Testimonios sobre las dolorosas terapias eléctricas de conversión impuestas a personas LGTB en Reino Unido

Una foto de pasaporte antigua de Jeremy en 1972

Fuente de la imagen, Jeremy Gavins

    • Autor, Hayley Hassall
    • Título del autor, North West Investigations, BBC
  • 29 diciembre 2025
  • Tiempo de lectura: 9 min

Una investigación realizada por la BBC reveló que más de 250 individuos fueron sometidos a dolorosos choques eléctricos con el objetivo de modificar su sexualidad e identidad de género en hospitales del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) entre 1965 y 1973.

Tres personas que sobrevivieron a la denominada terapia de aversión con electro-choques (ESAT, por sus siglas en inglés) compartieron el persistente sufrimiento físico y mental experimentado durante su adolescencia.

Uno de ellos, Jeremy Gavins, de 72 años, relató que los choques eléctricos fueron tan intensos que perdió el conocimiento y despertó tres días después en un hospital.

Por medio de esta pesquisa, la BBC comprende que las autoridades gubernamentales iniciarán una revisión sobre el uso histórico de ESAT dentro del NHS.

La Sociedad Psicológica Británica ya ha dejado de aplicar ESAT, aunque las prácticas de conversión en Reino Unido siguen sin estar prohibidas legalmente.

Otra sobreviviente, Pauline Collier, ahora con 80 años, comentó sobre su experiencia: «Me pegaron con cinta los electrodos en los brazos y me administraron una serie de choques eléctricos. Me hicieron sudar y temblar».

Muchos de los pacientes fueron derivados a los hospitales por maestros, sacerdotes o médicos generales.

Algunos afirmaron no haber dado consentimiento informado y que se les indicó expresamente no informar a sus padres sobre el procedimiento.

Estos hallazgos han impulsado solicitudes —encabezadas por Chris Smith, el primer parlamentario británico abiertamente gay— para que el gobierno y el NHS ofrezcan disculpas oficiales.

Una foto en blanco y negro de Pauline en su toga de graduación

Fuente de la imagen, Pauline Collier

¿En qué consiste la terapia de aversión por electro-choque?

La terapia de aversión por electro-choque consistía en un método de conversión que intentaba vincular la atracción homosexual con sensaciones dolorosas.

Los pacientes eran atados a una silla, se les colocaban electrodos en brazos y piernas, y se les mostraban imágenes de hombres y mujeres mientras recibían choques eléctricos dolorosos, a veces durante un tiempo que podía durar hasta una hora.

Mediante una investigación exhaustiva, la BBC analizó revistas médicas y libros de la década de 1960 y 1970 escritos por profesionales de la salud para recopilar datos que evidencian el uso de este tratamiento en personas homosexuales y transexuales.

Los registros indican que, aunque se describían como voluntarios, muchos fueron derivados por tribunales para someterse a la terapia, algunos catalogados como afectados por trastornos mentales y otros eran menores en ese momento, incluso uno tenía 12 años.

Los supervivientes relataron a la BBC que frecuentemente fueron presionados o amenazados por profesores, tribunales o personal para evitar la expulsión escolar o la pérdida de empleo.

El mayor experimento documentado tuvo lugar en el hospital Crumpsall de Manchester, donde 73 personas fueron sometidas al tratamiento bajo la supervisión de los doctores Philip Feldman y Malcolm MacCulloch.

Ambos médicos tienen más de 80 años. La familia de MacCulloch indicó que no estaba en condiciones para responder, y el doctor Feldman no respondió a las cartas enviadas por la BBC.

Pauline Collier sentada en una cama. Tiene el pelo corto, blanco y trae puesto un suéter azul claro

Collier, quien tenía 19 años cuando fue sometida al tratamiento en el hospital Crumpsall de Manchester, explicó: «El choque podía aplicarse justo cuando aparecía la imagen o 30 segundos después».

«Durante la espera, se experimentaba mucha ansiedad y temor».

«Creo que tuve alrededor de 20 sesiones. Cada una consistía en aproximadamente 12 choques, si mal no recuerdo. Me hicieron daño».

«Tenía apenas 19 años, provenía de una familia obrera, me enseñaron a obedecer y a buscar aceptación, especialmente de hombres. Y estos tres doctores destacados me aseguraban que podían eliminar algo que había en mí».

Añadió: «No recuerdo que me dijeran explícitamente, ‘te vamos a atar a una silla y te aplicaremos choques eléctricos’. Creo que, en ese instante, estaba tan vulnerable mentalmente que simplemente acepté».

Jeremy Gavins sentado en un sillón de cuero en su casa con una carta en el regazo

Jeremy Gavins, de 72 años y oriundo de Ulverston, en el norte de Inglaterra, tenía 17 años cuando su médico general lo derivó al hospital Lynfield Mount, en Bradford, también en el norte del país.

«Un enfermero se acercó y me dijo: ‘ven conmigo’», relató.

«Me indicó: ‘quítate toda la ropa y guárdala en este casillero’. Luego me sentaron en una silla, me ataron una correa en la mano izquierda y repetieron el proceso con la derecha».

«Probó con un interruptor y sentí un dolor en el brazo. Me preguntó: ‘¿te dolió?’, respondí ‘sí’ y me dijo: ‘bien, eso es precisamente de lo que se trata’».

Al pedirle que describiera la sensación, afirmó: «Es como si te clavaran un cuchillo afilado en el brazo y lo movieran hacia arriba y hacia abajo».

