El conflicto de Guardiola con Génova por su aspiración de mantener una marca autónoma

La dirección del PP y la baronesa de Extremadura nunca lograron una sintonía completa: ella expresó su descontento en privado, mientras que la cúpula le reprocha errores evitables.

Alberto Núñez Feijóo, con María Guardiola el pasado 4 de diciembre.

El miércoles 16 de febrero de 2022 marcó un momento decisivo en la reciente trayectoria del PP. A mediodía, Teodoro García Egea convocó en la sede de Génova a José Antonio Monago, ex presidente de Extremadura, para informarle de que dejaría de ser presidente del PP en su comunidad. Le comunicó que la opción para sustituirlo era María Guardiola, una edil de Cáceres respaldada por los diputados extremeños Alberto Casero y Víctor Píriz. Monago lo aceptó con calma, ya lo esperaba, pero solicitó reunirse con Pablo Casado para tratar su futuro. No es lo mismo recolocar a un candidato fracasado que a un ex barón que gobernó con el 46% de los votos en un territorio tradicionalmente socialista. Aceptó marcharse, pero con reconocimiento.

Sin embargo, mientras Monago aguardaba para subir a la séptima planta, EL MUNDO y El Confidencial informaron de que un funcionario del Ayuntamiento de Madrid había contratado a un detective para investigar a Isabel Díaz Ayuso. Esta bomba informativa, que provocó la dimisión de Casado, interrumpió la reunión: «Pablo no veía a nadie más». «Y al día siguiente, Pablo ya estaba acabado, por lo que la operación Guardiola llegó a su fin», relata uno de los implicados.

Así, la elección de la nueva candidata quedó en suspenso, a la espera de que Alberto Núñez Feijóo adoptara la decisión final. Su lugarteniente, Miguel Tellado, optó por Guardiola frente al alcalde de Plasencia, Fernando Pizarro, quien no contaba con tan buenas referencias.

Aun así, «ella nunca fue una de los suyos», resumen con claridad en el PP de Extremadura. Se nota: todo lo que ha ocurrido tras la aprobación de Feijóo ha estado marcado por la compleja afinidad entre sus estrategias y las de la dirección del partido. Fundamentalmente, en relación con la convivencia con Vox, pero no exclusivamente. También en la última campaña electoral, en la que Guardiola buscaba un enfoque mucho más regional y personalista. Fuentes cercanas a la presidenta extremeña en funciones sostienen que ella no soportó bien «la presión de Madrid» y expresó en privado su disgusto por la excesiva «nacionalización» de la campaña, a pesar de que Feijóo ni siquiera asistió al acto de cierre «porque ella lo decidió así».

La propia Guardiola comunicó a la cúpula su arrepentimiento incluso por dar entrevistas de diez minutos a medios nacionales, según pudo saber este diario. Considera que debería haberse limitado a los medios extremeños.

Existe un malestar discreto en algunos miembros de la dirección nacional de los populares. No comprenden por qué Guardiola insistió en definirse como «marca autónoma», pero luego desapareció durante tres días en plena campaña. También le critican el exceso de dramatismo tras el robo de una caja fuerte en una oficina de Correos con 124 votos dentro. Aunque reconocen que la preocupación en ese momento era comprensible, dadas las desconfianzas que genera cualquier entidad pública vinculada a un ex dirigente próximo a Sánchez.

Las discrepancias tácticas entre Guardiola y Feijóo vienen de lejos. Después de las elecciones de 2023, ella apostó por repetir los comicios antes que depender de Santiago Abascal, quien ahora la llama «la Irene Montero de Extremadura» y a quien ella califica de «machista» y «señoro».

Hace dos años, Feijóo la obligó a romper su palabra y a ceder frente a Vox, y desde entonces la relación nunca se recompondría del todo. Esto ha afectado la dinámica interna de la campaña, según confirmaron a EL MUNDO fuentes conocedoras de las tensiones recientes.

Existen preguntas que, a posteriori, resultan aún más pertinentes: ¿Qué ocurrió durante los tres días de campaña en que la candidata no protagonizó actos del partido? ¿Se bloqueó debido a tensiones internas? ¿Dónde estuvo la Guardiola combativa que transmitía seguridad y aspiración de liderazgo en la última semana? ¿Por qué ignoró quienes le instaban a asistir al debate electoral para «rematar la faena» frente a tres candidatos con menor perfil político? ¿Habría alcanzado «30 o 31 diputados y la situación sería distinta», como sostienen actualmente algunos barones populares? ¿Guardiola estaba frustrada con los suyos? ¿Hubo molestia hacia «Madrid», como señalan algunos miembros de su equipo?

La mejor respuesta a estas incógnitas viene en forma de pregunta, planteada por uno de los dirigentes del PP extremeño cercano a Guardiola: «¿Cuántas veces visitó Pablo Casado Galicia? Ella ya no soportaba más que el discurso nacional la eclipsara». Es un modo de recordar que, cuando Feijóo era presidente de la Xunta, diseñaba campañas muy personalizadas con escasa presencia de la marca PP y aún menos de sus dirigentes. Eso era lo que quería Guardiola, que en privado no ocultó su malestar por el protagonismo nacional en la campaña.

Desde Génova insisten en que se realizó «la campaña que ella quiso». En otras palabras, «a demanda». El líder del PP «nunca planeó asistir al cierre de campaña, porque el foco sólo estaba en Extremadura». «Guardiola tiene su propio foco y estamos cómodos», comentaban en el equipo de Feijóo en los últimos días antes de las urnas.

El presidente del PP respalda públicamente y en privado a su baronesa, como no podía ser de otra forma. Especialmente tras haber obtenido un 43% de los votos y haber provocado el desplome del PSOE. Sin embargo, algunos miembros de la cúpula de Génova revelan cansancio ante el espíritu de «verso libre» que practica la presidenta en funciones de Extremadura. No buscan controlarla, sino lograr una mejor coordinación.

O dicho de otro modo: no se trata de un desacuerdo grave, sino de una molestia constante en la interacción entre la dirección nacional y la regional. En Génova, especialmente en el área de Organización, mantienen buena relación con el número dos de Guardiola, Abel Bautista, pero por esa cercanía empiezan a emerger ciertas desconfianzas internas.

Respecto a la mayor dependencia que tendrá el PP de Vox, Feijóo da libertad a la dirigente cacereña para negociar, aunque descarta un pacto con el PSOE, salvo que sea a cambio de nada. «Feijóo apoyó la abstención de Casado cuando Sánchez ganó. Alcanzar el 60% de la derecha requiere una reflexión profunda del PSOE», señalan en el equipo del presidente, conscientes de que la opción principal es lograr un acuerdo con Vox sin demasiadas concesiones. Ese 60% habla por sí solo.

EFE

LA GÉNESIS DE UNA RELACIÓN CON ALTIBAJOS

Pablo Casado tuvo que renunciar justo cuando iba a nombrar a María Guardiola presidenta del PP de Extremadura, por lo que el nombramiento quedó en suspenso, a la espera de que Alberto Núñez Feijóo tomara la decisión final. Así lo hizo su lugarteniente Miguel Tellado -los tres aparecen en esta foto del lunes-, quien eligió a Guardiola en lugar del alcalde de Plasencia, Fernando Pizarro.

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