El pueblo vasco de origen medieval donde Robe Iniesta encontró un cambio vital: casas solares y un ambiente histórico en calma

El líder de Extremoduro falleció este miércoles a los 63 años, dejando una profunda huella en la historia del rock en castellano

Foto: El músico, natural de Plasencia, encontró desde 1996 en este pueblo vizcaíno de raíces medievales un lugar de retiro y creación. (EFE/Flickr)
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El músico extremeño Robe Iniesta halló en Lezama, un pequeño pueblo de Vizcaya con profundas raíces medievales y caseríos centenarios, un refugio esencial que definió su periodo más creativo al lado de Iñaki ‘Uoho’ Antón, exguitarrista de Platero y Tú. El líder de Extremoduro falleció este miércoles a los 63 años, dejando una marca imborrable en la historia del rock en castellano y en la cultura contemporánea. En un comunicado emitido por su familia, el artista fue calificado como «el último gran filósofo, humanista y literato contemporáneo de lengua hispana».

Existe un lugar silencioso, apenas a veinte minutos de Bilbao, donde la piedra relata el pasado y el verde lo envuelve todo. No es un pueblo que busque protagonismo, pero quienes lo conocen comprenden su atractivo. Allí, entre torres de linaje, molinos rurales y rutas del Camino del Norte, Robe Iniesta optó por vivir durante quince años, transformando tanto su rutina diaria como su obra musical.

Un refugio entre montañas

Fue en 1996 cuando el fundador de Extremoduro se mudó a Lezama, ubicado en el corazón del valle de Txorierri. Esta decisión estuvo influenciada por su amistad con Iñaki Antón, figura clave en su vida artística y personal. Esa etapa coincidió con los años más prolíficos de su carrera, durante los cuales grabó varias de sus canciones más memorables y consolidó una relación intensa con músicos como Fito Cabrales. En este entorno rural, apartado del ruido y cercano al mar, encontró la serenidad y la inspiración que necesitaba.

Lezama no solo brindaba calma, sino también una conexión directa con la historia. Su urbanismo conserva el diseño típico de las anteiglesias vascas y su arquitectura remite a siglos pasados: destacan casas solares como la de Oxangoiti, torres como la de Lezama del siglo XIV y la iglesia de Santa María, con una imponente fachada renacentista. Las raíces medievales permanecen vivas en los barrios, donde aún existen caseríos tradicionales y un ambiente que combina la vida rural con modernas explotaciones agrícolas.

Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina, el pueblo ofrece diversas experiencias rurales. La celebración del día de Andra Mari, el 8 de septiembre, constituye uno de sus eventos más destacados.

Para quienes recorren el Camino del Norte, Lezama representa el final de la etapa Gernika-Lezama (20,8 km) y el comienzo de la que conduce a Bilbao. Además, es accesible para visitantes ocasionales gracias a la línea E3 del metro (línea del Txorierri), que conecta con Bilbao en menos de media hora, así como mediante Bizkaibus y la carretera Asua-Erletxes.

Dónde comer en Lezama y saborear su esencia

La gastronomía local también deja su impronta. En los distintos restaurantes del pueblo se pueden degustar platos tan representativos como el bacalao al pil-pil, el marmitako de bonito, las alubias de Tolosa con sus sacramentos o la txuleta de vaca vieja a la brasa, un clásico que siempre funciona.

No faltan tampoco los productos de temporada, como los pimientos del piquillo rellenos, la tortilla de bacalao, ni los dulces típicos como la pantxineta o el goxua, postres que combinan tradición repostera y sabor local. Comer aquí es, en cierto sentido, una continuidad de lo que Lezama simboliza: sencillez, autenticidad y respeto por la tierra.

Aunque Robe terminó mudándose a Mungia, el recuerdo de Lezama permanece ligado a sus años de tranquilidad y plenitud creativa. Este rincón vasco no solo conserva historia en sus piedras, sino también la huella discreta de uno de los músicos más influyentes del rock en castellano.

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