España intensifica sus esfuerzos en la lucha contra el VIH para avanzar hacia una cura

El progreso científico ha convertido el VIH en una condición crónica, aunque la erradicación total sigue siendo un desafío que requiere eliminar el reservorio viral. La identificación de tejidos, las células T CD8+ y los anticuerpos ampliamente neutralizantes podrían ser fundamentales para alcanzar esta meta

Foto: Javier Martínez-Picado, profesor ICREA en IrsiCaixa. (Cedida) EC EXCLUSIVO

En relación al VIH para 2025, no cabe adoptar una postura pesimista, aunque como señalan los especialistas, “el optimismo con precaución tiene doble valor”. La batalla contra el virus ha entrado en una etapa crucial.

La terapia antirretroviral ha transformado una infección que en los años 80 era una condena fatal en una enfermedad manejable crónicamente. No obstante, el objetivo final —su completa erradicación— continúa siendo uno de los mayores retos médicos, una meta lejana que, pese a acercarse, aún no es una realidad tangible. Los progresos científicos demuestran que la curación es viable desde un punto de vista técnico, aunque el desafío principal hoy es hacerla accesible masivamente, es decir, poder implementarla a gran escala y con procesos industriales, “y en eso estamos trabajando”, enfatiza Javier Martínez-Picado, profesor investigador en la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) en IrsiCaixa.

Para este experto, el avance más significativo en años recientes fue conseguir la curación en pacientes con leucemia mediante un trasplante de células madre. Esto fue posible gracias a la donación de médula de individuos portadores de una mutación genética natural, la CCR5 delta 32, que les confiere inmunidad frente al VIH, bloqueando la entrada del virus a las células.

Enrique Martin-Gayo es investigador del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC) y colaborador del Instituto de Investigación del Hospital La Princesa de Madrid. (Cedida)

Sin embargo, para la mayoría de las personas con VIH la realidad se basa en el uso diario de antirretrovirales. Esta terapia “funciona eficazmente, proporciona una calidad de vida elevada y es muy efectiva suprimiendo la replicación viral”, detalla Enrique Martín-Gayo, investigador en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC) y colaborador del Instituto de Investigación del Hospital La Princesa de Madrid. A pesar de los beneficios actuales, Martínez-Picado insiste en la relevancia de la adherencia: “Los datos científicos demuestran que tras un promedio de 16 días el virus vuelve a detectarse en sangre, dejando de ser indetectable e intransmisible”.

Mapear el terreno del combate

Uno de los obstáculos principales para lograr la cura es el reservorio viral, lugar donde el virus permanece latente dentro de las células de diversos tejidos. El VIH, explicita Martínez-Picado, “es un virus sumamente silencioso, esquiva tanto a los medicamentos como al sistema inmunitario».

La clave para eliminar este reservorio reside en comprender su microambiente. Gayo, desde el CSIC, trabaja en revelar los «paisajes inmunes» que rodean a las células infectadas. Él forma parte del equipo que presentó un estudio pionero en el congreso de GeSIDA, realizado recientemente en Granada. Explicó a El Confidencial que estos paisajes son «nichos muy complejos donde las células ocupan ubicaciones muy específicas».

Para crear esta “imagen” de alta resolución, su grupo utilizó una técnica avanzada llamada MIBI-TOF, un método de vanguardia que permite analizar hasta 40 marcadores simultáneamente en muestras de tejido. El mapeo inmunológico en ganglios linfáticos mostró disfunciones que impiden al sistema inmunitario cumplir con su función. Además, evidenció que las células T CD8+ exhiben signos de agotamiento inmunológico y disminución de eficacia durante la infección por VIH. La cronicidad lograda con antirretrovirales induce una sobreactivación que lleva a estas células a un “estado de agotamiento”.

La solución definitiva para «alcanzar el Everest» probablemente será una terapia combinada, aunque «no estará disponible ni en 5 ni en 10 años»

Este “estado de agotamiento” también se ha detectado en células de tejidos con replicación viral activa, es decir, de personas que han interrumpido su tratamiento o que nunca lo han recibido. Al estar sin control, disminuye la capacidad para eliminar la infección, por lo que «el objetivo del campo es restaurar la función de la célula T CD8+ para que pueda llegar, actuar y eliminar ese reservorio», concluye el investigador del CSIC.

