En la provincia de Guadalajara está oculto un tesoro medieval cuya arquitectura asombra incluso a los entusiastas del románico. Un espacio silencioso, rodeado de naturaleza, que conserva uno de los conjuntos más excepcionales del arte castellano
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La escapada ideal para explorar el románico rural castellano está más cerca de lo que muchos creen, en un enclave monumental que fusiona historia medieval, arte arquitectónico y un paisaje natural privilegiado. Esta zona, ubicada a poca distancia de Madrid y rodeada por un entorno que en otoño despliega su máximo esplendor, se ha convertido en uno de los patrimonios provinciales mejor conservados de Guadalajara. La importancia artística unida a su ambiente pacífico y apartado lo hace una parada obligatoria para quienes buscan patrimonio singular y senderos atractivos para caminatas.
Se trata de la Iglesia de Santa Coloma de Albendiego, uno de los ejemplos más destacados del románico rural castellano con claras influencias mudéjares. Declarada Monumento Histórico-Artístico en 1965 y actualmente reconocida como Bien de Interés Cultural, se ubica en la Sierra Norte de Guadalajara, cercana al pequeño municipio de Albendiego y a pocos kilómetros de Sigüenza. Su localización, junto al río Bornova y a corta distancia del núcleo urbano, ofrece un escenario que combina naturaleza exuberante y arquitectura medieval, creando una imagen que parece detenida en el tiempo.
Una cabecera románica incomparable en España
El aspecto más llamativo del templo es su magnífica cabecera, compuesta por un ábside semicircular y dos absidiolos laterales. Destacan tres ventanales abocinados con columnas triples de evidente estilo mudéjar, decoradas con figuras geométricas que forman estrellas, triángulos y círculos. Estas celosías, posiblemente fabricadas por artesanos mudéjares y relacionadas por algunos expertos con la Orden de San Juan, constituyen uno de los conjuntos más selectos del arte medieval en Guadalajara. En el interior, la estructura refleja la transición entre bóvedas de cañón y bóvedas de crucería, visible en los fustes esquinados diseñados para recibir nervaduras.
También se aprecian detalles distintivos en los ábsides laterales, donde se abren ventanales ajimezados coronados por un pinjante tallado con el símbolo de Salomón. La portada tardogótica del siglo XV, la espadaña y los vestigios de la antigua nave—reconstruida posteriormente—completan un conjunto que resume siglos de historia monástica. El recorrido que lleva desde Albendiego hasta la ermita, adornado con crucetas de calvario y un entorno natural frondoso, convierte la visita en una experiencia sosegada y profundamente cultural, ideal para quienes valoran el patrimonio auténtico a poca distancia de Madrid.
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