Métodos para identificar si el dolor abdominal está causado por estrés o indica un problema de salud importante

El eje microbiota-intestino-cerebro es responsable de que con frecuencia se experimenten molestias digestivas durante episodios de malestar emocional provocados por el estrés, la ansiedad o la tristeza

Foto: Foto: iStock. EC EXCLUSIVO

Es muy común que, antes de situaciones estresantes como un examen o una presentación frente a sus compañeros, los niños despierten con dolor abdominal. Esto no suele sorprender a los padres, quienes suelen atribuirlo fácilmente a “los nervios”.

De igual forma, este fenómeno afecta también a los adultos, aunque a menudo no relacionan estos síntomas con estrés, ansiedad o incluso tristeza, es decir, con distintas emociones. No obstante, existe una relación estrecha entre el sistema digestivo y las emociones.

“Actualmente se sabe que el intestino y el cerebro mantienen una comunicación constante gracias al llamado eje microbiota-intestino-cerebro, que abarca el sistema nervioso, inmunológico, las hormonas del estrés y los billones de bacterias que residen en nuestro tracto digestivo”, explica Cristina Carretero Ribón, portavoz de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD).

Este eje es la razón por la que el intestino es conocido como “el segundo cerebro”. “Posee millones de neuronas que operan de manera autónoma, pero que están en permanente interacción con el cerebro”, añade la experta, quien también forma parte del servicio de aparato digestivo en la Clínica Universidad de Navarra. Además, aclara: “No piensa, pero sí percibe y responde”.

Alteraciones en funciones digestivas

El movimiento intestinal (esencial para la digestión), la permeabilidad de la mucosa y la composición de la microbiota, vinculadas al estrés o emociones negativas, pueden generar síntomas como dolor abdominal, hinchazón o modificaciones en el ritmo intestinal sin que exista daño visible.

El intestino contiene millones de neuronas que operan de forma autónoma, pero están en constante comunicación con el cerebro

Estos síntomas, aunque varían en intensidad y frecuencia según el grado de estrés, ansiedad o depresión, suelen agravarse en situaciones de tensión emocional. “La presencia simultánea de síntomas digestivos junto con antecedentes de eventos estresantes, trastornos de ansiedad o depresión, y la falta de hallazgos patológicos en endoscopias o estudios por imagen, refuerzan su origen emocional”, señala Carretero Ribón.

¿Cómo identificar si se trata de una enfermedad orgánica?

La especialista destaca la dificultad para determinar si estos síntomas tienen un origen emocional o si provienen de una enfermedad digestiva orgánica. Al basarse únicamente en la clínica, los síntomas funcionales (dolor abdominal, distensión, náuseas, cambios en el hábito intestinal) pueden ser indistinguibles de los de patologías orgánicas, y por sí sola, la historia clínica no es suficiente para diferenciarlos.

Por ello, recomienda prestar atención a otros signos, como pérdida involuntaria de peso, sangrado digestivo, anemia, fiebre, aparición de síntomas en personas mayores de 50-60 años, masa palpable, vómitos persistentes o dificultad progresiva para tragar.

Cómo proteger el estómago en tiempos complicados

Según la experta, el autocuidado y mantener un estilo de vida saludable son factores clave para controlar este tipo de molestias, especialmente en quienes tienen antecedentes. “Realizar actividad física regular (preferentemente aeróbica, de 3 a 5 veces por semana), seguir un sueño adecuado y manejar activamente el estrés favorecen la regulación del eje cerebro-intestino y disminuyen los síntomas digestivos funcionales”.

En caso de que el estrés sea difícil de controlar, se puede recurrir a “terapias como la cognitivo-conductual, la hipnosis enfocada en el intestino, mindfulness y técnicas de relajación tales como la respiración diafragmática, la meditación y el yoga. Todas han demostrado disminuir la intensidad y frecuencia de los síntomas digestivos funcionales, mejorar la calidad de vida y atenuar el impacto emocional relacionado”, concluye Cristina Carretero Ribón.

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