Análisis psicológico de la creciente popularidad de la serie «Stranger Things» en su temporada final

Stranger things

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Para la temporada definitiva de Stranger Things, millones de aficionados volverán a adentrarse por última vez en el "Mundo del Revés" (Upside Down) para presenciar una batalla épica contra Vecna, quien pone en riesgo a Hawkins y al mundo entero.

Pero, ¿qué es lo que provoca nuestra fascinación colectiva por este universo oscuro y terrorífico?

La explicación se encuentra en principios psicológicos y filosóficos que clarifican por qué atrae tanto el entretenimiento como la información. Entender por qué tantos optan voluntariamente por sumergirse en el aterrador "Mundo del Revés" revela verdades profundas sobre la naturaleza humana y nuestra relación con el miedo.

Desde relatos de fantasmas hasta documentales de crímenes reales, la atracción hacia lo macabro surge de un sesgo negativo: una inclinación a responder más intensamente a noticias negativas que a las positivas o neutrales.

Este sesgo negativista evolucionó como un mecanismo de alerta: la reacción de lucha o huida frente a amenazas. En la actualidad, aunque ya no enfrentamos tigres con dientes de sable, esta alerta se ha convertido en un impulso por buscar emociones intensas conectadas con contenidos terroríficos que generan una excitación fuerte.

Por eso mismo, espectadores experimentan simultáneamente miedo y fascinación con escenas como los traumáticos flashbacks de Once (Millie Bobby Brown) o los furiosos ataques del Demogorgon.

Once (Millie Bobby Brown) se enfrenta al monstruo del "Mundo del Revés" (Upside Down).

Fuente de la imagen, Netflix

El cerebro está programado para reaccionar ante el peligro, incluso cuando este se presenta en contextos ficticios. Los estudios sobre la psicología del terror revelan que quienes buscan aventuras en este género tienden a buscar estímulos negativos para aumentarse la excitación.

Por su parte, investigaciones transculturales que examinan la curiosidad hacia temas morbos muestran que esta atracción es común en distintas culturas humanas y se basa en mecanismos psicológicos estables, no en aspectos específicos de cada cultura.

"Stranger Things" aprovecha hábilmente las cuatro áreas de nuestra curiosidad oscura: explorar antagonistas (como Vecna ​​y el Dr. Brenner), presenciar violencia (de las criaturas del Revés), vivir horror corporal (a través de las infecciones del Azotamentes) y enfrentarse a amenazas paranormales (las que rondan Hawkins).

Sistema de recompensa

Esta conexión profunda es clave para entender el inmenso atractivo global de la serie.

Estudios neurocientíficos que utilizan técnicas de imagen cerebral, como la resonancia magnética funcional (RMf) para monitorear el flujo sanguíneo y la actividad neuronal en tiempo real, demuestran que visualizar contenido inquietante activa el sistema de recompensa cerebral.

Esta reacción neurológica justifica por qué la serie resulta al mismo tiempo aterradora y gratificante: nuestros sistemas de recompensa realzan los beneficios psicológicos de enfrentar el miedo a través de escenarios ficticios, permitiendo ejercitar la resiliencia emocional y la evaluación de amenazas sin riesgos reales.

Todo el plantel de Strager Things en el cine donde se estrenó la quinta temporada.

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Uno de los atractivos de Stranger Things es su ambientación: Estados Unidos en los años 80. Esta decisión añade una dimensión psicológica más profunda vinculada a lo que el filósofo francés Jacques Derrida denominó "hauntología".

La hauntología postula que estamos "perseguidos" por dos fantasmas. El primero representa un retorno al pasado social, esa idea de que en tiempos previos todo era mejor.

El segundo fantasma simboliza el deseo de un futuro prometedor de redención y la creencia en la posibilidad de un cambio significativo.

Presencia y ausencia

Ambos fantasmas generan una tensión entre presencia y ausencia, donde las huellas persistentes de pasados no resueltos continúan acechando y moldeando el presente.

El escenario de "Stranger Things" en los 80 funciona como un retorno consciente a una época idealizada, donde los problemas sociales, económicos y culturales olvidados del pasado influyen en el presente.

Los actores de la serie se toman un selfie todos juntos durante la presentación oficial de la quinta temporada

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Hawkins, el pueblo donde transcurre la serie, se presenta como una comunidad idealizada con valores tradicionales y estabilidad económica. Sin embargo, tras esta apariencia, la serie desmonta gradualmente el mito de la inocencia estadounidense en los años 80 al exponer el trauma psicológico inherente a la vida suburbana perfecta.

Así, el "Mundo del Revés" —una dimensión paralela oscura y deteriorada que refleja la realidad— se configura como una manifestación psicológica de lo que Carl Jung denominó la "sombra": aquellos aspectos reprimidos del inconsciente individual y colectivo que la sociedad prefiere ignorar.

El Laboratorio Hawkins, que actúa de manera clandestina bajo el pueblo, simboliza ese lado oscuro del avance científico estadounidense durante la Guerra Fría, en el que los niños fueron sujetos de experimentos científicos.

La explotación sistemática de Once a manos del Doctor Brenner (interpretado por Matthew Modine) revela cómo la autoridad institucional puede causar traumas intergeneracionales mientras mantiene apariencias de cuidado paternalista.

Stand de Stranger Things de Netflix en la Gamescom 2023 con una furgoneta blanca con el nombre de Hawkins.

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En resumen, "Stranger Things" resulta adictiva porque explora múltiples niveles psicológicos simultáneamente.

El manejo inteligente que hace de nuestra inclinación natural hacia la negatividad y la curiosidad por lo macabro mantiene a los espectadores emocionalmente involucrados desde el inicio, mientras que su marco hauntológico aporta una profundidad adicional al invitarnos a enfrentar los traumas ocultos detrás de nuestras narrativas culturales más queridas.

Esta mezcla —donde las señales de recompensa cerebral se combinan con una reflexión auténtica— ayuda a entender por qué tantos regresan una y otra vez al enigmático mundo de Hawkins.

Se transforma casi en una forma de terapia colectiva, que permite superar los temores vinculados a la traición institucional, heridas infantiles y rupturas sociales mediante relatos sobrenaturales que ofrecen un espacio seguro.

Así, "Stranger Things" demuestra que el gusto por el terror ficticio cumple una función real: entrenar la resiliencia mientras se cuestionan los sistemas que generan nuestras ansiedades diarias.

La perdurable fama de la serie indica que los espectadores captan instintivamente esta doble función, buscando no solo entretenimiento, sino también significado en un mundo donde las líneas entre monstruos y males sociales se confunden cada vez más.

*Edward White es candidato a doctorado en Psicología por la Universidad de Kingston.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia creative commons. Haz clic aquí para leer la versión original.

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