La pediatra detalla los riesgos de premiar a los niños con comida y el impacto negativo de las bebidas energéticas

La alimentación en la infancia resulta fundamental, incluso para evitar el desarrollo de enfermedades en la adultez. La pediatra María Rosaura Leis explica por qué los niños comen peor que nunca en la actualidad

Foto: Foto: Getty Images/archivo/Chris Eades. EC EXCLUSIVO

Solo el 20% de los alimentos infantiles disponibles en España cumple con los requisitos nutricionales definidos por la Organización Mundial de la Salud. Además, cerca de un tercio de los productos contiene azúcares o edulcorantes añadidos, como miel, y un 98% exhibe mensajes publicitarios no autorizados. Así lo reveló un estudio reciente publicado en la revista científica European Journal of Pediatrics.

“En los últimos años se observa un incremento de enfermedades relacionadas con el exceso alimentario. Los niños españoles están dejando de consumir las dietas tradicionales, atlántica o mediterránea, y se inclinan hacia una alimentación más occidentalizada. Este cambio, junto a la reducción de la actividad física, el aumento del tiempo frente a pantallas, y la escasa y de mala calidad duración del sueño, está elevando la prevalencia de la obesidad. Es urgente actuar, intervenir y prevenir”, comenta a este medio la catedrática en Pediatría María Rosaura Leis.

Asimismo, la también directora del grupo de investigación en Nutrición Pediátrica de la Red de Centros de Investigación Biomédica en Red de Obesidad y Nutrición (CIBEROBN), dependiente del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), señala que considera que los niños actuales “se alimentan peor que nunca”. Relata además cómo en su tierra natal, Galicia, existieron casos de bocio endémico y raquitismo. “Hace años la patología vinculada a la desnutrición era común, pero fuimos mejorando la nutrición infantil. Lo percibíamos midiendo a los reclutas, cuya estatura aumentaba hasta equipararse con la media europea, aunque junto con esto comenzaron a surgir enfermedades relacionadas con el exceso”, describe.

Por esa razón, enfatiza la relevancia de los primeros 1.000 días de alimentación en la infancia: “Hoy también se habla de los 8.000 primeros días, es decir, toda la etapa pediátrica, pues es un periodo clave para la intervención y la programación metabólica. La alimentación a lo largo del ciclo vital definirá la salud, y en la actualidad, las principales causas de enfermedad y mortalidad están vinculadas a estilos de vida poco saludables. Durante esta etapa se establece nuestra microbiota intestinal”.

Agrega que la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses “es esencial”. “Evidentemente, es el mejor alimento, aunque disponemos de fórmulas para cuando no es factible”, señala Leis, quien también coordina el Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

En cuanto a cómo deben actuar los padres si su hijo no quiere comer, la especialista describe que desde los primeros momentos de vida los padres “deben responder” a las señales de hambre y saciedad del niño y “no utilizar la comida como recompensa”. “Cuando un niño se niega a comer, los padres deben procurar que al menos pruebe el alimento, aunque no lo consuma por completo. Algunos sabores requieren que se prueben hasta nueve o diez veces antes de ser aceptados. Por tanto, la mejor actitud de los padres o tutores cuando un niño no quiere comer es ejercer una autoridad responsable, que implica aceptar las opiniones iniciales, pero mantener límites claros, como por ejemplo compartir la mesa y el mantel con el niño. Hay que ofrecer ciertos alimentos varias veces para que el niño los acepte”, explica.

Por ello también defiende el valor de la educación nutricional: “Es fundamental y debe empezar desde los primeros años. El niño crece en su entorno familiar y escolar. La familia, donde los abuelos juegan un papel primordial, debe transmitir la tradición gastronómica, culinaria y dietética, vinculada a las dietas tradicionales atlántica y mediterránea. La escuela debe aportar a través del comedor escolar, que es el espacio ideal para la educación alimentaria, promoviendo nuestra dieta y mediante la inclusión de una asignatura sobre estilos de vida saludables. En esta materia, el niño tiene que aprender a leer etiquetas, seleccionar platos para diseñar un menú saludable, bioactivo y sostenible, y a preparar comidas que conserven los nutrientes de los alimentos”.

Prohibición de bebidas energéticas

Respecto a la prohibición de las bebidas energéticas, la Xunta de Galicia aprobó recientemente un Proyecto de ley que convertirá a esta comunidad en pionera en implementar esta medida. Leis celebra esta iniciativa: “Los efectos sobre la salud de esta epidemia de obesidad son muy significativos y amenazan incluso al sistema sanitario. Siempre lo más importante es la educación en salud, y junto con ello, es necesario legislar y prohibir la venta o consumo de ciertos productos, especialmente en centros escolares. Las llamadas bebidas energéticas, en verdad son estimulantes por su alta concentración de cafeína, y tienen consecuencias negativas para el corazón y el sueño de niños y adolescentes”.

En cuanto a qué debería contener el refrigerador “típico” de una familia española con niños, detalla que debe incluir “productos frescos, de temporada y mínimamente procesados, eliminando aquellos que no deben consumirse habitualmente”. “Es preciso descartar bebidas estimulantes, azucaradas, embutidos con alto contenido en grasas y sal. Se debe contar con fruta, verduras, pescado y agua, listos para su consumo o para ser preparados”, indica.

Finalmente, cabe destacar que el Grupo de Investigación de Nutrición Pediátrica C022 del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela, liderado por la pediatra, ha recibido recientemente un reconocimiento en los XVI Premios Luis Noé, otorgados por la Fundación Alimerka, por su trayectoria consolidada en la prevención de la obesidad infantil desde un enfoque multidisciplinar e integrador, involucrando a toda la sociedad mediante la divulgación, formación y educación de todos los agentes implicados.

“La nutrición es un factor transversal. Actualmente, las principales causas de enfermedad y mortalidad están relacionadas con estilos de vida no saludables, entre los cuales la alimentación o nutrición tiene un papel priorizado. Por lo tanto, para evitar enfermedades desde la infancia, es necesario instaurar estrategias de educación nutricional y sensorial que conduzcan a una dieta saludable y sostenible desde los primeros instantes de la vida, favoreciendo una adecuada programación metabólica a corto, medio y largo plazo. Además, la nutrición en ocasiones es el único tratamiento para ciertas enfermedades, pero siempre apoya la efectividad y el pronóstico. Desde los comienzos de mi carrera pediátrica, a finales de los 80, he tenido conciencia del papel central que la nutrición desempeña en la prevención de enfermedades”, concluye la doctora.

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