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- Autor, Andrew Harding
- Título del autor, Corresponsal de la BBC en París
- Informa desde, Marseille
- 3 horas
Advertencia: Este artículo contiene detalles explícitos de violencia.
Un grupo de niños encontró el cuerpo de Adel en su camino a la escuela, justo cuando sus padres se dirigían a la comisaría para reportar su desaparición.
El cuerpo era apenas una silueta deformada y quemada, reclinado con una rodilla levantada, como si estuviera acostado, hallado en una de las playas cercanas a Marsella.
Tenía 15 años al momento de su muerte, causada de una forma común en esta región: un disparo en la cabeza, con su delgado cuerpo rociado en gasolina y quemado.
Incluso alguien grabó la escena en la playa, que representa el último episodio de una serie escalofriante de asesinatos a tiros relacionados con la acelerada expansión del narcotráfico en esta ciudad portuaria, cada vez más impulsado por las redes sociales y caracterizado ahora por actos de violencia aparentemente sin motivo, así como por la participación creciente de menores, a menudo forzados a involucrarse en la venta de drogas.
Marsella, en estado de "psicosis"
"Ahora reina el caos", afirmó un miembro demacrado de una pandilla, levantándose la camiseta en un parque cercano para mostrar un torso marcado por al menos cuatro heridas de bala producto de un intento de asesinato perpetrado por una banda rival.
El Ministerio de Justicia francés calcula que la cantidad de adolescentes involucrados en el tráfico de drogas se ha multiplicado por más de cuatro en los últimos ocho años.
"He formado parte de una pandilla desde los 15 años. Pero ahora todo es distinto. Los códigos, las reglas… ya no existen reglas. Nadie respeta nada en estos días. Los cabecillas comienzan a usar a los jóvenes. Les pagan una miseria. Y terminan asesinando a otros sin razón aparente. Hay anarquía en toda la ciudad", explicó el hombre, que ahora tiene poco más de veinte años, y pidió que usáramos su apodo, El Inmortal.

En Marsella, policías, abogados, políticos y líderes comunitarios hablan de una psicosis —un estado colectivo de trauma o pánico— que afecta a partes de la ciudad, mientras se debaten entre responder con medidas policiales más duras o implementar nuevas estrategias para enfrentar la desigualdad arraigada.
"Se respira miedo. Es evidente que los narcotraficantes dominan y consolidan su influencia día a día", comentó una abogada local quien pidió anonimato debido a temor por represalias contra ella o su familia.
"El Estado de derecho está subordinado a las bandas. Hasta que no vuelva a haber un Estado fuerte, debemos tomar medidas de precaución", agregó al explicar su reciente decisión de dejar de representar a víctimas de violencia vinculada a pandillas.
"Ya no hay reglas"
Durante el verano, varias ciudades en Francia establecieron toques de queda nocturnos para adolescentes tras un aumento de violencia ligada al narcotráfico.
El presidente Emmanuel Macron sostuvo reuniones el jueves con el objetivo de abordar esta crisis.
"La competencia en el narcotráfico es tan intensa que la gente está dispuesta a todo", afirmó el activista comunitario Mohamed Benmeddour.
Añadió: "Hay chicos de 13 o 14 años que actúan como vigilantes o traficantes. Los jóvenes ven cadáveres, escuchan sobre éstos a diario. Ya no temen ni matar ni que los maten".
El detonante de la psicosis actual en Marsella fue el asesinato, el mes pasado, de Mehdi Kessaci, un policía en prácticas de 20 años sin vínculos con el narcotráfico.
Se cree que su asesinato era una advertencia dirigida a su hermano, un destacado activista antipandillas de 22 años y aspirante político llamado Amine Kessaci.
Protegido estrechamente por la policía, Kessaci conversó con la BBC sobre la muerte de Mehdi y la culpa que le pesa.
"¿Debería haber obligado a mi familia a abandonar Marsella? Lucharé toda mi vida contra esta culpa", expresó.

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Amine Kessaci ganó notoriedad en Francia en 2020 tras el asesinato de su hermano mayor, un pandillero llamado Brahim.
"Llevamos años viviendo esta psicosis. Sabíamos que nuestras vidas dependían de un hilo muy fino. Pero todo cambió tras el covid-19. Los perpetradores son cada vez más jóvenes, y las víctimas también", aseguró.
"Mi hermano menor fue una víctima inocente. En otro tiempo, los verdaderos criminales respetaban un código moral: no se mataba de día, ni en público, ni se quemaban cadáveres. Primero se amenazaba con un disparo en la pierna. Hoy esas reglas han desaparecido".
La acción policial
Frente a niveles inéditos de violencia, la policía francesa responde con lo que llaman "bombardeos" en áreas de alta criminalidad en Marsella.
Aunque una banda llamada DZ Mafia parece controlar el negocio, opera bajo un sistema similar a una franquicia con una red fragmentada de pequeños distribuidores, muchos de ellos adolescentes e inmigrantes sin documentos, que se enfrentan violentamente por el control territorial.
Se estima que hasta 20,000 personas podrían estar implicadas en el negocio de las drogas en la ciudad.
El año pasado, las autoridades confiscaron a las bandas 42 millones de euros (unos US$49 millones) en activos provenientes de actividades delictivas.
Videos en redes sociales muestran regularmente a pandilleros armados con rifles automáticos disparándose en distintos cités de Marsella: barrios marginales con edificios altos y alta concentración de viviendas sociales.

