Nueva Radio Intercontinental

DD.HH actualmente procesados, al aprobar el espúreo acuerdo de la mesa de

reconciliación (Por Sergio Ramírez).

por Sergio Ramírez

El presidente Lagos trazó una senda de amnistía a los violadores de los

DD.HH actualmente procesados, al aprobar el espúreo acuerdo de la mesa de

reconciliación: «No me cabe duda que llegado el momento se podrá establecer

la data precisa de su muerte (de los desaparecidos). Y cuando ello ocurra,

el Poder Judicial hará lo que corresponda conforme a derecho». La ley de

impunidad dictada por la dictadura está vigente. Aplicarla es premiar a

asesinos y responsables del genocidio. Para ello cuenta con el apoyo de la

Concertación, la derecha y el mando castrense.

En el discurso de agradecimiento que Lagos pronunció al recibir el acuerdo

de la Mesa de Diálogo, definió su posición frente a las violaciones de los

DD.HH. En efecto, sin hacer una referencia explícita a la Ley de Amnistía

de 1978, abrió la puerta para su aplicación en el caso de los detenidos

desaparecidos, en el entendido de que aún sólo se entregue la información

sobre la fecha de sus asesinatos: «No me cabe duda que llegado el momento

se podrá establecer la data precisa de su muerte. Y no me cabe duda de que

cuando ello ocurra, el Poder Judicial hará lo que corresponda conforme a

derecho», dijo. Así, determinaba la eliminación del principio de la

doctrina que aplica el juez Juan Guzmán, respecto de que la no aparición de

los cuerpos permite configurar el delito de secuestro calificado -que es de

ejecución permanente- Al establecer el paradero de los desaparecidos o «la

data de su muerte», se permite tipificar el delito como homicidio

calificado y amnistiar a los responsables. El punto final, encubierto por

una verborrea inconsecuente, está establecido en el párrafo del convenio

que le pide a la Corte Suprema la «designación de Ministros en Visita para

instruir causas cuyo único objeto es determinar el paradero de los

detenidos desaparecidos». Ese es el objetivo: encuentro de restos o

precisión de destino, porque tampoco es necesario que se encuentren restos,

basta con fijar la fecha, «la data de su muerte», para aplicar la ley de

amnistía, como lo han expresado públicamente Lagos y personeros de la mesa,

como Claudio Teitelboim. En definitiva, se determina una denegación de

justicia.

El texto contiene falacias que son atentados a la verdad y principios de

DD.HH. No obstante, se ha pretendido presentarlo, mediante fabulosa campaña

publicitaria, como si fueran grandes logros. Así, el preámbulo del acuerdo

contiene una falsedad histórica monstruosa e inaceptable. Señala que fue

«la espiral de violencia política de los años 60» (¿gobierno de la derecha

con Alessandri y del PDC con Frei Montalva?) la que culmina con el golpe

militar y se traduce en las graves violaciones a los DD.HH. Lo que

realmente existió fue un movimiento popular, democrático de

reivindicaciones sociales, económicas y democráticas que el país necesitaba

y que llevó a la presidencia a Salvador Allende. No fue «la espiral de

violencia política» la que hizo que Allende fuera elegido Presidente. La

única violencia política amenazante para las instituciones democráticas fue

y ha sido siempre la de la extrema derecha. Esa violencia fascista es la

que culmina con el golpe militar y la implantación del fascismo terrorista

de la dictadura castrense. Además, ante la forma de reconocimiento

histórico del golpe militar de 1973, Lagos expresó que el documento no

constituye la historia oficial sobre lo ocurrido. «Este acuerdo no

establece una historia oficial ni puede haber una historia oficial, porque

nunca en nuestra historia ha habido una sola versión sobre los hechos del

pasado. (…) «. Pero, a partir de la particular interpretación histórica

negociada en la Mesa de Reconciliación, sancionada por el gobierno, el

oficialismo y los mandos castrenses, Lagos justifica impunidad y determina

punto final en violaciones de los DD.HH. durante el período dictatorial.

Lagos utilizó términos que no fueron considerados en el documento final por

presión de los militares. Habló del compromiso de que «en Chile nunca más

se asesinará ni se hará desaparecer opositores; que nunca más agentes del

Estado ejercerán de modo sistemático tortura o asesinato u otras

violaciones; que nunca más se podrá acceder al poder o pretender hacerlo

por la vía violenta», en circunstancias de que el acuerdo de la mesa evitó

cualquier insinuación respecto de una responsabilidad institucional de las

FF.AA en las violaciones a los DD.HH. Incluso, el acuerdo acoge la tesis de

que ellas no tienen información y que, por lo tanto, a lo único que se

comprometen es al máximo esfuerzo posible para obtener tales antecedentes o

bien precisar el destino de los detenidos desaparecidos.

