El delantero formado en las categorías inferiores del Real Madrid conversó con el podcast Offsiders para abordar uno de los períodos más complicados en la trayectoria reciente del club vigués.
El exjugador Javi Guerrero expuso en Offsiders una de las realidades más crudas del fútbol profesional: al entrar un club en concurso, los futbolistas se convierten en acreedores de deudas que, en muchos casos, no llegan a cobrar íntegramente.
Guerrero describió con total sinceridad cómo el Celta de Vigo, club en el que militó durante su participación en Europa, le presentó tres alternativas para cobrar lo que le correspondía: recibir el 15% de la deuda al instante, obtener el 50% fraccionado en un plazo de 20 años o cambiar el dinero por acciones del club. La verdadera elección no era tal; se trataba de decidir cuánto se perdería y cuándo.
Javi Guerrero llegó al Celta de Vigo en 2001, tras consolidar cinco temporadas exitosas en el Racing de Santander. En ese entonces, el club gallego competía a nivel europeo y mantenía una plantilla competitiva en la Primera División.
No obstante, debido a una gestión económica deficiente y el descenso deportivo, el club terminó solicitando el concurso de acreedores. En Offsiders, Guerrero rememora que, cuando la entidad acumuló pérdidas, «existían tres maneras diferentes de cobrar lo que te debían», y ninguna resultaba justa para los empleados que habían cumplido con sus contratos.
La primera opción, la más pronto disponible, implicaba recibir únicamente el 15% del total adeudado en ese momento, renunciando al restante 85%.
La segunda propuesta consistía en aceptar el 50% de la cantidad pendiente… pero con un margen de pago de 20 años, un lapso durante el cual el club o la vida misma del exjugador podrían cambiar radicalmente. La tercera alternativa, aún más incierta, era cobrar la suma total en acciones del Celta, confiando en que estas se revalorizaran, algo que nunca llegó a suceder.
Guerrero expresó sin dudas: «No acepto ninguna de esas opciones. Arriesgarse a lo que pasará en 20 años, o a poseer acciones sin saber si algún día valdrán algo, no me parecía razonable».
Rechazó las tres soluciones porque juzgaba que el esfuerzo no solo de los futbolistas, sino también de todos los empleados con años en el club, debía ser reconocido y saldado por completo. «Negar el 85% y cobrar solo el 15% es como negar el trabajo de quienes llevan mucho tiempo aquí y a quienes se les debe dinero», concluye en la entrevista.
Guerrero contrapone esta realidad con el estereotipo del futbolista millonario. Durante su etapa juvenil en el Real Madrid, señala que «ganábamos una suma bastante pequeña» destinada apenas a cubrir gastos como gasolina y «unas pocas cosas más».
Más tarde, en Segunda B, el Madrid C le ofreció un contrato profesional, aunque con ingresos modestos. En el Racing, tras convertirse en máximo goleador durante varias temporadas, le propusieron una renovación con un aumento del «7% respecto a lo que ganaba», una mejora que él interpretó como poco significativa después de tanto esfuerzo.
Sin embargo, el episodio más duro fue el del Celta. La institución le presentó «el 15% inmediato, el 50% en 20 años o el dinero convertido en acciones», algo que Guerrero considera una manera legal de cargar a los futbolistas las pérdidas derivadas de una mala gestión administrativa.
«Hoy soy un defensor de todos aquellos que no han cobrado», afirma, convirtiéndose en portavoz de quienes sufren las consecuencias de un sistema que prioriza la continuidad de la entidad por encima de los derechos laborales.

