Las revelaciones de la icono estadounidense muestran cómo enfrentó años bajo el escrutinio estético y de qué manera logró aceptar su cuerpo.
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Serena Williams se ha sincerado después de varios años alejada de las canchas, exponiendo la presión estética que marcó gran parte de su carrera profesional.
En un extenso diálogo con Porter, la revista digital de Net-A-Porter, la ex número uno del mundo rememora los momentos más difíciles de su trayectoria y cómo su físico se transformó en blanco de críticas, comparaciones y valoraciones que afectaron su autoestima.
La campeona con 23 títulos de Grand Slam y leyenda del tenis mundial recuerda que, desde sus comienzos, su cuerpo generaba mayor atención que su habilidad en la pista.
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«Fue complicado porque cuando empecé a jugar, mi cuerpo era distinto. Tenía pechos grandes y un trasero voluminoso. La mayoría de las deportistas eran muy delgadas, planas y con una belleza diferente. Yo, como atleta, no sabía cómo enfrentar esa situación», comenta en la entrevista.
Esa diferencia física, lejos de ser valorada, se convirtió en una constante fuente de presión para la tenista estadounidense.
Serena reconoce que la eterna comparación con otras jugadoras no solo le resultaba incómoda, sino que distorsionó su autopercepción.
«Me afectó mentalmente. Siempre has creído que tienes un gran cuerpo y luego miras atrás y piensas: ‘Yo estaba en forma’. Sí, tenía músculos definidos. No me parecía a las otras chicas, pero no todas son iguales», reflexiona.
Esta sensación de no encajar persistió por años, en un circuito donde la diversidad corporal apenas se discutía.
Serena Williams, en una imagen de archivo. Gtres
El impacto emocional fue tan profundo que, con solo 17 años y tras ganar el US Open, tomó una decisión radical para protegerse: «Era muy joven, pero decidí que nunca leería nada sobre mí. Pensé que si los comentarios eran negativos, prefería no saberlo. Desde entonces, no volví a leer ningún artículo».
Esta elección, que visto desde hoy podría parecer extrema, se convirtió en un mecanismo de defensa ante un entorno que podía resultar cruel y perjudicial para su carrera.
Dos décadas más tarde, su visión ha cambiado. Serena observa con satisfacción cómo las generaciones actuales de tenistas no enfrentan el mismo tipo de ataques públicos que padeció.
«Hoy en día nadie insulta a las jugadoras como me insultaban a mí. Antes decían que parecíamos hombres y cosas similares», afirma. Sin embargo, reconoce que las deportistas actuales afrontan nuevos desafíos, especialmente el acoso vía redes sociales.
La extenista también reflexiona sobre su propia evolución personal. Tras convertirse en madre y experimentar los cambios físicos del embarazo, Serena Williams expresa sentirse más a gusto que nunca con su cuerpo actual.
La atleta que en una época dudó de su figura ahora celebra la fortaleza que proyecta y el legado que ha dejado su imagen en el deporte. Su trayectoria es además un recordatorio de la necesidad de desafiar estereotipos y ampliar la representación en el tenis femenino.
En la actualidad, Williams observa a figuras como Coco Gauff o Naomi Osaka con una mezcla de orgullo y alivio. Reconoce que ellas crecieron viendo cuerpos diversos triunfar en la pista y que, gracias a esa normalización, el escrutinio físico que ella sufrió ya no se tolera con la misma dureza.
Su mensaje final se aparta de la queja y se acerca a la celebración: aceptar la imagen propia, aprender a protegerse y abrir camino para que otras puedan jugar, competir y ganar sin soportar la carga de un molde estético que nunca fue universal.

