La Constitución celebra 47 años mientras cinco figuras clave de la Transición alertan sobre riesgos para la democracia

Virgilio Zapatero (PSOE). Antonio Hernández Mancha (AP), Antoni Duran Lleida (CiU), Ramón Tamames (PCE) y José Manuel Otero Novas (UCD).

Cinco figuras esenciales de la Transición alertan sobre retrocesos de la democracia española, señalando el incremento del populismo y la polarización política.

Dentro de las iniciativas para reforzar la democracia, destacan la elección directa del presidente, reformas en el Senado y limitar la presencia de partidos nacionalistas en el Congreso.

Varios protagonistas sostienen que el rol de Juan Carlos I y el diálogo entre antiguos contrincantes fueron elementos clave para el éxito de la Transición.

Se apunta la carencia de estabilidad política, la presión ejercida por minorías y la necesidad de acuerdos de Estado en asuntos como educación, pensiones y economía.

Aunque en 1978 pocos lo esperaban, la Constitución española se aproxima a cumplir cincuenta años de vigencia: este sábado se conmemoran 47 años desde su aprobación por referéndum.

Hoy resulta complicado imaginar las dificultades que debió superar para consolidarse.

Cinco políticos de diferentes partidos, entrevistados por EL ESPAÑOL, que fueron testigos directos del «milagro» de la Transición, no lo han olvidado.

Aunque con diversas perspectivas, coinciden en que la democracia actual enfrenta un retroceso (el «sarampión del populismo«, según Hernández Mancha) y proponen soluciones para revitalizarla.

José Manuel Otero Novas, exministro de Suárez, opina que se está viviendo una «evolución hacia la fragmentación nacional». Sugiere que el presidente del Gobierno sea elegido directamente por los ciudadanos, en lugar de por el Congreso.

Virgilio Zapatero, exministro con Felipe González, insta a PP y PSOE a dejar atrás la «polarización tóxica» para consensuar una reforma constitucional.

Antonio Hernández Mancha, que lideró Alianza Popular (AP) durante dos años antes de su refundación, propone que los partidos nacionalistas sólo accedan al Congreso si alcanzan al menos un 5% del voto a nivel nacional, para evitar su «extorsión».

Ramón Tamames, exdiputado del PCE y candidato en la moción de censura de Vox contra Pedro Sánchez, señala un «clima inconstitucional» debido a la negativa del Ejecutivo a respetar la independencia de poderes.

También sostiene que la Administración central debe recuperar competencias cedidas a las comunidades autónomas.

Josep Antoni Duran Lleida, conocido por su papel conciliador en el nacionalismo catalán durante dos décadas, reconoce que la presión militar fue el mayor obstáculo durante la Transición.

Actualmente demanda acuerdos estatales en educación, pensiones y el futuro económico.

José Manuel Otero Novas fue ministro de Educaciòn y Presidencia en los gobiernos de UCD.

José Manuel Otero Novas (UCD)

Jurista de Estado, José Manuel Otero Novas (Vigo, 1940) fue director general de Interior en el Ministerio de Gobernación con Manuel Fraga entre 1975 y 1976, en los meses tras la muerte de Franco.

Posteriormente colaboró estrechamente con Adolfo Suárez, desempeñando cargos como subsecretario técnico en Moncloa, ministro de Presidencia (1977-79) y de Educación (1979-80) en gobiernos de la UCD.

¿Cuál considera que fue el mayor obstáculo a superar durante la Transición para lograr la llegada de la democracia?

El momento crucial para alcanzar un cambio pacífico, que fue nuestro propósito, fue la aprobación de la Ley para la Reforma Política en 1976.

No fue obra exclusiva del Gobierno Suárez; la oposición emergente también participó, a pesar de las grandes diferencias que existían oficialmente.

El PSOE y el PCE denunciaron la ley ante el Consejo de Europa y recomendaron la abstención en el referéndum. Aunque con reticencias, en realidad creo que deseaban su aprobación.

No estoy seguro de si Carrillo estaba en España en aquel momento, pero Felipe González, pese a su discurso, seguro que votó sí.

