El asunto Salazar ha generado una crisis interna en el PSOE, afectando tanto a la dirección nacional como a la regional andaluza, liderada por María Jesús Montero.
Antonio Hernández, vinculado estrechamente con Paco Salazar, fue destituido de sus cargos en Moncloa y en la ejecutiva andaluza, en medio de controversias por nombramientos por influencias y alianzas políticas.
El PSOE enfrenta conflictos internos debido a filtraciones, reproches y cuestionamientos sobre la gestión del área de Igualdad y la influencia de los líderes antiguos y nuevos dentro de la organización.
Las investigaciones sobre Salazar y los ajustes en la cúpula socialista han causado malestar entre las feministas del partido y han puesto en entredicho la transparencia interna.
«En este partido siempre ocurren traiciones», comenta en privado un alto miembro de la Ejecutiva, de plena confianza de Pedro Sánchez.
El caso Salazar se extiende como una mancha de aceite. En la dirección del partido ya reconocen sin tapujos que «la gestión fue deficiente», aunque lamentan que «algunos aprovechen la situación».
Esos «algunos» son en realidad compañeros.
Durante años, Francisco Salazar ha sido un guía para una nueva generación de políticos y asesores formándose en Moncloa y en el PSOE.
Sin embargo, hay dos personas con quienes mantenía vínculos especialmente fuertes, ambas en la Ejecutiva andaluza de María Jesús Montero.
El primero es el recientemente cesado Antonio Hernández, quien hasta el domingo era director de Coordinación Política, un puesto que consiguió gracias a su «amistad personal», según fuentes socialistas, con Paco Salazar.
Ambos se conocen desde hace años y mantenían contacto diario debido a su gran cercanía personal.
Hernández también desempeñaba un cargo en la Ejecutiva del PSOE andaluz como secretario de Datos, Análisis y Prospectiva.
Su destitución se coordinó con la secretaria general del PSOE-A, María Jesús Montero, a quien afectan directamente, al igual que en casos de acoso —tanto el de Salazar como el de Torremolinos—, las tensiones surgidas dentro de su federación.
La influencia que tuvo en el socialismo andaluz quien fuera mano derecha de Sánchez es extensa.
No solo contaba con un puesto en la Ejecutiva, sino que además es padrino político de Paco Rodríguez, alcalde actual de Dos Hermanas.
En esta localidad sevillana se originó el sanchismo andaluz, promovido por el anterior alcalde, el histórico Francisco Toscano, mentor político de Salazar y gran impulsor de su carrera.
De hecho, la UCO investiga si Salazar tenía un cargo en el Ayuntamiento por el que recibía 2.000 euros mensuales sin trabajar, centrándose en el periodo entre 2012 y 2017.
En aquellos años, Toscano y Salazar fueron el principal baluarte contra Susana Díaz dentro del PSOE andaluz.
Tras la salida del histórico alcalde, Dos Hermanas pasó a estar gobernada por Paco Rodríguez, quien, gracias al apoyo de Salazar, se convirtió en secretario de Organización del PSOE-A.
A menos de seis meses de las elecciones andaluzas, donde las encuestas no otorgan posibilidades al PSOE, María Jesús Montero observa cómo su Ejecutiva es cuestionada por nombramientos por influencia y alianzas internas del PSOE-A.
Los problemas, no obstante, superan el ámbito andaluz.
«Traiciones» en Ferraz
Desde hace días, el PSOE está inmerso en rumores y reproches mutuos acerca de quién pudo filtrar las denuncias contra Paco Salazar y con qué fin se difunden ahora, especialmente tras irregularidades como la desaparición de textos en la web.
La verdad es que las feministas llevan tiempo expresando su descontento dentro del PSOE.
La llegada de Santos Cerdán a la Secretaría de Organización y la posterior destitución de Adriana Lastra vinieron acompañadas de un relevo en los principales cargos de Igualdad, tanto en el Congreso como en la Ejecutiva.
Incluso se eliminó de las listas a la portavoz del PSOE en la Comisión de Igualdad, Laura Berja, para dar paso a la mano derecha de Cerdán, Juanfran Serrano, acusando de «adrianista» a la destituida.
A esto se sumó el descontento con la gestión que realizaría Irene Montero al frente del Gobierno, sobre todo tras el escándalo de la ley del solo sí es sí, cartera que las socialistas siempre consideraron vital.
Por ello, recuperar el Ministerio fue una prioridad para el PSOE tras las elecciones de 2023. La tarea se encomendó a una entonces desconocida concejala de Valladolid, Ana Redondo, quien también ingresó en la Ejecutiva, aunque su gestión no terminó de convencer ni al presidente ni al partido.
