Entender «la nada» según Jean-Paul Sartre como un concepto que puede aportar libertad al comenzar el nuevo año

Jean-Paul Sartre con sus lentes hablando con un micrófono delante

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    • Título del autor, BBC News Mundo
  • 31 diciembre 2025
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"Arrojados" a la existencia y, además, "condenados a la libertad".

Impulsados a tomar decisiones, pues decidir no actuar también es una determinación.

Somos responsables de lo que llegamos a ser y de todo lo que efectuamos. No hay escapatoria.

Esta era la visión que Jean-Paul Sartre tenía del ser humano, por lo que sostenía que vivimos en angustia.

"Dios ha muerto" fue la afirmación hecha décadas antes por Friedrich Nietzsche, uno de los fundadores del existencialismo, corriente filosófica en la cual Sartre sería uno de sus exponentes más influyentes.

Sin embargo, entre estas ideas que pueden parecer abrumadoras, Sartre nos invita a considerarnos como un lienzo en blanco.

Al afirmar que "la existencia precede a la esencia", el escritor francés señala que no existe un molde o patrón del cual podamos derivar nuestra identidad: somos libres para crearnos.

Al aceptar la "libertad radical" y la ausencia de un propósito inherente al nacer, nos convertimos en lo que decidimos ser.

Sartre sostenía que poseemos un potencial prácticamente ilimitado para ser quienes deseamos y que las circunstancias externas no nos determinan.

En ese marco, asumir nuestra libertad es tan crucial como aceptar la nada.

Una celebridad

Sartre no solo elaboró tratados filosóficos, sino que también fue dramaturgo, novelista y biógrafo.

Reconocido como el padre del existencialismo moderno y un representante destacado del humanismo marxista, fue uno de los pensadores más influyentes tras la Segunda Guerra Mundial.

Sartre sentado en un escritorio con micrófonos al frente y varios periodistas mirándolo en un salón

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Fue una figura internacional conocida y también estuvo envuelto en disputas políticas.

En 1964 rechazó el Premio Nobel de Literatura que se le otorgó "por su obra, rica en ideas y cargada del espíritu de libertad y la búsqueda de la verdad, que ha tenido un impacto significativo en nuestra era".

Nació en 1905 y uno de sus textos más emblemáticos es "El ser y la nada", publicado en 1943.

Este libro sirvió de base para una conferencia que dictó en París en 1945 titulada "El existencialismo es un humanismo", la cual reunió a miles de asistentes.

Según el filósofo Nigel Warburton, en un artículo de Philosophy Now, ese era un periodo de "intenso movimiento intelectual y un optimismo cauteloso".

París acababa de ser liberada del dominio nazi, las atrocidades de los campos de concentración comenzaban a salir a la luz, y por primera vez se había empleado una bomba atómica.

"La evidencia de la capacidad humana para el mal y la destrucción estaba presente en cada lugar. Las preguntas filosóficas, especialmente las morales, dejaron de ser solo interés académico", escribió Warburton.

En contra de los esencialismos

En aquella ponencia de hace ocho décadas, Sartre abordó el tema de la ética, comenta a BBC Mundo la profesora Danila Suárez Tomé, académica y autora del Instituto de Investigaciones Filosóficas de Argentina.

Esa etapa inicial de su trabajo consistió en fundamentar los principios del existencialismo, una doctrina filosófica que se opone directamente a los esencialismos construidos dentro de la historia del pensamiento occidental.

"Uno de estos esencialismos está basado en la figura de Dios y la idea de que nos creó de una forma particular para que sigamos un plan divino. Nuestra vida estaría guiada y determinada por ese diseño", señala la investigadora.

Sartre con un micrófono en la mano montado en un barril y rodeado de periodistas

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Otro tipo de esencialismo, desvinculado de lo divino, plantea que poseemos una naturaleza fija y que por causas biológicas, genéticas o físicas actuamos de manera determinada y, por ello, estamos destinados a cumplir ciertos roles sociales.

"Se sostiene que las mujeres supuestamente tienen mayor inclinación al cuidado, empatía y limpieza, mientras que los hombres estarían más orientados hacia actividades abstractas. Este esencialismo define roles específicos para cada género".

Otro esencialismo, por ejemplo, proviene de creencias astrológicas que argumentan que, según nuestro signo zodiacal, estamos influenciados por "fuerzas específicas" que predeterminan nuestra personalidad y conducta, eximiéndonos de la responsabilidad por quienes somos.

"Somos nada"

Aunque parezca paradójico, el existencialismo sostiene que nosotros, como "seres humanos existentes", somos en esencia nada.

Así, para Sartre, la existencia humana introduce novedad, diferencia, algo que aún no ha sido definido.

"Ser nada es ser potencial", explica Suárez, "significa contar con infinitas posibilidades y cosas por hacer".

