El futbolista de Osasuna estableció en 2021 el Guasones Team, un club dedicado a los deportes electrónicos. Previamente, había realizado inversiones en el sector inmobiliario.
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Rubén García, extremo del Osasuna, representa un perfil poco común dentro del contexto deportivo español actual.
Mientras varios de sus colegas apuestan por restaurantes populares, cadenas de gimnasios o desarrollos inmobiliarios de alto nivel, él optó por seguir su verdadera vocación: los deportes electrónicos.
No obstante, su trayectoria no corresponde con el éxito inmediato que suele promocionarse en las redes sociales mediante publicaciones aspiracionales, sino con una historia completamente honesta sobre las dificultades reales del emprendimiento.
Como fundador de Guasones Team, un equipo profesional de eSports que compitió en la Superliga de League of Legends, Rubén García experimentó de primera mano la marcada diferencia entre actuar como inversor pasivo y desempeñarse como empresario activo que toma decisiones diariamente.
Su incursión inicial en el sector fue un duro golpe financiero que le obligó a reconsiderar todo. «Durante el primer año perdí 250.000 euros de mi propio bolsillo. Fue un máster extremadamente costoso. Pensaba que solo era cuestión de montar un equipo, pero me topé con la cruda realidad empresarial», reveló en el podcast Los Fulanos.
Rubén García, con la camiseta de su club de eSports, Guasones Guasones
Esa suma, un cuarto de millón de euros sin retorno, refleja el coste real del aprendizaje que la mayoría de emprendedores prefieren ocultar tras relatos de éxito. Rubén García señala con claridad que la administración operativa de un club digital implica gastos fijos elevados que no se compensan únicamente con visualizaciones en redes, pequeños patrocinios o la aprobación de una comunidad entusiasta.
«A veces observas que otros equipos tienen situaciones peores, aunque cuentan con un patrocinador que aporta 250.000 euros y les salva el año. Nosotros hemos cometido numerosos errores«, reconoció con la modestia propia de quien tuvo que revisar a fondo su negocio para hacerlo viable a largo plazo.
Aunque también posee inversiones inmobiliarias tradicionales —«tuve la fortuna de invertir en ladrillo en el momento adecuado»—, establece una clara distinción entre la inversión racional, guiada por la rentabilidad, y la emocional, movida por la pasión personal.
Guasones era su apuesta de marca personal, su proyecto de legado en el entorno digital, pero advierte con la crudeza de quien ha pagado un alto precio: «La pasión puede costarte mucho si desconoces los números«.
Rubén García también rompe deliberadamente con el estereotipo del futbolista desconectado de la realidad social. Su compromiso fue visible durante la DANA en Valencia, donde no se limitó a donar desde la comodidad de su hogar, sino que alquiló maquinaria pesada con sus propios medios y se desplazó personalmente a las zonas afectadas.
«Vivimos en una burbuja, sin duda. Por eso resulta aún más doloroso cuando chocamos con la realidad del mundo empresarial. He aprendido más perdiendo dinero con mi empresa que ganándolo jugando al fútbol», concluyó.
Para Rubén García, emprender fue el máster más caro, pero también el más enriquecedor de su trayectoria profesional.

