El Rey Felipe VI hizo un llamamiento al valor mostrado durante la Transición para defender la convivencia ante los radicalismos y populismos en su Mensaje de Navidad.
Felipe VI destacó la relevancia de avanzar unidos, evitar divisiones entre españoles y recuperar la confianza, advirtiendo sobre la vulnerabilidad de la coexistencia democrática.
El Monarca solicitó ejemplaridad en las autoridades, atención a las personas más desfavorecidas y que la política actúe como un servicio hacia la ciudadanía.
Subrayó la Constitución de 1978 como marco para acoger la diversidad y defendió el diálogo, el respeto y el entendimiento como fundamentos para robustecer la convivencia.
En su primer Mensaje de Navidad dirigido de pie a los españoles, Felipe VI apeló este miércoles al «valor» demostrado por los protagonistas de la Transición. Fueron personas que, recordó, «lograron superar sus diferencias» con el propósito de «avanzar juntos».
El gesto simbólico de renunciar a la silla y dirigirse al público de pie, algo que tampoco hizo Juan Carlos I, reforzó la idea de dignidad institucional en su discurso.
La palabra «convivencia» fue la que más repitió el Rey durante la Nochebuena. La pronunció siete veces y se convirtió en el hilo conductor que marcó un discurso centrado en la necesidad de avanzar «unidos» y no levantar muros entre españoles.
En varias ocasiones evocó el espíritu de la Transición, un proceso colectivo, dijo, que posibilitó superar las divisiones. Con ello, enfatizó la importancia de recuperar ese sentido de responsabilidad en un contexto político complejo.
La convivencia, afirmó, es «la base de todo proyecto común» y «el cimiento de nuestra vida democrática». Aunque hereda ese legado de generaciones anteriores, «no es un patrimonio inmortal», sino «una construcción delicada» y, por ende, todos debemos hacer de ella «una tarea cotidiana».
En las palabras del Monarca se percibe una advertencia, una constatación de un peligro. Para impedir que se fracture la convivencia, «es preciso recuperar la confianza», una virtud «en crisis» no solo en España, sino en «las sociedades democráticas».
«Los extremismos, radicalismos y populismos se alimentan de esa ausencia de confianza», y representan el «desencanto con el presente» y las «incertidumbres sobre cómo enfrentar el futuro», explicó.
Para el Rey, este clima afecta no solo al ánimo de la ciudadanía, sino también a «la credibilidad de las instituciones». Por ello, reclamó «una especial ejemplaridad en el accionar de los poderes públicos», mensaje que, en la coyuntura actual, puede interpretarse como una alusión a los casos de corrupción que afectan al Gobierno.
En este sentido, Felipe VI pidió que la Administración concentre sus esfuerzos en atender a «los más vulnerables» y que la política se entienda, ante todo, como un servicio hacia la sociedad.
Por lo tanto, es necesaria «una visión de país» y que los líderes eviten enfrascarse en disputas inútiles, porque «la tensión en el debate público genera hastío, desencanto y desafección».
«Diálogo» y «respeto»
El Rey, que escogió para su intervención el Salón de Columnas del Palacio Real, igual que el año anterior, señaló que la luz que puede guiarnos para resolver las dificultades actuales se halla en la Transición.
«Quienes condujeron aquel proceso», afirmó, «superaron sus diferencias y convirtieron la incertidumbre en un punto de partida». Añadió: «Ese valor, de avanzar sin garantías pero unidos, es una de las lecciones más valiosas que recibimos».
Aunque el Monarca menciona la Transición de manera recurrente en sus intervenciones, tiene un significado especial hacerlo en el discurso más relevante del año y en un momento en que numerosas voces y partidos políticos, algunos con influencia en el Gobierno, intentan presentar ese episodio de la historia reciente como un engaño al pueblo español.
El Rey, vestido en esta ocasión con traje azul marino, camisa blanca y corbata terracota con estampado geométrico, también destacó la Constitución de 1978 como el amplio marco en el que cabemos «todos» junto a «toda nuestra diversidad».
La idea de la tolerancia, el diálogo y el entendimiento estuvo muy presente a lo largo de los nueve minutos de su intervención en Nochebuena. «¿Qué puede hacer cada persona para fortalecer la convivencia? ¿Qué límites no debemos sobrepasar?», se cuestionó Felipe VI, apelando de manera implícita a toda la ciudadanía.
Su respuesta fue «diálogo» y «respeto tanto en el lenguaje como en la escucha de opiniones distintas». «En democracia», agregó, «las propias ideas nunca deben ser dogmas, ni las ajenas, amenazas; avanzar significa dar pasos con acuerdos y renuncias, pero en una misma dirección, no avanzar a costa del perjuicio de otro».
El Rey habló con las banderas de España y la Unión Europea a su espalda, y también un árbol de Navidad, según el encuadre de la cámara.
En el Mensaje de Navidad hubo referencias a Europa, a los «principios y valores» que representa, al «proyecto común de futuro» que implica y a su rol garante de «nuestras libertades democráticas», justo cuando se cumplen este 1 de enero 40 años desde la adhesión de España a la UE.
No olvidó el Jefe del Estado a los jóvenes ni las dificultades económicas y de acceso a la vivienda que, pese a los buenos indicadores económicos, siguen siendo motivo de inquietud. «Muchos ciudadanos sienten que el aumento del coste de la vida limita sus posibilidades de progreso; que acceder a la vivienda supone un obstáculo para los proyectos de numerosos jóvenes», señaló.
En definitiva, el discurso de Felipe VI combinó la alerta sobre la fragilidad de la convivencia con un llamado al espíritu constructivo similar al que se forjó durante la Transición. Un mensaje que, en tiempos de división política y desafección ciudadana, pretende reafirmar el papel de la Corona como garante de unidad y moderación.

