Análisis del ‘caso Salazar’ y la decisión pendiente en la sede de Ferraz

Las acusaciones de acoso sexual dirigidas a Paco Salazar, que el PSOE había mantenido ocultas durante meses, han explotado en la cara de la dirección del partido. Líderes socialistas advierten sobre un vacío orgánico.

Una policía custodia una Constitución a las puertas del Congreso

El centro de atención en la conmemoración oficial de los 47 años de la Constitución Española fue Francisco (Paco) Salazar. Quién lo hubiera imaginado, un asesor del presidente, Pedro Sánchez, que siempre prefirió permanecer tras escena, susurrando a los protagonistas o ejecutando instrucciones, pero sin ser visible. Poder sin visibilidad. Coordinando las primarias, sin aparecer delante de las cámaras. Diseñando la táctica para derrotar la candidatura de Susana Díaz, sin micrófono alguno. Actuando como puente entre Ferraz y Moncloa, sin que se notara. Liderando la exitosísima campaña de Salvador Illa en las elecciones catalanas de 2021, pasando noches en Moncloa durante el estado de alarma, o escuchando conversaciones en los bares de Sevilla para captar la dirección del viento político.

Actualmente, nadie sabe su paradero —no ha reaparecido ni en Andalucía ni en Madrid—, sin embargo, su nombre se coló en todas las charlas durante la recepción oficial del Día de la Constitución en el Congreso. En cada grupo de personas se hablaba sobre él, su presencia se notaba en las rápidas salidas de algunos ministros y ministras para evitar preguntas sobre el tema, e incluso en las bandejas con jamón, canapés y pasteles de nata. «Dejen de hablar y coman algo», insistían los camareros del Congreso.

Hay que reconocer que, en medio de todas las tormentas que afectan al Gobierno —se puede hablar de una especie de justicia implacable—, hay una persona que siempre enfrenta las preguntas de la prensa. La vicepresidenta primera, María Jesús Montero, asumió en la recepción la complicada tarea de tratar de explicar qué ocurrió con el caso que lleva el nombre de Salazar, un hombre cercano a la federación andaluza, a quien ella conoce bien. Montero no tiene claridad sobre las razones del error cometido, apunta a la complejidad del procedimiento jurídico para proteger el anonimato de las denunciantes, y niega categóricamente haber encubierto a Salazar.

Este asesor era valioso, aunque no lo aparentaba. Hoy da nombre a una crisis que ha golpeado al PSOE en lo que más le importa, el feminismo, aspecto en el que las apariencias parecen confirmar hechos. Lo cierto es que la dirección del partido habría intentado encubrir a quien fue denunciado por acoso sexual por parte de sus subordinadas en Moncloa, reveladas por elDiario.es. Sánchez se vio obligado a prescindir de él durante el Comité Federal en julio pasado, cuando se esperaba que fuera adjunto a la Secretaría de Organización, pero las quejas de las jóvenes —con detalles extremadamente graves y repulsivos, según palabras de una ministra, publicados por el medio que difundió la exclusiva— nunca llegaron a ser tomadas en serio por la cúpula socialista.

El caso Salazar no solo ha puesto en evidencia la influencia de este asesor. La indignación que provocó el núcleo feminista del partido generó una situación sin precedentes en el PSOE de Pedro Sánchez: una reunión en la que las responsables de Igualdad confrontaron a la nueva secretaria del área, Pilar Bernabé, exigiendo explicaciones y responsabilidades políticas por haber cerrado de manera prematura las denuncias de acoso contra Salazar. Es inusual que en los órganos internos del PSOE se escuchen críticas hacia las decisiones de la dirección. «La reunión se organizó desde abajo hacia arriba, algo que nunca sucede», explica un responsable de una federación.

El caso ha revelado públicamente una tercera realidad, resultado de la gestión particular del secretario general y presidente del Gobierno: las fallas internas, de control y de liderazgo del partido, junto con una política de Recursos Humanos que resulta desconcertante. «Pedro Sánchez ha moldeado el partido a su imagen y semejanza; la militancia está claramente alineada con el líder, pero los cuadros intermedios, los funcionarios públicos de comunidades y ayuntamientos, diputados y senadores, no tienen con quién comunicarse cuando lo necesitan. La sede de Ferraz es un caparazón vacío —o una sede vacante, por expresarlo de otro modo— en la que nadie responde. La operativa diaria de un partido requiere de un liderazgo orgánico capaz de responder en momentos de crisis. Ninguno en la dirección del PSOE puede explicar qué sucedió con las denuncias de acoso contra Paco Salazar. Más allá de las disculpas, nadie ha clarificado las razones. Ni a los cargos ni a la sociedad», relatan dirigentes socialistas.

El descontento e indignación ante la brecha existente entre el discurso feminista del PSOE y la acción concreta en este caso ha provocado, asimismo, un «sálvese quien pueda» entre la jerarquía del partido al definir el extraño curso que siguieron las denuncias. Salazar ha seguido manteniendo vínculos de asesoría con algunos ministros —almorzó con Pilar Alegría y la fotografía se publicó en Artículo 14—, ocurrieron fallos informáticos que prácticamente hicieron desaparecer las denuncias, el implicado se dio de baja en el partido sin explicaciones y el caso solo revivió tras la publicación de elDiario.es.

Quizás por esto, Sánchez ha asumido personalmente la responsabilidad sobre el caso. Las expectativas están ahora puestas en la nueva secretaria de Organización, Rebeca Torró, y en la responsable de Igualdad, Pilar Bernabé. Fuentes socialistas consultadas indican que la dirigente que sustituyó a Santos Cerdán todavía no ha logrado consolidarse en su puesto, y que la secretaria de Igualdad tiene demasiadas obligaciones como delegada del Gobierno en Valencia.

Algunos dirigentes también perciben un «divorcio» entre la base y el líder —que están muy conectados— y los cargos de federaciones, concejales y candidatos que competirán en las elecciones de tres comunidades. «Pedro Sánchez maneja a la perfección los enfrentamientos en la política nacional, es su fuerte, pero nuestros candidatos en municipios y ciudades son conscientes de la derrota que les espera. Veremos cómo pretenden salir por España defendiendo que hay que pedirle perdón a Puigdemont«.

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