El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha actualizado su último informe sobre la capacidad de los embalses de agua en España
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La cantidad de agua almacenada en los embalses de España alcanza un 55,48 % de su capacidad total, según la actualización más reciente del Boletín Hidrológico Peninsular, publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco).
Los registros oficiales apuntan a un aumento en la captación hídrica en comparación con la semana anterior.
España dispone de una red de embalses estratégica para la regulación y almacenamiento del agua, por lo que su supervisión constante resulta fundamental debido a la influencia de este recurso en la vida diaria y en diversos sectores industriales.
Evolución del agua embalsada en España
Fecha: sábado 27 de diciembre de 2025.
Capacidad: 56.041 hm3.
Volumen total de agua embalsada: 31.094 hm3.
Porcentaje de agua embalsada: 55,48 %.
Variación semanal: 350 hm3.
Cambio porcentual semanal: 0,62 %.
Volumen embalsado hace un año: 28.793 hm3.
Porcentaje embalsado hace un año: 51,38 %.
Capacidad de todos los embalses de España por comunidad autónoma

Andalucía: 47,09%.
Aragón: 54,79%.
Asturias: 53,73%.
C. Valenciana: 40,34%.
Cantabria P. Vasco La Rioja: 40,41%.
Castilla-La Mancha: 50,12%.
Cataluña: 72,31%.
Comunidad de Castilla y León: 55,51%.
Extremadura: 61,99%.
Galicia: 66,55%.
Murcia: 27,70%.
Navarra: 41,61%.
Tips para ahorrar agua en el jardín
Independientemente de la situación actual de los embalses en España, resulta imprescindible utilizar el agua de manera responsable. Por esta razón, el Miteco ha compartido una serie de recomendaciones para reducir el consumo de agua en el hogar, enfocándose especialmente en el jardín.
En España, las casas unifamiliares con jardín consumen entre 2 y 5 veces más agua que los apartamentos. Por tanto, el jardín suele ser un importante consumidor hídrico, aunque existen métodos para minimizar este gasto.
Una de las formas más directas para disminuir el uso de agua en el jardín consiste en elegir plantas con bajos requerimientos de riego, o que no necesiten riego una vez bien establecidas. Esto no implica que
sea necesario llenar el jardín únicamente de cactus o chumberas. De hecho, muchas de las especies tradicionalmente usadas en los jardines mediterráneos —árboles, arbustos y matas— requieren poca agua.
Generalmente, más del 66 % del agua utilizada en un jardín se destina al mantenimiento del césped. Por ello, no es exagerado afirmar que el césped representa el mayor consumidor de agua en los jardines modernos. Limitar su extensión es la forma más segura y eficaz de reducir el consumo.
Cubrir las superficies del jardín con elementos naturales como piedras, grava o corteza de árbol contribuye a una reducción significativa del gasto de agua, además de aportar un valor estético agradable. Estos recubrimientos evitan que el suelo se caliente en exceso, protegen contra el viento y la erosión, previenen la proliferación de malas hierbas y facilitan la ocultación de los sistemas de riego.
Los sistemas de riego localizado distribuyen agua mediante “goteros” a baja presión, suministrando a cada planta la cantidad precisa que requiere y evitando pérdidas por evaporación. Por esta razón, su consumo de agua puede ser entre la mitad y la cuarta parte del que demandaría un riego por aspersión.
El agua de lluvia recopilada en tejados y patios puede ser reutilizada para el riego del jardín. Recogida a través de canalones o drenajes, se conduce hacia un depósito donde se almacena para su uso posterior.
Un depósito semienterrado es ideal para almacenar agua de lluvia, aunque también pueden emplearse otros recipientes improvisados como toneles, bidones o incluso una bañera vieja. Es aconsejable colocarlo en un punto alto del terreno para facilitar el riego por gravedad.
Se recomienda regar durante las horas más frescas del día para evitar pérdidas por evaporación y prevenir daños en las plantas. Además, es importante recordar que excederse en el riego reduce la resistencia de las plantas a la sequía y las hace más susceptibles a enfermedades.
