sucede con Félix Bolaños, quien comenzó como secretario general de Presidencia en 2018 y hoy desempeña un papel clave como ministro de Justicia y Presidencia. Está a cargo de la negociación parlamentaria con los socios de investidura y de la agenda legislativa, ambos aspectos cruciales para el Gobierno. Los tres tienen un perfil político y público más destacado que Marlaska.
Fuera del Consejo de Ministros, uno de los colaborades más cercanos a Sánchez desde su época en la oposición es Manuel de la Rocha, primero como director del Departamento de Asuntos Económicos del Gabinete de la Presidencia y ahora como secretario de Estado del Departamento de Asuntos Económicos y G-20. Es la presencia de Sánchez en las cumbres europeas.
Personas muy próximas al presidente explican que Sánchez suele diferenciar sus relaciones en lo profesional y lo personal, manteniendo habitualmente distancia más allá del ámbito estrictamente político.
En el caso de Marlaska, las fuentes consultadas confirman que se ha establecido una intensa relación personal, con cenas frecuentes en La Moncloa que incluyen a las parejas de ambos. Según un ministro, tal vez es el único a quien puede calificarse como amigo de Sánchez.
Además, el ministro del Interior ha ganado una influencia política considerable sobre el presidente. Como magistrado, domina la carrera judicial y, como responsable máximo de las Fuerzas de Seguridad del Estado, aporta conocimientos valiosos que han sido decisivos para Sánchez en los últimos meses.
También está al frente de las prisiones, una cuestión crucial en las dos últimas legislaturas para cumplir los acuerdos con Bildu en relación con los presos de ETA.
Asimismo, participa en las reuniones europeas de ministros del Interior donde se diseñan y ejecutan las políticas migratorias de la UE.
Sánchez ha defendido siempre a su ministro del Interior ante polémicas públicas y demandas de dimisión, incluso cuando estuvo bajo la presión de Unidas Podemos durante su estancia conjunta en el Consejo de Ministros.
Marlaska ha recibido tres reprobaciones por parte del Congreso y el Senado. La primera se debió a la tragedia en la valla de Melilla en 2022, donde fallecieron 23 migrantes.
Las otras dos tuvieron lugar en febrero de 2024 por la muerte de dos guardias civiles atropellados por embarcaciones de narcotraficantes. En algunas de estas votaciones, el rechazo decisivo vino de ministros aliados en la investidura.
Más recientemente, se le cuestionó por mantener un contrato para la compra de munición israelí, a pesar de que se había anunciado su cancelación. En esta ocasión, Sumar lo criticó, pero este choque no prosperó frente al presidente del Gobierno.
Sin embargo, siempre ha contado con el respaldo de Sánchez y, a diferencia de otros cargos, su nombre ha permanecido inalterable en todas las remodelaciones ministeriales.

