Transformación de uno de los desiertos más secos en Perú en una importante zona productora de alimentos

Un hombre sentado y una mujer de pie junto a a dos torres de cajas de fruta en una explotación agrícola en Perú.

Fuente de la imagen, Sebastián Castaeda / Getty

    • Autor, Guillermo D. Olmo
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  • 40 minutos

En las extensas llanuras desérticas de la región de Ica, Perú, durante las últimas décadas se han desarrollado vastas plantaciones de arándanos y otras frutas.

Hasta los años 90 era impensable que esta zona del desierto costero peruano, donde a simple vista solo se apreciaban polvo y océano, se transformara en un relevante centro agrícola.

Sin embargo, esto ha ocurrido no solo aquí, sino en gran parte del litoral desértico del país, donde han surgido numerosas grandes plantaciones de frutas poco convencionales como espárragos, mangos, arándanos y aguacates (o paltas, como se denominan localmente).

La amplia franja que recorre Perú paralelamente al Pacífico y a la cordillera de los Andes se ha transformado en un enorme huerto y en el núcleo de una floreciente industria agroexportadora.

De acuerdo con datos del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego de Perú, entre 2010 y 2024 las exportaciones agrícolas del país crecieron a una tasa anual promedio del 11%, alcanzando en 2024 un récord de US$9.185 millones.

Perú se ha posicionado en estos años como el mayor exportador global de uvas de mesa y arándanos, una fruta que prácticamente no se cultivaba allí antes de 2008; su capacidad para producir en grandes cantidades durante temporadas difíciles para el Hemisferio Norte ha consolidado al país como una potencia agroexportadora y un proveedor principal para Estados Unidos, Europa, China y otros mercados.

Pero, ¿qué efectos ha tenido esta expansión? ¿Quién obtiene los beneficios? ¿Es viable mantener este auge agroexportador en Perú?

Cómo comenzó todo

El desarrollo de la industria agroexportadora peruana empezó en los años 90, durante el mandato del presidente Alberto Fujimori, cuando el gobierno aplicó reformas liberales para revitalizar una nación afectada por extensas crisis económicas e hiperinflación.

Primer plano de una planta de arándanos. Una mano los sujeta.

Fuente de la imagen, Klebher Vásquez / Getty

"Los fundamentos se establecieron mediante la reducción de aranceles, la promoción de inversión extranjera en Perú y la disminución de costos administrativos para las firmas; la meta era potenciar sectores con capacidad exportadora", explicó a BBC Mundo César Huaroto, economista de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

"Inicialmente, la atención se enfocó en la minería, pero hacia finales del siglo surgió un grupo empresarial interesado en el potencial del sector agroexportador".

No obstante, solo leyes favorables y buenas intenciones no eran suficientes.

La agricultura a gran escala en Perú enfrentaba barreras tradicionales, como suelos poco fértiles en la Amazonía y el terreno accidentado de los Andes.

Ana Sabogal, especialista en ecología vegetal y transformación antropogénica de ecosistemas en la Pontificia Universidad Católica del Perú, comentó a BBC Mundo que "la inversión privada de grandes agricultores, más dispuestos al riesgo que los pequeños, impulsó innovaciones técnicas como el riego por goteo y el desarrollo de sistemas de riego".

Superar la escasez de agua en el desierto posibilitó iniciar cultivos en un área tradicionalmente impropia para la agricultura y aprovechar las singulares condiciones climáticas, lo que expertos denominan un "invernadero natural".

"La zona carecía de agua, pero al incorporarla se convirtió en tierra extremadamente fértil", afirmó Huaroto.

Esto, junto con avances genéticos como el desarrollo local del cultivo de arándanos, permitió que Perú ampliara en aproximadamente un 30% su superficie cultivable en su desierto costero, según cálculos de Sabogal.

"Fue un crecimiento enorme y sorprendente en la agroindustria", resumió la experta.

Actualmente, regiones como Ica y Piura al norte se han transformado en importantes centros agrícolas, y la agroexportación es uno de los pilares económicos de Perú.

Un hombre trabaja la tierra en el campo peruano.

Fuente de la imagen, Ernesto Benavides / Getty

Qué efectos ha provocado

Según la Asociación de Exportadores ADEX, en 2024 las exportaciones agrícolas representaron un 4,6% del Producto Interno Bruto (PIB) peruano, muy superior al 1,3% registrado en 2020.

