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Israel y Hamás firmaron el 10 de octubre pasado un acuerdo de cese al fuego destinado a terminar dos años de conflicto que han destruido gran parte de la Franja de Gaza.
Seis semanas después de la implementación de este alto el fuego, la violencia persiste en Gaza, donde los civiles palestinos continúan perdiendo la vida diariamente debido a disparos y ataques israelíes.
Aunque la violencia ha disminuido su intensidad, ello no ha impedido que el número de víctimas palestinas siga en aumento, aunque a un ritmo más lento.
La asistencia humanitaria ha comenzado a ingresar nuevamente a la Franja tras meses de bloqueo estricto, pero la cantidad sigue siendo insuficiente para cubrir las necesidades de una población mayoritariamente desplazada y con infraestructuras casi destruidas.
El cese de hostilidades permitió a la ONU reabrir las escuelas que administra en Gaza, la mayoría dañadas por los bombardeos y que continúan funcionando como refugios para numerosas familias. Por su parte, el sistema sanitario permanece frágil, con solo 36 hospitales parcialmente operativos, según Naciones Unidas.
A pesar de estar muy debilitado, Hamás se rehúsa a desarmarse, como evidenció al día siguiente del alto el fuego, cuando desplegó a 7.000 milicianos armados para reafirmar el control en áreas de Gaza desalojadas por las tropas israelíes. Sin embargo, su dominio está siendo cuestionado por varios grupos armados que han surgido en la Franja, dispuestos a enfrentarlo.
En medio de esta situación, la población palestina espera que avance el plan de paz presentado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, del cual el cese de hostilidades es solo una etapa inicial, para poder iniciar la reconstrucción en un territorio mayormente controlado por el ejército israelí.
Más de 350 muertos en ataques israelíes
El flujo constante de víctimas desde la entrada en vigor del alto el fuego no se ha detenido.
Desde entonces, más de 350 personas han fallecido en Gaza debido a ataques israelíes, elevando a 70.100 el total de víctimas palestinas desde el inicio del conflicto el 7 de octubre de 2023, muchas de ellas mujeres y niños, según el ministerio de Salud de Gaza.
El ejército israelí sigue apuntando a los milicianos de Hamás, pero la mayoría de los fallecidos son civiles, como el fotógrafo Mahmud Wadi, que murió este martes en un ataque con dron en Jan Yunis, o los hermanos Fadi y Juma Abu Assi, de 8 y 11 años, quienes, según su familia, buscaban leña para cocinar al este de dicha ciudad cuando el pasado sábado fueron alcanzados por fuego israelí.
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) informaron a la BBC que dispararon contra dos sospechosos que cruzaron la Línea Amarilla.

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Esta frontera, que delimita el área a la que Israel acordó retirarse tras el alto el fuego, no está clara para muchos palestinos, generando a veces consecuencias fatales.
No obstante, los fallecimientos no se han limitado a la proximidad de la Línea Amarilla. Israel ha realizado bombardeos en zonas densamente pobladas como respuesta, según las FDI, a ataques perpetrados por Hamás.
En uno de estos bombardeos, ocurrido la noche del 28 de octubre, fallecieron 104 palestinos en una serie de ataques en Ciudad de Gaza, Beit Lahia, Bureij, Nuseirat y Jan Yunis, según el ministerio de Salud de la Franja. Israel afirmó que atacó «decenas de blancos terroristas».
Tanto las FDI como Hamás se han acusado mutuamente en múltiples ocasiones de incumplir el alto el fuego.
El 21 de noviembre pasado, Ricardo Pires, portavoz de Unicef, destacó que desde el cese de hostilidades, en Gaza mueren en promedio dos niños diariamente.
«No son solo cifras, cada niño tenía una familia, un sueño, una vida que se ha visto truncada repetidamente por la violencia sostenida», declaró Pires ante los periodistas.
Qué ha ocurrido con la ayuda humanitaria
El bloqueo severo impuesto por Israel en Gaza durante meses antes del alto el fuego, que restringió la entrada de ayuda humanitaria, provocó una hambruna que, de acuerdo con denuncias de la ONU, causó la muerte de más de 200 personas.
El acuerdo firmado entre Israel y Hamás preveía que 600 camiones con ayuda humanitaria ingresaran diariamente a la Franja para cubrir las necesidades básicas de sus 2,1 millones de habitantes.
Sin embargo, pese a que desde el 10 de octubre Israel flexibilizó los controles y permitió la entrada de asistencia, los niveles necesarios aún no se alcanzan, según Naciones Unidas.
El acceso humanitario continúa muy limitado, como denunciaron recientes expertos de Naciones Unidas, debido en parte a que solo se han reabierto dos de los seis cruces fronterizos.
«La cantidad de camiones de ayuda que entran en Gaza nunca ha alcanzado la meta diaria de 600 y a menudo ha sido menos de la mitad», afirmaron expertos, entre ellos Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para los territorios palestinos.
Amnistía Internacional también ha denunciado que Israel mantiene bloqueada «la entrada de equipos y materiales necesarios para reparar infraestructuras esenciales y remover municiones sin detonar, escombros contaminados y aguas residuales», según un comunicado reciente de la organización.
Israel asegura que desde el alto el fuego han ingresado diariamente entre 600 y 800 camiones con alimentos, suministros para refugios y material médico, así lo informó la Coordinadora de Actividades Gubernamentales en los Territorios (COGAT). Según sus cifras, el 41% de estos camiones están destinados al sector privado.
Según OCHA, la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, aunque la frecuencia con la que los habitantes de Gaza comen ha mejorado en la mayoría de los hogares, «el consumo de alimentos continúa muy por debajo de los niveles previos al conflicto», y la dieta se limita principalmente a cereales, legumbres y cantidades moderadas de lácteos y aceite, con acceso muy reducido a alimentos nutritivos como carne, verduras y frutas.