Hubo otros momentos importantes, pero el enorme respaldo a esta ley, avalado también por el 80% de los procuradores franquistas, permitió que el cambio fuera posible.

Han pasado 47 años. ¿Cree que la democracia española se ha deteriorado o sigue siendo sólida?

Todo régimen democrático presenta múltiples defectos, el nuestro también.

Hasta hace poco, nunca sentí la necesidad de respaldar la Constitución porque parecía garantizada. Pero ahora existe la percepción creciente de que el sistema democrático está en riesgo.

Se observa una tendencia hacia la desintegración nacional. Hay fuerzas anticonstitucionales como Podemos, algunos partidos catalanes y vascos…

En cada Legislatura, al menos seis veces el Gobierno debe apoyarse en minorías periféricas que, de esta forma, imponen y obtienen sus demandas.

Los gobiernos son empujados, como truchas pescadas en un río. Hoy en día, siete diputados catalanes tienen más poder que 200.

Esta dinámica conduce a la quiebra del Estado y propicia que resurjan viejos fantasmas y que algunos intenten romper la Constitución, la Corona…

¿Qué reformas considera necesarias para solucionar estas problemáticas?

Hemos presentado diversas propuestas, dentro del marco constitucional, a través del Instituto de Estudios de la Democracia de la Universidad CEU-San Pablo.

Entre ellas, modificar el sistema de elección del presidente para que sea elegido directamente por la ciudadanía y no por el Parlamento.

Esto eliminaría la presión que a veces dirige la política desde Bruselas [Waterloo] o Bilbao.

También propone suprimir las enmiendas a la totalidad de las leyes, que suelen generar momentos vergonzosos de chantaje.

¿Cuál es su valoración sobre el papel de Juan Carlos I en la Transición?

Hubo personas que tuvieron un mérito excepcional, como Adolfo Suárez, quienes le apoyamos y los principales partidos.

Pero sin Juan Carlos I, la reforma democrática no hubiera sido posible.

Aunque heredó el poder de Franco, decidió renunciar a él para facilitar una transición pacífica de la dictadura a la democracia.

Poseía la autoridad para guiar a los dirigentes franquistas —algunos dispuestos al cambio y otros no— quienes no habrían avanzado sin ese impulso.

¿Cómo valora el gobierno de Pedro Sánchez, que perdió la mayoría para aprobar leyes y presupuestos?

El gobierno de Pedro Sánchez está llevando al país a una situación de ridículo absoluto.

Virgilio Zapatero fue ministro de Felipe González entre 1986 y 1993.

Virgilio Zapatero (PSOE)

Doctor en Derecho, Virgilio Zapatero (Cisneros, 1946) fue diputado en las Cortes Constituyentes de 1977 por el PSOE. Más tarde fue ministro de Relaciones con las Cortes (1986-1993) durante el Gobierno de Felipe González.

Ha ejercido como rector y catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).

¿Cuál fue el mayor reto para conseguir la llegada de la democracia en la Transición?

Lo esencial, y complicado entonces, fue reconocernos mutuamente como interlocutores legítimos, tanto quienes veníamos de la represión como quienes pertenecíamos a la oposición: derechas, izquierdas, independentistas…

Vernos como adversarios, no como enemigos. Para lograrlo, era indispensable enfatizar lo que nos unía y los consensos existentes.

Eso es lo que representa la Constitución y constituye el gran logro de la Transición.

El punto de partida fue la amnistía, permitiendo que todos participaran en el diálogo y en el acuerdo.

¿Considera que la democracia española ha ido en deterioro o sigue siendo fuerte tras 47 años?

El principal problema actual es la polarización social, que resulta dañina cuando afecta al funcionamiento institucional.

Ha regresado la lógica amigo-enemigo planteada por Carl Schmitt.

Se están levantando barreras, cavando trincheras, y desaparecen los puentes entre partidos.

¿Qué reformas son necesarias para afrontar estos problemas?

Primero, recuperar una forma distinta de hacer política, donde nos veamos como adversarios, no enemigos.

