Extremadura: un castillo palaciego con más de 800 años de historia imprescindible para visitar

Un escenario imponente que se eleva sobre un cerro, guardián de siglos de historia, poder y disputas nobiliarias. Una fortaleza-palacio en ruinas que exhibe todo su atractivo

Foto: El castillo que tienes que ver una vez en la vida en Extremadura. (Ayuntamiento de Belvís de Monroy)
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Uno de los castillos-palacios más cautivadores de Extremadura, edificado en el siglo XIII y situado en el norte de Cáceres, próximo al Parque Nacional de Monfragüe, domina dehesas, ríos y una pequeña localidad blanca que vive literalmente bajo su sombra. Desde su privilegiada atalaya rocosa se contemplan las aguas del Tajo contenidas en el embalse de Valdecañas y la amplitud del Campo Arañuelo, un entorno que convierte esta fortaleza en uno de los mayores tesoros históricos y paisajísticos de la zona. Aquellos que buscan un viaje que una patrimonio, naturaleza y turismo cultural hallan aquí un espacio singular, donde las antiguas leyendas de rivalidades nobiliarias coexisten con la paz de la vida rural.

Este lugar posee un nombre propio: el castillo de Belvís de Monroy, un imponente castillo-palacio que se yergue sobre un cerro y cuyo perfil definido por torres, murallas y cubos semicirculares es visible desde la distancia. Construido inicialmente alrededor de una torre del homenaje del siglo XIII y ampliado posteriormente en tres recintos diferenciados, el conjunto refleja una fusión de estilos que abarcan del gótico tardío al plateresco y al Barroco. Sus muros defensivos, la torre triangular que resguarda el acceso, los patios interiores y las estancias renacentistas revelan tanto su función militar durante la Reconquista como su evolución hacia residencia palaciega, cuando la nobleza apostó por la comodidad y la representación sin renunciar a la robustez de la piedra granítica.

Un castillo-palacio entre la Reconquista y el Renacimiento

La trayectoria del castillo de Belvís de Monroy está vinculada a los linajes Monroy y Herrera, y a un señorío que surgió tras la Reconquista para gestionar la explotación y repoblación de estas tierras del norte de Cáceres. Sobre la casa fuerte atribuida a los primeros señores se edificó una sólida fortaleza poligonal, reforzada con altos cilindros macizos, que en el siglo XV sufrió asedios y saqueos provocados por disputas entre ramas familiares enfrentadas. Más adelante, en el siglo XVI, el conjunto adoptó claros rasgos renacentistas con la construcción de un gran patio claustrado plateresco, de dos niveles y arcadas, comparable al del Monasterio de Yuste, junto con dependencias palaciegas adornadas con esgrafiados y elementos clásicos orientados a la vida cortesana.

A los pies de esta imponente estructura se extiende el pueblo de Belvís de Monroy, con sus casas encaladas, la Iglesia de Santiago y el cercano convento de San Francisco del Berrocal, desde donde partió en 1523 la expedición de los Doce Apóstoles de México. Actualmente, la visita al castillo —en estado ruinoso pero aún majestuoso, protegido como bien histórico— permite recorrer su exterior (ya que es propiedad privada) y los miradores que ofrecen vistas al Valle del Tiétar y la sierra de Gredos. Se puede efectuar mediante una ruta gratuita los fines de semana, donde se explica la historia de esta fortaleza y el pueblo, además de exhibir maquetas en el Centro de Interpretación Histórico y Cultural del Campo Arañuelo. Un pueblo con impresionantes puestas de sol sobre dicho Campo Arañuelo, en el norte de Extremadura, que se posiciona como una escapada imprescindible para quienes desean conocer uno de los castillos más destacados de la provincia de Cáceres.

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