Gavins asegura que el trauma lo acompañó durante toda su vida. «Sufro de TEPT (trastorno por estrés postraumático), que me provoca punzadas de dolor en los brazos y costados, he padecido depresión y, cincuenta años después, nunca he mantenido una relación. El miedo era demasiado grande».

Sin embargo, tras enviar una carta a su antigua escuela —que le había amenazado con expulsarlo si no accedía a la terapia— solicitando una disculpa, recibió una respuesta escrita de la Diócesis Católica de Leeds reconociendo el sufrimiento causado, la falta de empatía del clero escolar en ese momento y ofreciendo una «sentida» disculpa.

Carolyn porta una camisa azul y está parada frente a una ventana mirando a cámara

Carolyn Mercer, de 78 años, afirma que siempre se identificó como mujer, pese a haber nacido con sexo masculino y vivir así durante la mayor parte de su vida.

Cuando tenía 17 años, confesó a su sacerdote local que se sentía mujer en vez de hombre y fue enviada al hospital Blackburn para recibir tratamiento con electro-choques.

«Mi mano se levantó de forma involuntaria, el dolor recorrió todo mi cuerpo y las lágrimas comenzaron a rodar por mi rostro», describió.

«Aquello no fue tratamiento alguno. Fue un castigo cruel y bárbaro. Una tortura, no una terapia».

Considerado como una “industria artesanal”

Los estudios recientes de la profesora Hel Spandler, destacada historiadora de psiquiatría y salud LGBT+, indican que la práctica de ESAT se aplicaba con mayor alcance del que se conocía anteriormente.

Mientras que la BBC halló registros que confirman más de 250 casos, el análisis de archivos médicos y relatos orales realizado por la profesora Spandler sugiere que la cifra podría ascender a 1,000 personas en Reino Unido.

La especialista expone que muchos tratamientos no se documentaron formalmente en ese período y describe el proceso como una “industria artesanal”, con hospitales y clínicas replicando el método en todo el país.

«El tratamiento se presentaba como ciencia conductual avanzada», destaca.

Inicialmente, se experimentó con animales y luego con humanos para tratar condiciones como fobias, compulsiones y adicciones, por ejemplo, con choques suaves para disminuir la mordida de uñas o las apuestas compulsivas.

«Pero cuando se aplicó para modificar la sexualidad o expresión de género, provocó daños profundos y traumas permanentes», añadió.

Chris Smith porta un traje azul con una corbata y está parado frente a un jardín de arbustos verdes

Fuente de la imagen, PA

Chris Smith, exparlamentario, expresó a la BBC: «El uso obligado de la terapia de aversión con electro-choques para modificar la orientación sexual, apenas hace 50 o 60 años, es atroz».

«Que esto fuera impuesto por el NHS lo hace aún más grave», opinó.

«La nación y el NHS deberían, al menos, presentar una disculpa formal».

Añadió: «Se suponía que éramos una sociedad civilizada, pero esto fue cruel e inhumano».

Las prácticas de conversión persisten

En 2017, el NHS en Inglaterra y el Real Colegio de Psiquiatras asumieron el compromiso de cesar la terapia de conversión, incluyendo el tratamiento con electro-choques.

No obstante, estas prácticas siguen siendo legales en Reino Unido y continúan realizándose en hogares privados, iglesias y mediante algunos consejeros o terapeutas.

La activista Saba Ali afirmó: «Las personas continúan siendo torturadas y heridas bajo el pretexto de la terapia de conversión».

El gobierno prometió presentar un proyecto de ley para prohibir las prácticas de conversión antes de fin de año, aunque aún no se ha concretado.

La ministra de Igualdad, Olivia Bailey, sonríe a cámara

Como efecto de esta investigación, la BBC entiende que el gobierno ahora examinará el uso histórico de la terapia de electro-choque en el NHS.

La ministra británica de Igualdad, Olivia Bailey, manifestó: «Mis pensamientos están con quienes padecieron esta práctica inhumana».

«En definitiva, las prácticas de conversión son un abuso; estas acciones no tienen lugar en la sociedad y deben acabar».

«Por eso, este gobierno está comprometido en impulsar una prohibición total, que sea inclusiva para personas trans, de las prácticas de conversión, como se expresó en nuestro Discurso del Rey (la agenda gubernamental al inicio del nuevo Parlamento)».

«Todas las personas merecen vivir sin miedo, vergüenza ni discriminación, y yo, como miembro de la comunidad LGBT+, trabajaré para garantizar que así sea».

Las pruebas experimentales en el hospital Crumpsall fueron supervisadas por expertos de la Universidad de Manchester.

En un comunicado, la universidad expresó: «Las actitudes que motivaron las pruebas en Crumpsall, hoy consideradas inmorales y dañinas, eran ampliamente aceptadas en los años 60».

«Sabiendo eso, solo puede añadir al trauma de quienes sufrieron esos tratamientos y queremos manifestar nuestro arrepentimiento y pesar por haber formado parte de ese contexto».

El fideicomiso de la Fundación para el Cuidado del NHS del distrito de Bradford declinó comentar sobre el caso de Gavin, pero remitió a la BBC al «memorando colectivo de entendimiento» firmado por varias organizaciones de salud, psicoterapia y consejería, incluyendo al NHS en Inglaterra y el Real Colegio de Psiquiatras.

Por su parte, el fideicomiso de hospitales de Lancashire Este indicó que no prestaba servicios de salud a la región del hospital Blackburn en esa época y remitió a la BBC al gobierno.

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