Si se logra eso, sería necesario reformar la Constitución. Siempre he defendido que es preferible una reforma constitucional antes que modificar su contenido por vías irregulares.

Dicha reforma sólo será viable si PP y PSOE, como los dos partidos principales que sustentan la Constitución, llegan a un acuerdo previo. Otros ya están en posición de debilitarla o reemplazarla.

Entre las reformas urgentes se encuentra la actualización del Senado para que sea una Cámara de representación territorial efectiva.

¿Cómo valora la contribución de Juan Carlos I en la Transición?

Desde la perspectiva institucional, que me interesa especialmente, su actuación fue excelente para recuperar la democracia y desarrollar la Constitución durante muchos años de su reinado.

¿Qué opinión tiene sobre el Gobierno de Pedro Sánchez tras perder la mayoría parlamentaria?

Lo he declarado en EL ESPAÑOL: o Presupuestos o elecciones.

En una democracia parlamentaria, el Gobierno debe contar con dos confianzas esenciales: la investidura y la aprobación anual de los Presupuestos, que reflejan su programa financiero.

No es posible gobernar al margen del Parlamento ni sin Presupuestos, pues ello implica un deterioro grave del sistema parlamentario.

El Parlamento juega un papel fundamental y no puede ser marginado como está ocurriendo, lo cual considero un problema serio.

Antonio Hernández Mancha fue presidente nacional de Alianza Popular entre 1987 y 1989.

Antonio Hernández Mancha (AP)

Pocos meses después de la entrada en vigor de la Constitución, Antonio Hernández Mancha (Guareña, 1951) fundó la Alianza Popular (AP) de Andalucía en el Congreso de Fuengirola en 1979.

«Hasta entonces, el partido era una organización netamente centralista», comenta a EL ESPAÑOL, «pero al ver que funcionaba, Fraga me pidió los estatutos para replicarlos en Galicia».

Presidió Alianza Popular durante casi dos años, entre 1987 y 1989, después de vencer en unas primarias a uno de los padres de la Constitución, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón.

Más tarde, Fraga retomó la jefatura para refundar el partido antes de cederlo a Aznar.

¿Cuál fue la mayor dificultad durante la Transición para que la democracia llegara?

La gran ignorancia sobre cómo construir un régimen democrático inclusivo, donde partidos con ideologías opuestas pudieran coexistir.

UCD carecía de una ideología doctrinal propia, aglutinando desde socialistas como Fernández Ordóñez hasta liberales como Óscar Alzaga.

Pero la necesidad creó la función: UCD fue el instrumento para crear un movimiento de Transición, y cuando este se hizo real, perdió su razón de ser.

El temor a una nueva guerra civil y evitar un enfrentamiento tan severo como el anterior motivaron el acuerdo y el éxito de la Constitución.

También contribuyeron figuras como la Pasionaria o Santiago Carrillo, quienes tuvieron protagonismo en aquel conflicto.

Luego de 47 años, ¿cree que la democracia española está deteriorada o continúa firme?

La democracia no está en riesgo en España ni en ningún otro lugar; es eterna.

En todo caso, está sufriendo un brote, un uso indebido vinculado a lo que hoy llamamos populismos, que no difieren mucho de los demagogos de la antigua Grecia.

¿Qué reformas o cambios son necesarios para resolver estos asuntos?

No considero adecuado en este momento hablar de reformar la Constitución.

El problema de España solo se puede afrontar contando con Europa. Ya vimos al Consejo de Ministros aplaudir a Pedro Sánchez por traer 156.000 millones en fondos europeos.

Dependemos económicamente y jurídicamente de Europa. El 70% de nuestras normas proceden ya de la UE.

La aplicación de la ley de amnistía está ahora en manos del Tribunal de Justicia de la UE (TJUE), a pesar de que el Tribunal Constitucional haya intentado sustituir su función.

Mario Draghi y Enrico Letta han planteado la necesidad de un Ejecutivo europeo con una voz unificada, no 27 líderes que se reúnen intentando ponerse de acuerdo.

