Samuel López asumirá el rol de entrenador en el Open de Australia, aunque tanto el equipo como la familia del número uno están en busca de una figura principal que tome las riendas definitivas.
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La separación entre Carlos Alcaraz y Juan Carlos Ferrero se atribuye principalmente a un desacuerdo económico durante la renovación del técnico, sumado a tensiones acumuladas en torno a la gestión del equipo, los desplazamientos, las academias y el desarrollo personal y profesional del líder del ranking mundial.
No se trata de un conflicto personal ni exclusivamente deportivo, considerando que esta ha sido la temporada más destacada en la carrera de Alcaraz y uno de los años más fructíferos de Ferrero como entrenador.
Según informó RNE, la ruptura definitiva ocurrió en las 48 horas previas al anuncio, cuando las conversaciones sobre el nuevo contrato se estancaron, desembocando en un desacuerdo que causó sorpresa incluso dentro del círculo cercano al tenista.
Ferrero valoraba que su contribución al éxito de Alcaraz justificaba ciertas condiciones económicas, mientras que la familia del tenista, financiadora principal, consideraba que esa valoración debía ser menor.
En un deporte donde gran parte del sueldo del equipo depende de los premios obtenidos por el jugador, el incremento de las ganancias de Alcaraz hasta los 19 millones de dólares en 2025 convertía cualquier porcentaje en una cifra delicada y difícil de negociar.
Juan Carlos Ferrero y Carlos Alcaraz posan con el trofeo de Roland Garros EFE
En la práctica, el desacuerdo representó un choque entre la valoración que tenía Ferrero de su trabajo y los límites financieros que la familia Alcaraz estaba dispuesta a aceptar dentro de este proyecto, que ya opera como una estructura profesional consolidada.
Desde la perspectiva del entorno del técnico, la negociación solo podía concluir con la aceptación de unas condiciones no compartidas o con su retirada, optando finalmente por esta última opción.
Un lazo personal sin ruptura
A pesar de la abrupta conclusión, todas las señales públicas indican que la relación personal entre jugador y entrenador sigue siendo positiva. En redes sociales, Ferrero aclaró que la decisión no fue tomada por él y se despidió con un mensaje lleno de afecto: «Me hubiera gustado continuar. Estoy seguro de que los buenos recuerdos y las buenas personas siempre encuentran la manera de reencontrarse».
Alcaraz, quien ha definido a Ferrero en varios momentos como su «segundo padre», ha remarcado en innumerables ocasiones la influencia que tuvo el ex número uno en su formación tenística y en su crecimiento dentro del circuito.
El tono empleado en ambos mensajes, ajeno a cualquier reproche público, confirma que la separación se entiende como una decisión de planificación profesional, no como un distanciamiento afectivo.
Academias y gestión
Uno de los principales puntos de conflicto radicaba en el núcleo del negocio y la proyección futura de cada parte: las academias. Ferrero ha basado su carrera en la academia situada en Villena, donde Alcaraz se formó y hasta residió, y cuyo prestigio ha aumentado gracias al éxito del murciano.
Simultáneamente, la familia Alcaraz mantiene desde los años 90 una academia en Murcia, y recientemente la estrategia apuntaba a que la imagen del número uno estuviera cada vez más asociada a ese centro.
El complejo radica en que gran parte del equipo técnico que acompaña a Alcaraz —incluyendo a Samuel López, actual entrenador principal— continúa vinculado profesionalmente a la academia de Ferrero, lo que configura una relación híbrida: aunque la ruptura marque una etapa nueva, algunos vínculos laborales permanecerán al menos por ahora.
Viajes y demandas
Otro aspecto sensible siempre ha sido la gestión de los viajes. Ferrero, padre de tres hijos, ha manifestado en múltiples ocasiones que no le entusiasma pasar toda la temporada viajando por el circuito, por lo que se buscó un modelo mixto en el que Samuel López —y anteriormente Martínez Cascales, ex entrenador de Ferrero— se hicieran cargo de parte del calendario para que el técnico principal pudiera mantener una vida más estable en España.
No obstante, la condición de número uno mundial y la creciente exposición de Alcaraz han elevado las expectativas: el entorno del murciano considera que el entrenador principal debe acompañarlo en la mayoría de los torneos, con una presencia constante tanto en giras como en los períodos de entrenamiento en Murcia.
Asimismo, la relación ha evolucionado con el tiempo. Ferrero dirigió a Alcaraz en su adolescencia y asumió tanto el rol de entrenador como de figura casi paternal, estableciendo pautas estrictas sobre disciplina y profesionalismo que resumió en una idea fundamental: Alcaraz debía convertirse en «un gran profesional durante todo el año».
El jugador, más maduro y con un carácter más firme en la pista, organiza ahora sus descansos, viajes y momentos de desconexión —como las pausas en plena temporada que en su momento generaron debates internos— lo que ha añadido nuevas complejidades a su convivencia diaria.
El contexto deportivo hace aún más notable la separación. En 2025, Alcaraz ha desarrollado su temporada más consistente: diez títulos, 71 victorias y consolidación en la cima del ranking, con un único pero importante revés, la derrota en la final de Wimbledon frente a Jannik Sinner, su principal competidor generacional.
Para un equipo acostumbrado a ligar cada ajuste estructural con los resultados deportivos, la presión competitiva acumulada, la presencia de un rival tan cercano como Sinner y el desgaste propio de varias temporadas en la élite pudieron agregar tensión a una negociación que ya presentaba dificultades.
Con Ferrero fuera del día a día, Samuel López ha asumido desde ya la gestión de la pretemporada y será quien acompañe a Alcaraz en la gira australiana, mientras el número uno busca un nuevo entrenador principal que responda a las exigencias actuales: total disponibilidad para viajar, capacidad para trabajar desde Murcia y, sobre todo, nivel suficiente para guiar la carrera del mejor tenista del momento.
Por ahora, la historia entre ambos queda en suspenso, marcada por un desenlace inesperado pero sin puertas cerradas, a la espera de comprobar si, como señala Ferrero, «los buenos recuerdos» finalmente encuentran un nuevo punto de encuentro en el futuro.

