Nos encontramos en una buhardilla repleta de cuadros y lámparas enormes en la calle Serrano, sede de la Fundación Pons. Desde el exterior, el espacio resulta muy distinto de lo que es en realidad. Y, como metáfora viva, se despliega en su interior un diálogo político casi impensable para el debate público habitual. Es el sello de los académicos destacados, que parecen anticipar el futuro pero, en verdad, ya forman parte del presente y marcan el ritmo de los acontecimientos.
Se trata de la presentación de «La democracia después del populismo» (Tecnos, 2025), obra dirigida por Javier Redondo y María Inés Fernández Peychaux, que congrega a algunos de los politólogos, filósofos, historiadores y economistas más relevantes del país.
La cuestión principal es esta: España no se encuentra actualmente sumida en el populismo ni en la polarización. Ese periodo ya ha transcurrido. O, al menos, está llegando a su fin; se pasa página para adentrarse en un capítulo con perspectivas aún más inquietantes.
Esta realidad puede definirse mediante fragmentos claros y contundentes, como hacen nuestros expertos: en España, los jueces que dictan sentencias contrarias a los deseos del Gobierno son acusados de «lawfare»; los medios desfavorables son etiquetados como «máquinas de bulos»; la oposición es desacreditada; y sólo se considera «pueblo» a quienes residen en el lado correcto del «muro».
Este fenómeno ha surgido con rapidez, casi al unísono y sin que se percibiera, mostrando un país muy diferente al que comenzó a intoxicarse con populismo tras la crisis económica de 2008 y sus discursos sobre la «casta», «los de arriba y los de abajo»… La dialéctica permanece similar —la negación del otro— y la polarización dominante impregna todo para impedir la atención a las fisuras que se agrandan.
Resulta notable, aunque quizás fortuito, que estos académicos eligieran la fecha para la presentación del libro, organizada por Foro Empresarial Madrid, en medio de una sucesión de calamidades: la dana, el apagón, la paralización de trenes… Todo ello ha revelado la España oculta, la ingobernable, esa que quedó relegada tras el populismo cuando el foco se centró en atacar a las instituciones garantes del equilibrio del poder.
Javier Redondo, coautor del libro, denomina esta situación «democracia plebiscitaria». Sin embargo, los capítulos, diversos pero unidos por la misma idea central, aportan diferentes definiciones para describir este fenómeno. Un ejemplo inmediato de Redondo es que el Gobierno ya decidió bloquear la Opa del BBVA al Sabadell, pero promovió una «consulta pública» para simular que la decisión estaba en manos de la sociedad, del pueblo.
Si algún votante de izquierdas asistiera a la presentación en esta buhardilla repleta de lámparas y cuadros grandes —y ciertamente hay algunos— seguramente argumentaría: «Esto es cosa de la derecha». No obstante, cuestionar ese argumento es tan simple como abrir el libro en su primera página: los primeros populismos que afectan a las democracias y se analizan son de derechas, como los de Javier Milei en Argentina, Bukele en El Salvador, Daniel Noboa en Ecuador, Donald Trump en Estados Unidos… Posteriormente se aborda el resto, pero se inicia con esos casos.
Como se comenta en la obra, en España ha predominado la creencia de que «el populismo de derechas es más peligroso que el de izquierdas». Este axioma ha resultado útil para justificar el «muro» de Sánchez y sostener la mayoría de Gobierno. Además, ha facilitado el despertar de una extrema derecha hasta entonces dormida, que hoy alimenta ese ciclo en un mecanismo de retroalimentación.
Por otra parte, desmontar este mito es sencillo: muchas de las políticas graves que amenaza el populismo de derechas en Europa ya han sido implementadas en España por un populismo de izquierdas, que lleva cerca de una década gobernando.
En esencia, se trata de «minar el prestigio y la funcionalidad de las instituciones mientras se impulsa la democracia». Se puede expresar con un verbo aún más contundente, como sostienen los autores en el libro y durante la presentación: afirman estar «purificando» la democracia liberal heredada, ya que esta forma de democracia se considera obsoleta y sin valor.
En este marco, la sociedad civil, definida por los autores como la parte de la sociedad políticamente no contaminada, queda fuera del juego. Es desplazada del campo de acción por el poder vigente. Resulta incómoda e inútil para los objetivos planteados. Lo mismo ocurre con las instituciones que mantienen el equilibrio; ni siquiera los partidos políticos, tal como se conocían, tienen valor, pues han quedado diluidos ante liderazgos autoritarios.
Todo lo expuesto en esta buhardilla de la calle Serrano resume el contenido de «La democracia después del populismo» (Tecnos, 2025).

