Los despertares nocturnos o la dificultad para lograr un descanso adecuado repercuten en el bienestar personal y la calidad de vida de quienes los padecen

Aunque descansar parece una de las actividades más simples, para millones de personas el acto de acostarse no garantiza un sueño restaurador. La ansiedad, el estrés cotidiano y las costumbres actuales han convertido el sueño en un recurso escaso y vulnerable. Las noches sin dormir y los constantes despertares se han vuelto habituales, dejando tras de sí fatiga persistente, irritabilidad y problemas de concentración.
El inconveniente no se limita solo a la sensación de cansancio al día siguiente. La carencia de sueño profundo impacta directamente en la salud física y mental: aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, afecta la memoria, debilita las defensas del organismo y puede agravar los síntomas de ansiedad y depresión. Así, unas pocas horas de descanso fragmentado pueden desencadenar un círculo vicioso que deteriora la calidad de vida en todos los aspectos.
A pesar de los avances médicos y de la tecnología para vigilar el sueño, muchas personas no encuentran la fórmula para dormir correctamente. Desde aplicaciones de monitoreo del sueño hasta rutinas estrictas de ejercicio y meditación, existen múltiples métodos, pero con frecuencia resultan ineficaces si se ignoran errores cotidianos que afectan la calidad del descanso.

La solución podría hallarse en aspectos más sencillos y menos explorados de la rutina nocturna, según explica la psicóloga y doctora en medicina del sueño Nuria Roure. La doctora Roure, en uno de sus videos de TikTok (@dra.nuriaroure), señala tres errores habituales que muchas personas cometen y que complican alcanzar un sueño profundo y reparador.
Del chocolate a las rumiaciones mentales
“El primer error que pasa desapercibido para mucha gente es consumir vino en la cena o chocolate antes de acostarse”, explica la doctora Roure. “Estos hábitos influyen negativamente en la calidad del sueño”. Aunque estos productos pueden parecer inocuos o incluso relajantes, contienen sustancias que interfieren con los ciclos naturales del descanso y con la profundidad del sueño nocturno.
En el vino, el alcohol etílico induce somnolencia al inicio, pero disminuye la fase de sueño profundo y provoca despertares durante la noche, mientras que los congéneres y el exceso de azúcar activan el sistema nervioso. En el chocolate, la cafeína y la teobromina operan como estimulantes, retrasando la conciliación del sueño y elevando la frecuencia cardíaca, mientras el azúcar puede generar picos de energía que complican la relajación necesaria para un descanso completo.
Dr López Rosetti – Dormir Bien
La especialista indica que “el segundo error es consumir contenido negativo antes de dormir“. Por eso, “es mejor apagar la televisión, relajarse y comenzar ejercicios de respiración y relajación”, recomienda. La doctora enfatiza que la mente requiere un tiempo para desconectarse de la estimulación emocional y cognitiva. Series intensas, noticias alarmantes o discusiones por mensajes pueden activar la mente de forma contraproducente, dificultando que el cuerpo alcance un estado de reposo profundo.
El tercer y último error es quizás el más común y, a la vez, el más subestimado: acostarse con la mente llena de planes, preocupaciones o problemas, generando bucles de pensamiento. Roure sugiere un método sencillo para evitarlo: “Escríbelos en una libreta, ciérrala y los podrás revisar mañana”. Este simple acto de externalizar las preocupaciones contribuye a “vaciar” la mente por la noche y facilita la transición hacia un estado de relajación profunda, favorable para el sueño.