El impacto económico y ambiental es profundo y presenta aspectos positivos y negativos.

Quienes apoyan esta expansión resaltan las ventajas económicas, en cambio sus detractores señalan los elevados consumos de agua en áreas con escasez y problemas de suministro para la población.

El economista César Huaroto dirigió un estudio para analizar el auge agroexportador en la costa peruana.

"Descubrimos que la industria agroexportadora funcionó como motor para la economía local, aumentando empleo formal en regiones donde predominaba la informalidad y elevando los ingresos promedio de los trabajadores", afirmó.

Sin embargo, los beneficios no llegan a todos por igual.

"Los pequeños agricultores independientes encuentran dificultades para contratar mano de obra debido a los salarios más altos y también enfrentan mayores obstáculos para acceder al agua necesaria para sus cultivos".

De hecho, la agroexportación está desplazando prácticas agrícolas tradicionales y alterando la estructura social y la propiedad en amplias zonas del país.

"Muchos pequeños propietarios observan que sus terrenos ya no son rentables, por lo que deciden venderlos a grandes empresas", señaló Huaroto.

No obstante, según el mismo economista, "varios pequeños agricultores reconocen que la agroindustria les ha brindado empleo a miembros de su familia".

El desafío del agua

En años recientes, la discusión sobre los beneficios reales del negocio agroexportador para Perú se ha intensificado.

El principal foco de las críticas se centra en el recurso hídrico.

"Con una fuerte escasez de agua y una porción significativa de la población peruana sin abastecimiento domiciliario, el debate sobre la agroexportación se ha vuelto muy intenso", afirma Huaroto.

La activista local Charo Huaynca comentó a BBC Mundo que "en Ica existe un conflicto por el agua, ya que no hay suficiente para todos".

Una mujer junto a cubos de agua en una calle sin asfaltar de Perú.

Fuente de la imagen, Martín Bernetti / Getty

El tema del agua ha generado controversia en esta región árida desde hace tiempo.

Mientras muchos pobladores deben conformarse con el suministro que les llega en camiones cisterna y almacenarlo para cubrir sus necesidades básicas, las grandes áreas cultivadas para agroexportación cuentan con pozos propios y prioridad en el acceso al agua proveniente de trasvases desde la vecina zona de Huancavelica.

"Supuestamente está prohibida la perforación de nuevos pozos, pero cuando inspectores de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) intentan entrar en estas propiedades, se les niega el acceso con el argumento de que es terreno privado", denuncia Huaynca.

BBC Mundo intentó obtener comentarios de la ANA y el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego de Perú, sin éxito.

Huaynca advierte señales del agotamiento del acuífero subterráneo que suministra gran parte del agua en Ica.

"Antes bastaba con cavar cinco metros, ahora es necesario alcanzar entre 10 y 15 metros para hallar agua".

Siendo una zona con muy escasas precipitaciones, la mayor parte del agua en Ica se extrae del subsuelo.

"Los pequeños agricultores denuncian que se les exige pagar elevados montos por el agua, mientras las grandes explotaciones disponen de reservorios y piscinas que llenan y administran mediante técnicas de riego tecnificado", señala Huaynca.

Grupos de personas recogen frutos en una explotación agrícola peruana.

Fuente de la imagen, Sebastián Castaeda / Getty

En esta misma zona se cultivan las uvas empleadas para elaborar el famoso pisco, aguardiente que es una fuente de orgullo nacional, aunque esta producción también está siendo cuestionada.

"Algunos argumentan que la uva es principalmente agua con azúcar, por lo que exportar uvas y sus derivados equivale a exportar agua", afirma Sabogal.

En Ica, el desafío consiste en compatibilizar el auge de la agroexportación con la conservación ambiental y las necesidades de la población.

"Cada proceso electoral trae de nuevo este tema, pero nunca llegan soluciones concretas. Es imprescindible definir un modelo para hacer sostenible la economía de Ica a largo plazo, porque sin agua, la economía colapsará", reclama Huaynca.

Este reto, en realidad, afecta a toda la agroexportación peruana.

"La situación actual no es viable a largo plazo. Es positivo que la agroindustria genere ingresos y divisas, siempre que se garantice la cantidad necesaria de agua para la población y los ecosistemas", concluye Sabogal.

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