Tras conectar este tema con el paracetamol durante el embarazo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades acaban de actualizar su sitio web para incluir que la afirmación de que «las vacunas no causan autismo» carece de respaldo científico
Donald Trump ha mantenido durante años una obsesión con el autismo y está convencido de que algún tipo de “sustancia” podría explicar el aumento en los diagnósticos. Ahora, en su segundo mandato en la Casa Blanca, ha convertido esta hipótesis en una política de Estado, respaldado por su secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., conocido por su larga trayectoria antivacunas y su crítica severa a la medicina basada en la evidencia. Ambos comparten una visión común: sospechan que fármacos ampliamente utilizados, como las vacunas o el paracetamol, podrían ser la clave para entender esta condición.
En septiembre, la Administración Trump presentó un polémico “plan contra el autismo”, que ha contado con un amplio rechazo dentro de la comunidad científica. El plan se centra en dos aspectos: realizar una advertencia oficial a las mujeres embarazadas para que eviten el uso de paracetamol durante los primeros meses del embarazo, salvo en casos de fiebre, y promover la leucovorina, un medicamento todavía en fase experimental, como un tratamiento “prometedor” para algunos niños con trastornos del espectro autista.
La medida adoptada a finales del verano se basa en estudios observacionales que sugieren una posible asociación entre el consumo de paracetamol en el embarazo y un mayor riesgo de autismo, pero ha generado un choque directo con las agencias reguladoras y las sociedades científicas europeas, que mantienen que no existe evidencia concluyente que confirme esa relación ni tampoco un tratamiento farmacológico para esta condición. Sin embargo, Trump y Kennedy han presentado su plan como el inicio de una cruzada para “prevenir y revertir” el trastorno, alimentando un debate que muchos expertos consideran fuertemente contaminado por la desinformación sobre vacunas y medicamentos.
Este viernes se conoció un nuevo episodio en esta batalla contra el autismo que ha provocado gran preocupación entre los científicos. Kennedy anunció que logró que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) modificaran su página web para vincular la vacunación a los casos de autismo, en línea con su ideología antivacunas de larga data, según recoge la agencia EFE.
Aunque Kennedy Jr. aclaró que no sostiene que las vacunas causen autismo, sostiene que no hay evidencia suficiente para descartar dicha relación. Sin embargo, los cambios implementados en la web de los CDC representan a la inmunización y el autismo como conceptos estrechamente relacionados.
Así, los CDC han añadido en su página que la afirmación de que las vacunas “no causan autismo” carece de base científica. También incluyeron mensajes como que los estudios científicos “no han descartado la posibilidad de que las vacunas infantiles causen autismo” o que los CDC no vinculaban la vacunación con el autismo “para evitar la reticencia a la vacunación”.
Los inmunólogos critican esta modificación
La Sociedad Española de Inmunología (SEI) ha enviado a este medio un comunicado contundente en el que cuestiona el reciente contenido de los CDC en Estados Unidos que sugiere una supuesta relación entre las vacunas infantiles y el autismo.
En el escrito, redactado por el Comité de Expertos en Vacunas de la SEI, la sociedad científica expresa su “profunda preocupación y desacuerdo” con el mensaje presentado por los CDC en su página sobre seguridad vacunal y autismo, en la que se insinúa que “la posibilidad no ha sido descartada”. Para la SEI, esta afirmación, emitida sin nueva evidencia, es “científicamente inapropiada y comunicativamente irresponsable”.
Según el comunicado, el mensaje de los CDC “no se sostiene con la evidencia científica actual” y puede generar dudas infundadas sobre la seguridad de las vacunas infantiles. La SEI recuerda que múltiples estudios epidemiológicos amplios, realizados en varios países y con metodologías rigurosas, “no han encontrado ninguna conexión entre las vacunas infantiles —incluida la triple vírica (MMR)— y el desarrollo de trastornos del espectro autista”. Además, menciona un estudio reciente en Dinamarca con más de 1,2 millones de niños donde no se detectó relación entre la exposición a adyuvantes de aluminio en vacunas y el riesgo de autismo, así como metaanálisis con millones de participantes que confirman esta conclusión.
La posición de la SEI coincide, según subraya el propio texto, con organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), la Academia Nacional de Medicina de Estados Unidos, la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health y el Ministerio de Sanidad español, que afirman que las vacunas infantiles no causan autismo.
Para la sociedad científica, la formulación escogida por los CDC representa “un serio retroceso en la comunicación sobre la seguridad de las vacunas”. Emitir un mensaje ambiguo en un asunto “que ha sido históricamente explotado por movimientos antivacunas”, advierten, podría minar la confianza en los programas de vacunación infantil, aumentar la indecisión de las familias y favorecer el resurgimiento de enfermedades prevenibles. El comunicado recuerda que tras episodios previos de desinformación se han registrado caídas en las tasas de vacunación y brotes importantes, como los ocurridos en Samoa o Italia.
La SEI “exhorta a los CDC a corregir la redacción actual” de su página web sobre vacunas y autismo, y les demanda que ofrezcan información “que refleje fielmente la evidencia científica disponible” y evite expresiones que puedan interpretarse como la reapertura de un debate científico “prácticamente cerrado”. De forma simultánea, la sociedad española reafirma en el comunicado su compromiso con una comunicación “clara y rigurosa” sobre seguridad vacunal y con la defensa de los programas de vacunación como herramienta fundamental de salud pública, ofreciendo su cooperación a organismos nacionales e internacionales para impulsar prácticas basadas en la mejor evidencia existente.

