Carlos Taberner expone las desigualdades económicas que sufren los tenistas profesionales alejados del foco mediático, además de los retos que enfrentan aquellos deportistas que no alcanzan la notoriedad necesaria para continuar compitiendo.
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Carlos Taberner, de 28 años y diestro, es una presencia habitual en el circuito Challenger dentro del tenis español.
Desde que se profesionalizó en 2015 y con especialidad en tierra batida, ha participado en todos los Grand Slams, ha ganado más de diez títulos ATP Challenger y logró, en 2025, su primera final en un ATP 250 en Umag.
No obstante, su vivencia va más allá de los triunfos, reflejando las circunstancias económicas que atraviesa la mayoría de los jugadores fuera de la élite.
En una entrevista reciente para el canal Safe Trip Talk en YouTube, Taberner expuso con total sinceridad cómo se manejan las finanzas dentro del circuito profesional.
Alejado de las cuantiosas cifras que manejan las grandes figuras, el jugador valenciano mostró una perspectiva realista: las ganancias significativas están reservadas solo para unos pocos, y dependen de resultados específicos.
Su ingreso más destacado
«Mi mayor ganancia fue en la fase final de un Grand Slam, el Open de Australia. Ascendió a 60.000 euros, y no me incomoda mencionarlo porque está documentado», afirmó Taberner.
Lo llamativo es que dicha cantidad se obtuvo tras una corta participación, perdiendo en primera ronda luego de clasificarse desde la previa.
Este premio, conseguido por una sola derrota, es equivalente a la recompensa por ganar seis o siete torneos Challenger, lo cual evidencía la gran disparidad económica que existe entre los ATP y los niveles inferiores.
Compitiendo en Challenger, perdiendo dinero
Para Carlos, la realidad es clara: únicamente al posicionarse dentro del Top 200 se puede «empezar a vivir del tenis». Aun así, participar exclusivamente en Challengers y viajar con entrenador puede resultar en un balance anual neutral o incluso negativo.
«Esta semana disputaré el Challenger de Portugal, categoría 100. Si caigo en primera ronda, la remuneración será de 700 u 800 euros«, especifica.
Sin embargo, este importe está lejos de significar ganancia. «Cubro gastos de vuelo para mí y mi entrenador, hospedaje… Lo que incluye cenas y algunas comidas no siempre está financiado. Si pierdes el primer encuentro, no obtienes beneficios».
Esta situación es habitual para cientos de jugadores que, sin ingresar en la élite, compiten a un nivel muy alto sin disponer de la estabilidad financiera que el público promedio podría imaginar.
Carlos Taberner, en el torneo de Montpellier
Un reparto desigual
Además de los gastos inherentes a cada certamen, Taberner señala un problema estructural en el deporte: los jugadores solo perciben entre el 15% y el 18% de los ingresos totales que genera el tenis a nivel mundial.
«No es una queja, pero en otros deportes del Top 3 o Top 5 la distribución puede alcanzar hasta el 40%, lo que demuestra que es posible mejorar esta situación», comenta.
La diferencia es aún más evidente cuando se cotejan los premios en torneos de máxima categoría con los que se otorgan en circuitos como el Challenger, donde las recompensas son mínimas en comparación con los gastos que implica cada desplazamiento.
El apoyo económico clave
Para muchos tenistas fuera del Top 30, las ligas por equipos en países como Alemania, Francia, Italia o Suiza constituyen una fuente fundamental de ingresos.
De acuerdo con Taberner, «un solo encuentro en esas ligas puede generar más ingresos que alcanzar semifinales en un Challenger«.
Estos torneos, que no forman parte del calendario ATP, les permiten sostenerse, financiar sus temporadas y continuar participando sin caer en dificultades económicas extremas.
Taberner ha disputado una final ATP, figurado dentro del Top 100 y competido en los cuatro Grand Slams.
A pesar de ello, su situación refleja la realidad de numerosos tenistas profesionales que deben gestionar sus temporadas como un negocio, valorando cada euro invertido, viaje y cada derrota.
«No es que la remuneración sea baja por perder, sino que solo en unos pocos torneos se paga lo suficiente para cubrir el coste total de competir», resume.
Su caso ilustra que, en el tenis, la batalla no se libra únicamente en la pista, sino también en la supervivencia económica durante el calendario competitivo, sin que los números opaquen el talento.