Sartre con un saco de botones, en la calle, rodeado de jóvenes, mientras hablaba con un altoparlante.

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"El ser humano es esa nada que, mediante la proyección, la elección, la decisión, la acción y el ser mismo, crea cosas en el mundo", añade.

En este sentido, no nacemos para cumplir un plan impuesto, no poseemos un sentido determinado, ni existe algo que dicte quiénes seremos o cómo debemos comportarnos.

Suárez señala: "Al nacer, somos arrojados a un mundo al que debemos dotar de significado".

Así, desde el instante que venimos al mundo, somos libres.

"Lo único de lo que no somos libres es de no ser libres. No podemos evitar elegir la libertad; estamos condenados a ella".

Una contingencia

Para entender mejor por qué Sartre defendía la aceptación de la nada, el filósofo Eric Pommier comienza aclarando el motivo que inspiró su libro "El ser y la nada".

"Fue la idea de la contingencia del ser humano y del mundo", explica el profesor de filosofía contemporánea en la Universidad de Tours, Francia, a BBC Mundo.

Sartre, con sus lentes, fumando un cigarrillos que tiene entre los dedos

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Somos conscientes de que, como individuos, podríamos no haber existido: nuestra existencia es contingente.

Esta contingencia significa que no somos la base ni el fundamento de nuestro propio ser.

"De algún modo, surgimos de la nada, sin razón que justifique nuestra existencia ni la del universo".

Para Sartre, esta contingencia no es solo un concepto abstracto, sino que atraviesa nuestra vida diaria.

Por ejemplo, cuestionar el mundo o imaginar que puede ser diferente implica la posibilidad de que nosotros mismos cambiemos.

Esa apertura a lo posible, el hecho de que el mundo y nuestro ser podrían ser otros, es una manifestación de la nada.

"Es la negación de lo existente en favor de lo que podría llegar a ser", detalla el profesor.

Entre condicionamientos

Así, al reconocer lo que no somos, también afirmamos lo que podemos llegar a ser.

Sin embargo, señala Suárez, es crucial entender que nuestra libertad no es absoluta y que existen ciertos condicionantes.

"Sartre habla de hechos de la facticidad", explica la especialista.

"Hay aspectos que no elegimos y es relevante porque nos abre a la dimensión social".

"Por ejemplo, no elegimos nacer y, como dice Sartre, somos arrojados al mundo donde asumimos una existencia que aporta valor", afirma Suárez.

Un bebé recién nacido es cargado por un médico que tiene un guante azul. De fondo, una médica, con mascarilla, bata y gorros azules, ve al bebé

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Un dato ineludible es que somos seres corporales: nuestra libertad está ubicada en el cuerpo, y nuestras acciones y decisiones se manifiestan a través de él.

"No soy una conciencia pura y separada del mundo; estoy participado en una situación concreta", señala Pommier.

No elegimos nuestro sexo al nacer, ni el tiempo, lugar o entorno social en el que venimos al mundo: nacimos en una familia religiosa o atea, perteneceremos a una clase económica determinada, en tiempos de crisis o prosperidad, por ejemplo.

Además, convivimos con otras personas, nos relacionamos y somos reconocidos socialmente como sujetos.

"Esto es importante porque el sentido y valor no los otorgamos solo nosotros, sino que los negociamos constantemente con los demás", explica Suárez.

Por ello, el universo sartreano de conciencias libres y "nada" que se autodefinen "es un mundo de conflictos".

Otro elemento ineludible es la mortalidad.

"Es una de las grandes heridas, como dice Sartre, de una existencia que tiene poder al dar sentido y valor al mundo, pero que al mismo tiempo no es divina: no somos inmortales".

Las acciones

Para Sartre, nuestras acciones también reflejan la nada.

No se trata de meras reacciones automáticas; no somos autómatas, sino que actuamos movidos por objetivos que fijamos libremente, eligiendo entre diversas opciones.

Una mujer con un bolígrafo y un cuadernos totalmente en blanco

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"Para Sartre, nuestra libertad radica en esta capacidad de proyectar, plantear metas, sin que nada las determine previamente", señala Pommier.

"Somos libres porque no estamos determinados por causas previas, ya sean físicas o psicológicas".

Aunque nuestra libertad no está predestinada por nuestra situación, sí está condicionada por ella en cierto grado.

"No elegí nacer, pero puedo determinar el sentido que le doy a la circunstancia en la que me encuentro, ahí reside mi libertad", argumenta el profesor.

Se puede elegir libremente el significado que se otorga a, por ejemplo, haber nacido en una familia de recursos limitados.

El peso de la responsabilidad y de la "mala fe"

Venir al mundo sin un propósito genuino puede resultar una noción liberadora.

"Es una filosofía que solo puede entenderse a la luz de la idea de Nietzsche de que ‘Dios está muerto’: desaparecen los relatos sobre el destino y la idea de que somos algo definido con una misión determinada en la vida", comenta Suárez.