Después del Congreso de Sevilla, donde se mantuvo a Santos Cerdán, Redondo fue relevada de la Ejecutiva y se promovió a Pilar Bernabé como nueva secretaria de Igualdad, conservando su puesto en el Ministerio.
Solo unos meses después, la situación estalló: los audios de José Luis Ábalos y Koldo García intercambiando comentarios escandalosos sobre prostitutas causaron indignación en el partido.
A esto se añadió una grabación de Cerdán indicando que, sobre las comisiones, «esto se escribe y luego se elimina».
El 5 de julio, todo estaba preparado en el PSOE para que un Comité Federal promoviera a Rebeca Torró como secretaria de Organización, acompañada por tres adjuntos, entre los que destacaba Paco Salazar.
Parecía que ocuparía el tercer puesto en importancia dentro del partido, respaldado por Borja Cabezón, uno de sus colaboradores cercanos, también propuesto como adjunto.
Este madrileño de 45 años ha sido considerado desde hace tiempo una promesa constante que no termina de consolidarse, en parte por no manejar bien sus cartas internas.
En las primarias de 2017 apoyó a Susana Díaz y previamente ocupó un cargo clave en la gestora que reemplazó a Sánchez luego de su destitución por un Comité Federal.
Por eso sorprendió dentro del partido que, justo al llegar a Moncloa, Sánchez lo recuperase para un puesto importante.
Pero hubo una persona que sí confió en él: Paco Salazar. El «gestor» de Moncloa lo incorporó a su equipo. Durante 2018 y 2019 colaboraron estrechamente y conectaron muy bien bajo la dirección de Iván Redondo, jefe de Gabinete.
Moncloa incluso intentó elevar a Cabezón como director de la Casa de América en Madrid, un cargo que no obtuvo debido a la oposición del PP, que consideraba que debía ser para un diplomático de carrera.
Cuando Sánchez buscaba un equipo para reemplazar a Cerdán tras su caída, Salazar recomendó a Borja Cabezón como adjunto en el equipo de transición dirigido por Cristina Narbona.
Posteriormente, en julio, cuando se anunció el equipo encabezado por Rebeca Torró, Cabezón se mantuvo como adjunto.
«Borja está ahí por Paco», aseguran fuentes internas del partido, que insisten en que «Salazar siempre lo ha protegido».
Dentro del partido, se considera que Cabezón podría estar prolongando el proceso para proteger a su mentor político.
Por eso Sánchez, para detener los ataques contra la Secretaría de Organización, asumió «en primera persona» los «errores» del caso Salazar, intentando evitar que la mancha se extienda y perjudique una área que fue reestructurada hace apenas cinco meses.
La Secretaría de Organización tendrá la última palabra una vez que el Comité Antiacoso entregue su informe.
La salida de Salazar en julio fue aprovechada por Antonio Hernando para ganar relevancia gracias a su esposa, Anabel Mateos, también adjunta, así como por la secretaria de Organización, Rebeca Torró, con quien mantiene buena relación.
Durante estos meses, Antonio Hernando ha ido consolidando su poder hasta ser visto como «el secretario de Organización en la sombra». «Anabel es Hernando. Se nota en sus formas e incluso en sus expresiones», comentan desde una federación.
Esto dejó a Cabezón sin padrino y, en parte, apartado del día a día, asumido ahora por la dupla Mateos-Torró.
Los «protegidos» de Salazar en Moncloa
Lo cierto es que Salazar ha fomentado una generación de jóvenes con buen currículum que trabajaron bajo su mando y ahora ocupan cargos de responsabilidad.
Por eso Sánchez decidió cesar a Antonio Hernández, director del Departamento de Coordinación Política del Gabinete de la Presidencia, para evitar que se pidan responsabilidades a niveles superiores. Algo similar ocurrió cuando asumió «en primera persona» los «errores» de Ferraz.
El encargado de comunicarle el despido fue otro protegido de Salazar junto con Iván Redondo: Diego Rubio, jefe de Gabinete de Sánchez, con un currículum impecable que incluye formación en Oxford y otras universidades.
Rubio transmitió la noticia a Hernández. También María Jesús Montero le comunicó su destitución de la Ejecutiva andaluza.
Son carreras que Salazar impulsó y promovió.
Lo que ahora cuestionan las feministas del PSOE es si todos estos altos cargos nunca percibieron comportamientos extraños de Salazar —que eran bastante conocidos en Moncloa— o prefirieron guardar silencio como si nada ocurriera.