El trabajo de Gayo ha documentado también una reacción inflamatoria, conocida como la activación del inflamasoma, en tejidos con replicación viral activa. Por ello, plantean que la inflamación crónica no sólo perjudica, sino que además “limita las propiedades antivirales” de las células T CD8, contribuyendo a su desgaste.

Otras terapias que generan esperanza

Mientras se profundiza en el estudio del reservorio viral, las investigaciones se orientan hacia terapias que consigan una cura funcional, es decir, que el virus permanezca en el organismo, pero bajo control inmunitario en niveles indetectables y no transmisibles, sin requerir la administración periódica de antirretrovirales.

“Una opción muy prometedora”, señala Gayo, son las células CAR-T. Estas últimas se han empleado en el tratamiento oncológico y, de forma “muy experimental”, se está intentando adaptar su uso para mejorar la eliminación del virus.

«Deberíamos despertar y reconocer que la investigación aporta prosperidad a un país»

Por su parte, el profesor de ICREA resalta que los estudios sobre anticuerpos ampliamente neutralizantes también apuntan a resultados alentadores. Se trata de “soldados” generados en laboratorio que ayudan al sistema inmunitario a neutralizar reapariciones virales. Actualmente, se están aplicando para potenciar el control del virus incluso cuando se interrumpe la terapia antirretroviral.

En conjunto, ambos investigadores coinciden en que la solución final para “conquistar el Everest” será “muy probablemente” una combinación de anticuerpos y terapia génica. Sin embargo, prevén que “ni en cinco ni en diez años se dispondrá de la cura”. Martínez-Picado no pierde la esperanza: “Lo conseguiremos”.

La amenaza principal: Trump y la reducción de fondos

A pesar de los avances alentadores, la evolución de la investigación se ve afectada por dificultades. “Los recursos se están agotando” debido a la política de recortes aplicada en países como EEUU, situación que ambos expertos critican abiertamente.

Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, «los fondos destinados a investigación sobre VIH han disminuido considerablemente”, afirma Martínez-Picado. Como resultado, su equipo ha percibido estas limitaciones: «Se ha suspendido la mayoría de las colaboraciones internacionales,» denuncia. El investigador de IrsiCaixa, algo resignado, se cuestiona cuándo “los europeos despertarán y reconocerán que la investigación es clave para el desarrollo económico de un país”.

Gayo comparte esta inquietud. El científico del CSIC enfatiza que la financiación y la posibilidad de acceder a tecnologías como MIBI-TOF dependen totalmente de los recursos disponibles. La falta de fondos, además de poner en riesgo los ensayos, «compromete la continuidad del personal investigador».

Martínez-Picado advierte que esta tendencia tendrá consecuencias a corto plazo si «no se actúa rápidamente para retomar programas esenciales». Se refiere a proyectos como el PEPFAR, el Plan de Emergencia del Presidente para el Alivio del SIDA, activo desde 2003 y que “ha salvado más de 25 millones de vidas”. Con el declive de este plan promovido por Trump, se anticipan efectos humanitarios: “Aumentarán las tasas de nuevas infecciones en regiones como África subsahariana”, lo que “provocará complicaciones en los flujos migratorios”, pronostica.

Gayo va más allá y reflexiona sobre el mensaje que se transmite a la sociedad: “No se percibe que podría interpretarse como que el VIH y su investigación ya no son una prioridad”, y si eso sucediera, señala, se dejaría de valorar cómo la inversión en esta área ha impulsado progresos científicos importantes.

Estos avances han contribuido a tratamientos y descubrimientos significativos en áreas como el cáncer, la hepatitis C y el covid-19. Así, concluye Martínez-Picado, reducir la financiación en investigación del VIH implica, probablemente, limitar el conocimiento para enfrentar futuras pandemias, virus emergentes o incluso enfermedades tan relevantes como el cáncer.

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