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En una tarde fría de la semana pasada, acompañamos a un grupo de policías antidisturbios en una de sus habituales operaciones de "bombardeo".
Los agentes se desplazaron rápidamente en furgonetas hacia un bloque de viviendas deteriorado, mientras un joven pandillero que vigilaba la entrada escapaba corriendo. Divididos en dos equipos, los policías rodearon el edificio intentando capturar a los traficantes en las escaleras.
"Nuestro objetivo es desmantelar los puntos de venta de drogas. Hemos clausurado más de 40… y detenido a muchas personas", explicó Sébastien Lautard, jefe de la policía regional.
Uno de los policías ordenó: "Denle la vuelta", mientras su equipo acorralaba a un joven de 18 años contra una puerta.
En un sótano sucio cercano, encontraron decenas de viales y pequeñas bolsas plásticas usadas para distribuir cocaína.
Más tarde, un policía comentó que el joven detenido pedía ser arrestado, alegando que había llegado a Marsella desde otra ciudad y que estaba retenido contra su voluntad, siendo forzado a trabajar para una banda de narcotraficantes.
Los agentes lo trasladaron en una furgoneta.
Reclutamiento infantil
"Esto no es El Dorado. Muchos jóvenes son reclutados a través de redes sociales. Llegan a Marsella pensando que ganarán dinero fácil. Les prometen 200 euros (US$233) diarios. Pero muchas veces terminan en pobreza, violencia y a veces la muerte", señaló el fiscal principal de la ciudad, Nicolas Bessone.
Desde su oficina cercana al antiguo puerto, Bessone describió un mercado que asciende a un estimado de 7,000 millones de euros a nivel nacional (unos US$8.2 mil millones), caracterizado por dos tendencias: un aumento en reclutamiento, venta y entrega a domicilio vía online; y una mayor presencia de adolescentes obligados a participar.

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"Ahora observamos cómo los traficantes esclavizan a estos pequeños soldados, generando deudas ficticias para que trabajen sin cobrar. Los torturan si roban 20 euros para un sándwich. Es violencia extrema. La edad media de agresores y víctimas disminuye constantemente", afirmó Bessone.
Pidió a la comunidad local que no caiga en la psicosis, sino que "reaccione, se rebele".
La abogada, que pidió mantener su anonimato, relató un caso que atendió.
"Un joven que se negó rotundamente a integrarse a una red fue interceptado tras la escuela, forzado a participar en el tráfico de drogas, abusado, amenazado, al igual que su familia. Se emplean todos los medios para crear una fuerza de trabajo", detalló.
En TikTok, decenas de vídeos con música anuncian la venta de drogas en las cités de Marsella entre "10:00 y medianoche", cada producto representado con un emoji: cocaína, hachís y marihuana.
Otras publicaciones buscan reclutar nuevos miembros para las bandas con mensajes como "se busca trabajador", "250€ para vigilantes", "500€ para transportar drogas".
¿Soluciones?
Para ciertos políticos locales, la respuesta al problema en Marsella es declarar estado de emergencia y aplicar políticas migratorias mucho más restrictivas.
"Hay que restaurar la autoridad. Es necesario acabar con la cultura de la permisividad en nuestro país. Se debe otorgar más libertad y poder a la policía y al sistema judicial", afirmó Franck Alissio, diputado local del partido populista de derecha extrema Agrupación Nacional (RN) y posible candidato a la alcaldía.

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Aunque Marsella, antigua ciudad mediterránea, ha sido conocida por su numerosa comunidad inmigrante durante siglos, Alissio sostiene que "hoy en día la dificultad radica en que ya no somos capaces de integrarnos económicamente ni culturalmente. Hay demasiada inmigración. El problema es el volumen. Además, los narcotraficantes, vendedores, vigilantes y líderes son casi todos inmigrantes o personas con doble nacionalidad".
Esta afirmación es polémica y difícil de demostrar en un país que evita incluir tales detalles en las estadísticas oficiales.
Alissio argumenta que gobiernos anteriores invirtieron miles de millones de euros en los barrios más pobres de Marsella sin resultados tangibles. Culpa a padres y escuelas por permitir que los niños se involucren en el narcotráfico, aunque aclara que su objetivo es "resolver el problema, no hacer sociología".
Los partidos de extrema derecha cuentan tradicionalmente con apoyo fuerte en el sur de Francia, pero no tanto en la diversa Marsella. Críticos, como la abogada anónima, acusan al RN de "explotar la miseria y el temor" y de culpar injustamente a los inmigrantes de una "gangrena" generalizada en todas las comunidades del país.
Philippe Pujol, autor local y experto en narcotráfico en Marsella, recibió protección policial tras el asesinato de Mehdi Kessaci el mes pasado.
"No estoy seguro de que haya una razón sólida para este terror. Pero… el miedo se extiende. Prefiero estar con miedo y precavido que correr riesgos inútiles", comentó.
No obstante, rechazó demandas de una respuesta policial más dura, argumentando que solo alivian los síntomas de una crisis social sin atacar sus causas.
Al describir la pobreza crónica como un "monstruo", Pujol presentó un cuadro de una sociedad radicalizada tras décadas de abandono.
"El monstruo es una combinación de clientelismo, corrupción y decisiones políticas y económicas tomadas contra el interés público", opinó.
"Estos jóvenes pueden portarse como imbéciles en grupo, pero a solas son niños con sueños que no desean esta violencia", aseguró.