Sami Matar, de la ONG Anera que opera una cocina comunitaria en Gaza, relató a la BBC: «Estamos obligados a preparar principalmente tres tipos de comidas semanalmente: arroz, pasta y lentejas (…) Hace falta una alimentación más variada que incluya verduras frescas y proteínas esenciales como carne y pollo».
Estos productos, afirma, «no pueden ingresarse a Gaza para su distribución humanitaria» y solo los importan comerciantes locales, aunque muchos habitantes de Gaza carecen de recursos económicos para adquirirlos.
La Fundación Humanitaria de Gaza (GHF, por sus siglas en inglés), creada por Estados Unidos e Israel para eludir el sistema tradicional de ayuda de la ONU, cesó sus operaciones seis meses después de su inicio. Durante sus caóticas entregas de alimentos, cientos de personas murieron debido a disparos israelíes.
Ubicación del ejército israelí
El acuerdo de alto el fuego estipuló que el ejército israelí se retiraría de Gaza «de acuerdo con estándares, hitos y plazos» que deberían ser consensuados por todas las partes involucradas.
Un mapa difundido por la Casa Blanca mostró entonces las tres fases propuestas para la retirada israelí, dejando en la primera, única acordada hasta ahora, bajo control israelí un 53% de Gaza, incluyendo toda la franja que limita con Israel.
En etapas posteriores, ese porcentaje debería reducirse al 40% en la segunda fase y al 15% en la última, creando una especie de «perímetro de seguridad» que permanecería hasta que Gaza esté suficientemente protegida contra cualquier resurgimiento de amenazas terroristas.
Actualmente, las FDI se mantienen tras la llamada Línea Amarilla, en un área que, según una investigación de BBC Verify basada en vídeos e imágenes satelitales, es más extensa de lo previsto en el acuerdo con Hamás.
En algunos puntos, los marcadores colocados por las tropas israelíes para delimitar la frontera están situados cientos de metros más hacia el interior de la Franja que lo esperado según la línea establecida para la retirada.
En esta zona, Israel también ha destruido vecindarios completos mediante lo que parecen demoliciónes deliberadas. BBC Verify calculó que al menos 1.500 edificaciones fueron derribadas en el mes posterior al alto el fuego.

Israel sostiene que estas demoliciones no incumplen lo pactado, ya que el acuerdo señala que «todas las infraestructuras terroristas, incluidos túneles, deben desmontarse en Gaza. Israel actúa en respuesta a amenazas, violaciones e infraestructura terrorista», afirmó un portavoz de las FDI.
Sin embargo, algunos expertos y especialistas en derecho internacional consideran que estas demoliciónes podrían infringir las leyes de guerra, las cuales prohíben la destrucción de bienes civiles por parte de un poder ocupante, además de poner en riesgo el acuerdo de alto el fuego.
Más del 90% de la población de Gaza ha sido desplazada durante los dos años de conflicto, y la mayoría sigue residiendo en campamentos improvisados.
Muchos no pueden regresar a sus hogares porque estos ya no existen. Según datos de la ONU, el 80% de los edificios en la Franja han sido destruidos. En la Ciudad de Gaza, el núcleo urbano principal, esta cifra asciende al 92%.
Proliferación de grupos armados rivales a Hamás
Durante los últimos meses, y especialmente desde el inicio del alto el fuego, diversos grupos armados opositores a Hamás han emergido en la Franja de Gaza.
Entre ellos figuran organizaciones basadas en clanes familiares, bandas criminales y milicias nuevas, algunas de las cuales cuentan con respaldo de Israel, como reconoció el propio primer ministro Benjamin Netanyahu.
Hamás parece no estar dispuesto a ceder la autoridad de la Franja, y en las semanas tras el cese de hostilidades se difundieron vídeos en redes sociales mostrando a sus milicianos golpeando o ejecutando en público a miembros de grupos rivales acusados de colaborar con Israel.
Estas facciones operan dentro de sus respectivas áreas, en la parte de la Franja conocida como Línea Amarilla, que continúa bajo control del ejército israelí.
Por ejemplo, las Fuerzas Populares, lideradas por Yaser Abu Shabab en Rafah, un grupo señalado por saquear camiones de ayuda durante la guerra. O las Fuerzas de Ataque Antiterrorista, bajo el mando de Hossam al Astal en las cercanías de Jan Yunis. Otro es el Ejército del Pueblo – Fuerzas del Norte, liderado por Ashraf al Mansi, que opera en el norte de la Franja.