Friedrich Nietzsche, con bigote y traje, de perfil

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"En ese sentido, la libertad es liberadora, pero conlleva una carga de angustia que intentamos evitar constantemente. Solo es liberadora si se está dispuesto a asumir esa responsabilidad".

Sartre sostiene que al ejercer la libertad, debemos ser auténticos al reconocer la responsabilidad por todo lo que hacemos; nuestras elecciones y actos son los que le aportan sentido y valor al mundo.

"Afirma que aceptar esto es tan complicado que a lo largo de la historia se han creado numerosos mitos esencialistas para evadir dicha responsabilidad", explica Suárez.

Cuando no aceptamos ser la fuente de sentido y valor, Sartre consideraba que se vive en una existencia de "mala fe".

"Ser responsable implica abrazar nuestra libertad radical y soportar la angustia que conlleva, aceptando esa sensación de desamparo, ya que somos nosotros quienes forjamos nuestro destino", apunta la experta.

Pommier, por su parte, recuerda que no se puede buscar refugio en determinismos psicológicos, biológicos o sociales.

"No es culpa mía, fue porque crecí en esta familia" o "la sociedad tiene una presión sobre mí" dejan de ser excusas válidas.

Tampoco es válido esconderse en una ideología o credo: "¿Qué puedo hacer? Esta es mi religión".

La perspectiva de Simone de Beauvoir

Aunque la idea sartreana de libertad radical puede parecer "muy idealista y liberadora", presenta dificultades cuando se aplica al ámbito social y se analiza desde otras ópticas, advierte Suárez.

"Simone de Beauvoir complementó la filosofía existencialista de Sartre otorgándole otro significado, matizando la plena libertad infinita que él propuso".

Sartre, parado, con un traje y corbata, apoya su mano en un periódico que está en un escritorio y al lado está De Beauvoir, sentada, con un saco beige y el pelo amarrado

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De Beauvoir, brillante filósofa y escritora francesa, fue su pareja sentimental y principal aliada intelectual.

"Esto no significa que De Beauvoir no creyera que la libertad es la esencia humana; la creía. Pero decía que no siempre es posible ejercer una libertad radical".

Así, en sus primeros escritos, "De Beauvoir le comenta a Sartre que desde su perspectiva, la de un hombre blanco europeo burgués, no percibe que existen muchas vidas y formas de ser radicalmente condicionadas por opresiones externas".

Abordó no solo la cultura patriarcal que impedía a las mujeres realizar su potencial completo, sino también la situación de otros grupos oprimidos globalmente.

"Por ejemplo, pensaba mucho en la vejez, cuando la sociedad margina a los mayores impidiéndoles desarrollarse como sujetos".

Una revisión

La idea del ser humano como una hoja en blanco es atractiva, pero es fundamental reconocer que existen condicionamientos sociales y externos que limitan el ejercicio de esa libertad radical.

Sartre no ignoró estas críticas. Con el tiempo, matizó algunas ideas expuestas en "El ser y la nada".

Simone de Beauvoir con una camisa blanca y un pañuelo amarrado en la cabeza

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"Cuando escribió ‘La crítica de la razón dialéctica’ (1960), su enfoque se volvió más social, crítico y materialista", recuerda la especialista.

"Es importante destacar esto porque, aunque sus ideas existencialistas me parecen muy convincentes y poderosas, creo que adopto esa ética existencialista pero complementándola, pues sus principios son flexibles, no son dogma, algo que en sí sería poco sartriano".

Pommier considera que la relación con la nada que planteó Sartre fue probablemente "demasiado idealista".

"Tiene un gran efecto liberador porque contradice la idea de que estamos completamente determinados".

Algo muy valioso, especialmente hoy en día, "cuando muchas veces se hace énfasis en el determinismo social y en la idea de que ciertas desigualdades no se pueden superar".

O en la permanencia de tradiciones y del status quo.

Con alegría, sin angustia

Aunque perseguir proyectos y buscar un sentido definitivo en la existencia puede entenderse como una forma de "salvación", también puede transformarse en una "callejón sin salida", advierte Pommier.

"Sartre intentó desarrollar la idea de aceptar la libertad auténticamente: asumir que no hay salvación, que la existencia carece de fundamento y que se debe vivir con eso, pero sin angustia, sino con alegría".

"Se puede disfrutar la existencia y apreciar la suerte de tener esta posibilidad contingente de ser, sin llorar ni angustiarse".

Warburton resalta que el existencialismo de Sartre refleja el optimismo que suele relacionarse con el humanismo: al asumir la responsabilidad de lo que somos, el destino de la humanidad queda "en nuestras propias manos".

"Nos recuerda que podemos ejercer control mucho mayor sobre nuestras vidas del que normalmente reconocemos, y que la mayoría de nuestras excusas no son más que racionalizaciones".

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