Un oficial de la Armada española ha sido sancionado por abuso de autoridad tras enviar repetidos mensajes de índole personal a un subordinado.
El sargento, destinado en el submarino Galerna, tendrá que compensar a la víctima con 3.427,73 euros por los daños ocasionados.
El condenado violó las órdenes de no contacto, siguió en redes sociales a la pareja del afectado y visitó lugares relacionados con el entorno personal de este subordinado.
La víctima experimentó ansiedad y malestar debido al acoso, incluso llegando a ausentarse temporalmente de la Armada.
La Justicia militar dictaminó la condena de un mando de la Armada española por un delito de «abuso de autoridad, en su modalidad de coacciones», al enviar mensajes reiterados de carácter íntimo a un subordinado.
Así lo refleja una sentencia a la que tuvo acceso EL ESPAÑOL.
La resolución indica que el condenado, originario de Bolivia y nacido en 1988, ejercía como sargento del Cuerpo General de la Armada y estaba asignado al submarino Galerna. Durante el proceso judicial, reconoció los hechos y aceptó la sanción propuesta. Deberá indemnizar a su víctima con 3.427,73 euros.
Ambos se conocieron el 4 de octubre de 2021 en el citado submarino donde prestaban servicio. Según la sentencia, el superior mostró interés en apoyar y formar al subordinado.
Incluso compartían comidas fuera del horario laboral. Poco después, el condenado empezó a elogiar «la rapidez con la que aprendía» el marinero. El 6 de noviembre, el acusado envió a la víctima una foto suya tomada del perfil de Instagram de su pareja.
La situación empeoró. Tras una discusión, el condenado le remitió el siguiente mensaje: «Te odio. Me hiciste sentir un inútil. A pesar de eso, te quiero mucho. Pero te olvidaré. Ahora todo cambia. Está claro que prefieres a los tuyos. Te odio. No necesito gente como tú en mi vida. Ahora sabrás lo cabrón que puedo ser».
«Nunca debí haber dejado entrar a mi corazón a alguien que solo busca beneficio. No te preocupes, no haré nada contra ti. Pero no sabrás nada más de mí», concluía el mensaje.
En los días siguientes se sucedieron varios mensajes de carácter similar. El marinero no respondió, pero preocupado los mostró a un alférez, quien le comentó que «no eran normales». Por ello, este mando informó a sus superiores, que prohibieron al condenado comunicarse con el subordinado.
No obstante, el 1 de diciembre, el acusado invitó a la víctima a jugar a los bolos, invitación que fue rechazada. En las jornadas posteriores, violó repetidamente la prohibición, lo que llevó al subordinado a darse de baja de un curso en el que ambos participaban.
El condenado le envió mensajes tales como: «Al final parecerá que me importas», «Se te extraña. No sé por qué, pero se te extraña», «Me encariñé contigo pronto», «Me importas mucho y te he cogido cariño» y «Tu compañía es invaluable».
Simultáneamente, el acusado comenzó a seguir en redes sociales a la pareja de la víctima y le dio numerosos «likes».
El condenado también encontró en Internet la peluquería de un amigo de la víctima y acudió a cortarse el cabello allí.
«Además, el procesado compartió una foto en sus redes desde la peluquería que fue vista por el marinero, lo que le causó tanta inquietud que habló con su amigo para confirmar que esa persona era quien lo estaba acosando».
Ante esta situación, y asesorado por el abogado Antonio Suárez Valdés, la víctima decidió interponer una denuncia y ahora recibirá una compensación por los daños sufridos. Debido a estos hechos, padeció ansiedad y malestar, llegando a abandonar temporalmente la Armada.