Fuente de la imagen, Yasser Abu Shabab/Facebook
Algunos de estos grupos buscan integrarse en las futuras fuerzas policiales de Gaza y aseguran que, aunque no está confirmado, mantienen coordinación con la Junta para la Paz, el organismo internacional encargado de administrar Gaza bajo el plan del presidente estadounidense Donald Trump.
Su presencia genera desconfianza entre parte de la población gazatí y la Autoridad Nacional Palestina, que sospecha del apoyo que Israel brindaría a algunos de estos grupos.
«Israel podría exigir la incorporación de estas milicias, guiado por sus intereses políticos y de seguridad particulares», indicó el general Anwar Rajab, portavoz de las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina, en declaraciones a la corresponsal de la BBC en Medio Oriente, Lucy Williamson.
No obstante, añadió, «las demandas de Israel no siempre favorecen a los palestinos. Israel busca mantener su control sobre Gaza de alguna forma».
Devolución de cuerpos de rehenes y palestinos
En el acuerdo de alto el fuego, Hamás se comprometió a entregar en un plazo máximo de 72 horas a los 20 rehenes israelíes vivos y los cuerpos de los 28 secuestrados que permanecían en Gaza.
Según las condiciones del acuerdo, Israel debía devolver 15 cadáveres de palestinos que tiene en su poder por cada rehén muerto en manos de Hamás.
Todos los rehenes vivos fueron liberados el 13 de octubre a cambio de 250 presos palestinos y 1.718 detenidos de Gaza.
Hasta ahora se han entregado los restos de 26 secuestrados, 23 de ellos israelíes, además de un tailandés, un nepalí y un tanzano.
En contraprestación, Israel devolvió 330 cadáveres de palestinos fallecidos durante la guerra. La mayoría son cuerpos sin identificar, sin certeza de si murieron en Gaza o bajo custodia israelí, y algunos presentan signos de tortura, según denunciaron los médicos que los recibieron.
Israel ha acusado a Hamás de retrasar intencionalmente la recuperación de los cuerpos de los rehenes, mientras Hamás sostiene que lucha por hallarlos bajo los escombros.
La lentitud en estos avances ha impedido que comience la segunda fase del plan de paz del presidente Donald Trump para Gaza, que incluye la gobernanza de Gaza, la retirada del ejército israelí, el desarme de Hamás y la reconstrucción.
Hamás capturó 251 rehenes el 7 de octubre de 2023, cuando lanzó un ataque sorpresa sobre el sur de Israel que causó más de 1.200 muertes, principalmente civiles, desencadenando una respuesta militar sin precedentes por parte del ejército israelí sobre Gaza.

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Estado actual de la negociación de la segunda fase del plan de paz
El cese de hostilidades, la devolución de rehenes, la retirada del ejército israelí de áreas de Gaza y la entrada de ayuda humanitaria conforman la primera etapa del plan de paz de Trump para Gaza, que contempla 20 puntos.
Una vez alcanzada esta primera fase, las partes deberían avanzar a las siguientes, que contemplan el despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización (FIE) y, a futuro, una posible ruta hacia el establecimiento de un Estado palestino, idea que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha rechazado.
El 17 de noviembre, el plan presentado por Estados Unidos recibió el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que facilitaría la transición desde el alto el fuego hacia la reconstrucción de la Franja.
La resolución contempla la creación de una «Junta para la paz» que supervisaría la gobernanza a través de un comité tecnocrático y apolítico palestino, así como la reconstrucción de Gaza y la entrega de ayuda humanitaria, sin especificar aún quiénes integrarían dicha junta.
También se desconoce qué países aportarían efectivos para las fuerzas de estabilización ni qué papel jugará la Autoridad Nacional Palestina, que debe someterse a una reforma profunda según el plan.
Además, el plan prevé la desmilitarización de Hamás y otros grupos armados presentes en la Franja, algo a lo que la milicia islamista se ha negado.
De acuerdo con la resolución, la fuerza de estabilización trabajará en conjunto con Israel y Egipto, junto a una fuerza policial palestina debidamente seleccionada y nueva, para proteger las áreas fronterizas y garantizar el proceso de desarme permanente de grupos armados no estatales, incluyendo Hamás.
La incertidumbre alrededor de estos asuntos ha impedido comenzar la segunda fase del plan de paz, para la cual aún no existe fecha definida.