Nuestro sistema parlamentario permite situaciones como el actual Gobierno de fragmentos que carece de cohesión.

El Parlamento europeo solo admite partidos que alcancen al menos un 5% del voto en su circunscripción.

Esa norma debería aplicarse en todos los países para evitar que pequeñas minorías con el 1% del voto gobiernen en un país de 50 millones.

Pretender resolver nuestros problemas únicamente dentro de nuestras fronteras está condenado al fracaso; es difícil sin la estructura europea.

¿Cómo valora el papel de Juan Carlos I en la Transición?

Su aportación fue clave. Si no hubiera actuado como lo hizo, la democracia habría llegado más tarde y con más obstáculos.

Comprendió que España necesitaba una monarquía de estilo europeo, semejante a la inglesa.

Inspiró a los políticos a moverse, sin que él asumiera el liderazgo directo.

Logró paz, democracia y convivencia.

Más por intuición política que por formación, y gracias a su personalidad y carisma, supo manejarse con políticos de todas las ideologías.

Sin él, la Transición no habría sido un proceso tan ejemplar.

¿Cómo califica al Gobierno de Pedro Sánchez, que perdió la mayoría para leyes y presupuestos?

Pedro Sánchez formó un Gobierno fragmentado, con partidos que no buscan el interés general, sino sus propios beneficios, aprovechándose de la debilidad gubernamental mediante presión y extorsión.

La Constitución les importa poco; solo buscan sacar ventaja de la fragilidad del Ejecutivo.

Tal vez, con mayoría suficiente, Sánchez no habría sido tan perjudicial. Pero es rehén de su propia debilidad. Además, existe contradicción entre su feminismo proclamado y el entorno de corrupción que lo rodea.

Ramón Tamames fue diputado del PCE en las Cortes Constituyentes de 1977.

Ramón Tamames (PCE)

Ramón Tamames (Madrid, 1933) se afilió al PCE tras ser encarcelado en Carabanchel durante las protestas universitarias de 1956, junto a figuras como Fernando Sánchez Dragó, el poeta falangista Dionisio Ridruejo y Enrique Múgica.

Catedrático de Estructura Económica desde 1968, fue diputado por el PCE en las Cortes Constituyentes y concejal en el Ayuntamiento de Madrid. Renunció al PCE en 1981 por diferencias con Santiago Carrillo.

En 2023, fue candidato en la moción de censura fallida propuesta por Vox contra Pedro Sánchez.

¿Cuál fue el mayor desafío durante la Transición para permitir la llegada de la democracia?

No existió un obstáculo importante, ya que la mayoría coincidía. Es cierto que había personajes como Blas Piñar, pero carecían de peso.

La inmensa mayoría parlamentaria apoyaba la idea de una Constitución.

El Título VIII relativo a las autonomías fue el más polémico, pues algunos lo veían como el inicio del separatismo.

Se evitó emplear el término «nación» para las comunidades autónomas, optando por «nacionalidades», término usado por Pi y Margall.

Torcuato Fernández-Miranda no lo aceptó y se retiró de la política parlamentaria, pero a Suárez no le incomodó; fue una concesión.

Después de 47 años, ¿cree que la democracia española está deteriorada o continúa vigente?

Ha sufrido un notable deterioro debido al proceder de Pedro Sánchez al no respetar la separación de poderes.

Ya nadie confía en la independencia del Tribunal Constitucional, situación similar ocurre con el CGPJ.

Me parece erróneo hablar de magistrados progresistas o conservadores. En el Poder Judicial no deberían existir tales divisiones.

La única ideología en una institución así debería ser la defensa de la democracia, aplicando la ley de manera imparcial.

Sánchez ha utilizado la Constitución a su antojo, incluso con la ley de amnistía.

¿Qué reformas considera necesarias para solventar estas problemáticas?

Me gusta bastante la Constitución, aunque el Título VIII otorga demasiadas competencias a las comunidades autónomas.

El concepto de nación se está erosionando. El medio ambiente debería ser gestionado a nivel nacional, igual que la sanidad, aunque su administración pueda descentralizarse.

