Aston Martin confía en Newey para replicar el éxito de Red Bull con un motor Renault personalizado según sus especificaciones

Adrian Newey, junto a Andy Cowell a su llegada al equipo Aston Martin El equipo británico encara la transición a la nueva era sin aparentes ventajas en el motor, aunque confía en la pericia del ingeniero para convertir las limitaciones técnicas en superioridad en carrera.

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Aston Martin enfrenta el importante cambio normativo de 2026 desde una situación de marcada incertidumbre.

Mientras en el paddock circulan numerosos rumores acerca de motoristas que habrían descubierto ventajas ocultas en las nuevas reglas, el proyecto británico, vinculado a Honda, permanece al margen de esas especulaciones.

No figura entre los que se supone han explotado zonas grises significativas ni en la aerodinámica ni, especialmente, en la nueva y compleja unidad de potencia. Esa ausencia puede interpretarse como cautela, un notable secretismo… o un atraso.

Todo a Newey

En ese escenario, Aston Martin ha optado por apoyarse en una figura que ya demostró anteriormente que no es indispensable contar con el motor más potente para crear el coche más competitivo.

Adrian Newey es actualmente el principal respaldo del proyecto de Silverstone. Aunque no es un experto en motores, sí es un ingeniero capaz de hacer que la mecánica se adapte a una estrategia aerodinámica extrema.

Esto es justamente lo que logró en Red Bull cuando convirtió un motor Renault, que no era de los más potentes en la parrilla, en la base de uno de los monoplazas más dominantes de la historia reciente.

Adrian Newey, Andy Cowell, Mike Krack, Enrico Cardile, Lawrence Stroll, Fernando Alonso y Lance Stroll

Adrian Newey, Andy Cowell, Mike Krack, Enrico Cardile, Lawrence Stroll, Fernando Alonso y Lance Stroll Diseño: Deportes EE

Siguiendo el guion establecido

El nuevo reglamento de 2026 ha instaurado un escenario de incertidumbre técnica sin precedentes. Motores radicalmente diferentes, un mayor peso del sistema eléctrico y aerodinámica activa han generado un entorno propicio para enfoques innovadores.

En las últimas semanas, algunos fabricantes (Mercedes y Red Bull) han sido señalados por posibles soluciones que podrían otorgarles rendimiento adicional sin violar claramente la normativa, aunque contraviniendo su filosofía.

En medio de ese constante ruido, Aston Martin y Honda apenas se mencionan. No están entre los supuestos beneficiados por dichas zonas grises, especialmente en la parte del motor.

Para un equipo que aspira a luchar por el campeonato desde el arranque del nuevo ciclo, esa ausencia de protagonismo genera inquietud, aunque el secretismo absoluto en todas las fábricas y quizás la falta de filtraciones no necesariamente sea negativa.

En la Fórmula 1, quien no marca la pauta en la inauguración de una era suele dedicar meses, incluso años, a intentar recuperar terreno. Eso lo sabe bien Adrian Newey, que ha sido artífice de varios de esos cambios significativos.

La realidad sobre el rendimiento comenzará a vislumbrarse en los test de Baréin en febrero y se esclarecerá aún más en el Gran Premio inaugural de la temporada en Melbourne (Australia), en el circuito de Albert Park.

Adrian Newey, en la sede de Aston Martin F1

Adrian Newey, en la sede de Aston Martin F1 Aston Martin

La lección de Red Bull

La estrategia de Aston Martin se basa en un antecedente claro. Entre 2010 y 2013, Red Bull dominó la categoría con un monoplaza diseñado por Newey, aunque no contaba con el motor más potente.

El motor Renault V8 era menos robusto y con menos potencia que sus competidores directos, pero finalmente se integró en un concepto tan eficiente que neutralizó esa desventaja.

El ejemplo más notable fue el RB7 de 2011, el coche con el que Sebastian Vettel consiguió su segundo campeonato mundial con una ventaja contundente.