ES UN ABUSO GROTESCO Y UNA FALTA DE RESPETO

La no participación de los familiares de las víctimas en la mesa y el

rechazo que habían manifestado al acuerdo son hechos que Lagos trató de

distorsionar en forma demagógica Hizo una mención especial a la ex

presidenta de la AFDD, Sola Sierra, quien falleció el año pasado: «En ella

quiero simbolizar a las víctimas y a quienes las sobrevivieron. Simboliza

en cierto modo la tragedia que nunca debió ocurrir y que estoy cierto no

ocurrirá más en Chile». Sus palabras recibieron la réplica indignada de

Lenia Pizarro Sierra, hija de Sola Sierra y Waldo Pizarro: «Es una falta de

respeto tremenda. Es un abuso grotesco, una utilización de su persona con

que pretende confundir a la opinión pública. El la señala y dice que es lo

que ella buscó toda su vida, por lo tanto para la gente queda pensar que si

este acuerdo fue lo que Sola Sierra quería está bien, y está bien para los

familiares y para todos los chilenos (.) Lo que el señor Lagos hace es

una inmensa falta de respeto a su memoria, y no es la primera vez que lo

hace. Cuando mi mamá muere, también dijo que ella lo único que buscaba era

la verdad, por lo que debimos aclararle ese punto. (.) La calidad de

Presidente de la República no le da derecho a hacer lo que hizo. Es una

traición a la memoria de Sola Sierra, a los familiares y a todas las

víctimas de la dictadura».

Lagos trataba de esconder la verdad. Omitía que Sola Sierra luchó por «nada

más ni nada menos que verdad y justicia» y no por la aprobación de un

mecanismos de impunidad a los asesinos, a partir de un acuerdo expúreo,

presentado por la abogada Pamela Pereira (PS), con beneplácito

presidencial. En efecto, las palabras que pronunciara Sola Sierra antes de

su muerte en el Estadio Nacional (3 de junio 1999) son elocuentes al

calificar y describir la actual realidad. Dijo: «Hoy el peligro más grave

lo representan quienes intentan -en medio de las sombras del secreto y del

silencio- imponer en nuestro país pactos espúreos que sellen la impunidad.

Mientras el pueblo chileno y el mundo entero claman por verdad y justicia,

hay quienes insisten en buscar acuerdos para imponernos una indigna

renuncia a la justicia, a cambio de unas migajas de verdad. (.) Queremos

decirlo con claridad una vez más: en Chile sólo habrá verdadera democracia

cuando haya verdad y justicia, sean anulados los efectos del Decreto Ley de

Amnistía, se haga el debido proceso civil a los acusados de violaciones a

los DD.HH, se limiten las atribuciones de la Justicia Militar y los

responsables sean sancionados. .(.).Hay quienes nos ofrecen migajas y dicen

que debemos conformarnos con parte de la verdad. Otros dicen que tenemos

que reconciliarnos y, luego de saber esta parte de la verdad, lanzar

algunas coronas de flores al mar (expresión del entonces candidato Ricardo

Lagos). Serenamente les respondemos que sus palabras nos duelen. Tales

ofrecimientos dañan y ofenden la dignidad nacional. Pero además dejan muy

mal parados a quienes las formulan, porque reflejan posturas

antidemocráticas y deshumanizadas.(.) Denunciamos la nueva operación

política (…) que está en curso para cerrar los temas pendientes de DD.HH.

(.) Queremos decirles desde aquí -con la fuerza de nuestra larga lucha y

testimonio permanente- que no podrán sellar en Chile ningún pacto para la

impunidad de los culpables. Una y otra vez se verán enfrentados a un pueblo

digno que no renunciará a la verdad y la justicia, y recibirán la sanción

moral de sus espúreos acuerdos».

HACER DESAPARECER A LOS DESAPARECIDOS

El contenido del acuerdo de impunidad, ratifica el verdadero rol de los

abogados de la Concertación que lo suscribieron. Ellos, como Pamela Pereira

(PS) o Héctor Salazar (PPD), han actuado como operadores políticos de sus

partidos. Se han dedicado a través de la mesa de diálogo a «arreglarle los

problemas» al gobierno y a los asesinos. Eso es lo real. El resto, son

declaraciones demagógicas, sobre todo cuando han pretendido, en el colmo

del cinismo, descalificar a las directivas de las agrupaciones, acusándolas

de políticas, cuando si hay alguien que ha operado políticamente, dejando

de lado la doctrina de los DD.HH, han sido ellos. También son repudiables

sus manipulaciones para tratar de cooptar para este acuerdo a familiares

que no estaban en la AFDD y las operaciones para legitimar su traición a

través de familiares que no forman parte de la Agrupación.