¿Qué valoración hace del papel de Juan Carlos I en la Transición?

Actuó razonablemente bien. Junto a Suárez y Torcuato impulsaron la Ley de Reforma Política, que recibió solo 59 votos negativos en las Cortes franquistas. Posteriormente, la población avaló mayoritariamente la democracia.

La Constitución no fue una conquista popular como algunos dicen ahora, sino un acuerdo entre falangistas que aspiraban a la democracia y quienes desde 1956 promovían la reconciliación.

La Constitución representa pacto y reconciliación.

¿Cómo ve al Gobierno de Pedro Sánchez tras perder la mayoría para legislar y aprobar presupuestos?

Pedro Sánchez afirma: «El tiempo pondrá las cosas en su lugar». Sin embargo, existen sospechas sobre su hermano, imputaciones a su esposa y dudas sobre su posible participación en la distribución de sobresueldos…

Por eso intentan controlar o desmantelar la UCO desde Moncloa.

Vivimos en un clima completamente inconstitucional, generado por la coalición de investidura formada por Pedro Sánchez y sus aliados.

Josep Antoni Duran Lleida fue diputado nacional durante 22 años y secretario general de CiU.

Josep Antoni Duran Lleida (CiU)

Licenciado en Derecho, Josep Antoni Duran Lleida se incorporó en 1977 a la dirección de Unió Democrática de Catalunya (partido fundado en 1931 durante la República) y en 1978 entró a la ejecutiva de Convergència i Unió (CiU), donde fue secretario general durante 13 años (2001-2014).

Fue diputado nacional durante 22 años, en dos periodos: 1982-1993 y 2004-2015. Además, fue diputado en el Parlament y conseller de Gobernación de la Generalitat (1999-2001) bajo la presidencia de Jordi Pujol.

¿Cuál fue la mayor dificultad durante la Transición para hacer posible la llegada de la democracia?

La presión de los militares.

La Transición implicó un acuerdo entre quienes desde la oposición reclamaban libertad y democracia, y quienes desde el régimen estaban dispuestos a otorgarlas.

Pero existía un freno, los militares, lo que se evidenció en el golpe del 23-F.

Tras 47 años, ¿considera que la democracia española está deteriorada o sigue siendo sólida?

Como todas las democracias, la española puede mejorar, pero sigue ubicándose en un lugar destacado en los rankings mundiales de democracia.

En los últimos años han surgido problemas, no originados por la Constitución sino por la interpretación que hacen los partidos y la polarización existente.

Las listas cerradas otorgan un poder casi absoluto a las cúpulas partidarias.

Como resultado, en la práctica no existe un verdadero control del Legislativo sobre el Ejecutivo.

Es el Ejecutivo quien controla al Legislativo, dado que los diputados votan conforme a lo que les indica el partido.

Esto podría solucionarse sin reformar la Constitución, modificando la Ley Electoral para eliminar las listas cerradas.

¿Qué otros cambios o reformas considera necesarios para solucionar estos problemas?

Se necesita un pacto de Estado en educación, pensiones y otras áreas económicas.

Sin embargo, la polarización actual impide cualquier acuerdo que permita avanzar en esas reformas.

La Transición se basó en diálogo y en que todos cedieran algo para que todos ganaran, mientras que ahora se considera al adversario un enemigo a derrotar.

Respecto a la Constitución, el principal problema radica en la imposibilidad actual para reformarla y las razones detrás de ello.

¿Qué opinión tiene sobre el papel que Juan Carlos I desempeñó en la Transición?

Tuvo un papel relevante. No fue único, pero sí fundamental.

También participaron las fuerzas democráticas y, dentro de ellas, algunos líderes que, pese a haber estado enfrentados, supieron reconciliarse.

¿Cómo valora la situación del Gobierno de Pedro Sánchez, que ha perdido la mayoría para aprobar leyes y presupuestos?

La primera responsabilidad de un político es garantizar la estabilidad, algo que claramente hoy no existe.

Vivimos en una incertidumbre constante, que es lo opuesto a la estabilidad imprescindible para un país que requiere avanzar en reformas.

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