Esa temporada, la victoria no se logró gracias a la potencia bruta, sino por el trabajo en el túnel de viento y el diseño global del vehículo. Newey tenía un objetivo prioritario: una parte trasera muy estrecha para optimizar el flujo de aire hacia el difusor.

Esa icónica forma similar a una botella de Coca-Cola requería despejar espacio en los pontones laterales, donde se concentraban elementos voluminosos y sensibles.

La solución que propuso, relatada en su libro «Cómo hacer un coche», parecía una idea arriesgada incluso para un equipo habituado a enfoques revolucionarios.

Sugirió trasladar las baterías del sistema KERS – grandes, pesadas y muy delicadas – al interior de la caja de cambios, muy próximas al motor. Un área sometida a elevadas temperaturas y vibraciones constantes.

Cuando Newey presentó esta propuesta a Rob Marshall, entonces diseñador jefe de Red Bull bajo las órdenes de Adrian, la respuesta fue de escepticismo.

Ubicar las baterías en uno de los puntos más difíciles del coche parecía garantía de problemas. Pero Newey insistió: si funcionaba, la ventaja aerodinámica sería decisiva.

Adrian Newey, en el paddock de Red Bull durante una carrera de Fórmula 1.

Adrian Newey, en el paddock de Red Bull durante una carrera de Fórmula 1. REUTERS

El desafío requirió un intenso aislamiento térmico y un estricto control de las vibraciones. Renault y los fabricantes de baterías tuvieron que adaptarse a un requerimiento inesperado para sus planes iniciales.

Como resultado, los pontones quedaron mucho más despejados, permitiendo a Newey diseñar una zaga considerablemente más estrecha que la de sus competidores.

Esta libertad aerodinámica fue fundamental para alimentar el difusor y generar una mayor carga trasera. No se trataba solo de una mejora progresiva: era un concepto que condicionaba por completo el comportamiento del coche.

Motor supeditado a la aerodinámica

La segunda gran batalla de Adrian Newey en aquel periodo tuvo lugar con los escapes sopladores.

El británico necesitaba que el flujo de gases hacia el difusor fuera constante, incluso cuando el piloto levantaba el pie del acelerador. El problema era claro: al dejar de acelerar, el motor dejaba de expulsar gases y la carga aerodinámica desaparecía en el momento más crítico.

La demanda a Renault fue precisa y para muchos ingenieros, controvertida: mantener el soplado del escape incluso sin acelerador. En Viry-Châtillon la respuesta inicial fue de rechazo total, ya que esto podía comprometer la fiabilidad del motor.

Newey no cedió y forzó la creación de mapas de motor extremos que revolucionaron la F1 de entonces.

Sebastian Vettel durante su gloriosa etapa en Red Bull

Sebastian Vettel durante su gloriosa etapa en Red Bull Reuters

Primero surgió el cold blowing, que mantenía abiertas las mariposas pero sin combustión, transformando al motor en una bomba de aire.

Después llegó el hot blowing, que retrasaba el encendido o incluso quemaba combustible en el escape para crear un flujo caliente y energético constante.

El característico sonido metálico de esos Red Bull, que recordó a una bolsa de clavos, no era un defecto, sino la aerodinámica ganando carreras a través del motor.

Este precedente explica por qué Aston Martin confía ahora en Newey, aunque Honda no lidera el desarrollo del nuevo motor.

El ingeniero británico ya probó que puede diseñar un coche ganador imponiendo a la mecánica su visión, en lugar de adaptarse a las limitaciones de la misma.

En 2026, el reto será similar. Si otros han descubierto ventajas ocultas en zonas grises del reglamento, Aston Martin tendrá que compensarlas con un concepto global превосходante.

La experiencia indica que Newey sabe cómo lograrlo. La duda es si en un entorno más complejo y regulado esta habilidad seguirá siendo suficiente.

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