Los «aportes» de la mesa de diálogo no facilitarán una solución de verdad y

justicia sobre las violaciones a los DD.HH. El plazo de 6 meses, para que

los militares entreguen información sobre el destino de las personas que

hicieron desaparecer no tiene sentido: Ellos son responsables de todos los

crímenes y violaciones a los DD:HH. y tienen plenos y concretos

antecedentes de todos sus crímenes, que se han negado a revelar durante 20

años.Por lo cual, lo que las FF.AA no han hecho en 20 años no lo harán en

tal plazo. Solo entregarán información sobre las osamentas de algunos

desaparecidos y, sobre todo, las fechas de sus crímenes, elementos

indispensables para cerrar los procesos que afectan a algunos de sus

principales asesinos.Además, menos se va a resolver el problema de los

desaparecidos, si se plantea la idea del secreto de tal información. Todo

se reducirá a la entrega de restos y fechas de asesinatos. Así, además, se

enfatiza un mensaje de impunidad a la Corte Suprema en circunstancias de

que todavía se puede avanzar en pos de la justicia y, fundamentalmente,

procesar a Pinochet .Es decir, el acuerdo de punto final sólo vuelve a

hacer desaparecer a los desaparecidos, vuelve a asesinar a los ejecutados,

a torturar a los ex presos políticos; vuelve a poner en primer lugar los

intereses de poder de cúpulas políticas por sobre el de la mayoría de la

sociedad que exige verdad y justicia.

Las falacias del acuerdo son destrozadas por la realidad. Si se quisiera

saber dónde están los desaparecidos, dicen los jóvenes de la Funa, debieran

preguntarle a Miguel Krassnoff Martchenko, que sigue trabajando en el Hotel

Militar en Santiago; al doctor Alejandro Forero Alvarez, que sigue

atendiendo en la Clínica Indisa; a Emilio Sajuria Alvear, que trabaja en el

departamento jurídico de Telefónica; al desaforado Pinochet y al reo Manuel

Contreras, a Espinoza y José Zará, a Cristoph Willike y Odlanier Mena.

«Júzguenlos y sabrán dónde están, qué hicieron con sus cuerpos, sabrán cómo

torturaron y ejecutaron a cientos de chilenos». Eso no se realizará. Lo

único que busca este acuerdo es liberar de culpas a Pinochet y demás

procesados. La única solución es la justicia y eso no va a haber en Chile.

Sucedáneos de la justicia no se han dado en ninguna parte. Es una vergüenza

que el gobierno y el oficialismo busquen por ese lado: el qué hacer en vez

de justicia, para proteger a genocidas. En efecto, de acuerdo con

información de Fasic se mantienen vigentes 82 autos de procesamiento contra

militares en retiro y algunos agentes civiles de organismos represivos de

la dictadura.. Entre los ex miembros de la CNI y de la DINA hay nombres que

se repiten en varios procesos. Los procesados con mayor rango son Sergio

Arellano Stark (caso Caravana), Carlos Forestier (desaparecidos de

Pisagua), Manuel Contreras (secuestro de David Silberman), Ramsés Alvarez

Sgolia (crimen de Tucapel Jiménez), el recientemente fallecido Humberto

Gordon Rubio (Tucapel Jiménez y homicidios de septiembre de 1986), Hernán

Ramírez Rurange (encubrimiento en caso Tucapel Jiménez), Hugo Salas Wenzel

(encubrimiento «Operación Albania»). El resto son oficiales y suboficiales

en retiro y una veintena de civiles, agentes de los organismos represivos

de Pinochet.

LA JUSTICIA SE CONSIGUE POR OTROS MEDIOS

El tema del acuerdo de impunidad fue analizado por la Comisión Política del

PS. Se logró un consenso a través de una ambigua declaración pública que

dice que el PS «valora el compromiso y la voluntad política del Presidente,

tendiente a lograr la verdad sobre los detenidos desaparecidos». Y,

sumándose al acuerdo de impunidad, afirman: «rechazaremos cualquier

maniobra de la derecha que pretenda mezclar, y peor aún, negociar temas de

DD.HH v/s reformas políticas y constitucionales». Para llegar a este

acuerdo.intervino el propio Lagos, quien conversó con dirigentes

socialistas, entre ellos, el diputado Juan Bustos, Núñez y Escalona. Tales

gestiones comenzaron cuando Carlos Ominami le alertó que la mayoría de la

comisión política cuestionaba el acuerdo, incluso representantes del ala

renovada, como José Antonio Viera-Gallo. En cambio, manteniendo inalterable

su posición crítica a la Mesa de Diálogo y a sus conclusiones, la

Secretaria General del PC, Gladys Marín, afirmó que el documento trata de

imponer la denegación de la justicia respecto de la violación de DD.HH

durante el régimen militar. Para ella, no basta con el hallazgo de las

osamentas de los detenidos desaparecidos. Lo importante es que se haga

justicia y se castigue a los victimarios. Su pensamiento es directo: «Nadie

puede contentarse ni sentirse satisfecho sólo con el hallazgo de las

osamentas porque si en definitiva existen osamentas, ello significa que

alguien dio cuenta de las vidas de esas personas». Por consiguiente, no se

puede relativizar el papel que debe jugar la justicia ante la cual deben

comparecer «todos los responsables del terrorismo de Estado empezando por

Pinochet».

La solución es verdad y justicia.

«Nada más ni nada menos».

Se trata de aclarar lo que sucedió y castigar a los culpables. Buscar

soluciones al margen de la justicia es inconsecuencia y cobardía.

Encargarle a las FF.AA. que recaben la información es como solicitarle al

asesino que investigue sus crímenes. No es posible creer en esto. «Justicia

se consigue por otros medios, más decididos», afirma Radrigán, destacado

director teatral.

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