
Fuente de la imagen, Getty Images
El senador colombiano Iván Cepeda no recuerda un momento en su vida sin miedo*.
«Exceptuando dos periodos de exilio, siempre conviví con él. Se convierte en algo cotidiano», medita.
Cepeda, destacado senador de Pacto Histórico, la coalición de izquierda en el gobierno de Gustavo Petro, conversó con BBC Mundo días después del ataque contra el también senador y precandidato presidencial opositor Miguel Uribe Turbay, fallecido en Bogotá tras permanecer dos meses en coma.
Aunque la seguridad ha mejorado considerablemente en las últimas décadas, la violencia contra Uribe Turbay evocó para muchos los años más sombríos del conflicto político en Colombia, cuando entre finales de los 80 y principios de los 90 las noticias sobre asesinatos de políticos, periodistas, civiles y otros líderes acaparaban las primeras planas de los medios.
Uribe Turbay y Cepeda, que al igual que numerosos políticos y figuras públicas han recibido amenazas de muerte, simbolizan «la memoria del odio» que persiste y se replica a lo largo de generaciones, con frecuencia dirigida contra las mismas familias que han gobernado o influido en Colombia durante siglos.
La madre de Uribe Turbay, la periodista Diana Turbay, falleció en 1991 durante un intento de rescate tras varios meses de secuestro bajo el mando del exlíder del Cartel de Medellín, Pablo Escobar.
El padre de Cepeda, el político Manuel Cepeda Vargas, fue asesinado en 1994 por agentes estatales coludidos con paramilitares.
Estos antecedentes traumáticos no impidieron que Uribe Turbay, Cepeda y otros políticos ingresaran a la arena política colombiana, muy expuestos a amenazas, presiones y ataques.
BBC Mundo intentó obtener entrevistas o declaraciones de otros políticos mencionados en este artículo, pero no fue posible concretar todas antes de la publicación.
Iván Cepeda, décadas promoviendo la paz

Fuente de la imagen, AFP / Getty Imahes
A sus 63 años, Iván Cepeda ha dedicado gran parte de su existencia a mediar por la paz.
Ha actuado como facilitador en diálogos entre el gobierno y grupos paramilitares como el Ejército Gaitanista de Colombia, conocido también como Clan del Golfo, así como con las guerrillas del ELN y las Farc.
Las Farc firmaron un acuerdo de paz en 2016 con el gobierno; desde entonces, Cepeda forma parte activa en su implementación.
Tras la muerte de su padre, el senador reconoce estar habituado a las amenazas, las cuales ha recibido últimamente debido a su rol como testigo y víctima en el juicio contra el expresidente Álvaro Uribe por presunto soborno, manipulación de testigos y fraude procesal.
Si bien Cepeda sostiene que Colombia no enfrenta los niveles de violencia de hace 30 años, admite que la naturaleza y el alcance del ataque a Uribe Turbay permanecen inciertos.
Tiene claro, sin embargo, que «Colombia no debe desalentarse ni caer en una espiral de odio, sino que debe buscar un acuerdo nacional».
Cepeda opina que las amenazas que recibe se deben tanto a los cambios que representa como a la historia ligada a su apellido.
Reconoce que ambos factores despiertan resentimientos antiguos.
«En Colombia existe una memoria del odio muy arraigada que se renueva periódicamente. No basta con asesinar a alguien, sino que se continúa asesinándolo en su memoria y en el honor de sus familias», reflexiona.
«Mis adversarios violentos me relacionan con mi padre, pero lo central son las reformas impulsadas por nuestro gobierno, que, aunque enfrentan críticas, colocamos en el centro de la agenda en un país acostumbrado a mantener una desigualdad desigual de gran magnitud. Lo mismo ocurre con María José», agrega.
María José Pizarro, del exilio a la defensa de las víctimas

Fuente de la imagen, Equipo de prensa de María José Pizarro
María José Pizarro, nacida en Bogotá en 1978 y también senadora del Pacto Histórico, expresó su conmoción tras el atentado contra Uribe Turbay.
«¿Cómo puede ser que en Colombia vuelva a ocurrir un ataque contra la vida de un candidato presidencial? (…) Soy hija de un candidato presidencial asesinado en 1990 y esta historia no debe repetirse», publicó en X.
Su entrada en la política está marcada por el asesinato de su padre, Carlos Pizarro Leongómez (excomandante máximo del M-19, que negoció la paz con el Estado), en uno de los magnicidios más emblemáticos del país.
Candidato presidencial por la Alianza M-19 (partido surgido del proceso de paz), fue baleado el 26 de abril de 1990 por un sicario dentro de un avión, en un período en el que otros dos candidatos presidenciales fueron asesinados en seis meses.
En 2022, María José Pizarro colocó la banda presidencial a Gustavo Petro durante su investidura, un gesto simbólico hacia su padre y el presidente, exguerrillero del M-19.

Fuente de la imagen, AFP /Getty Images
Como indica su página web, Pizarro es una figura política, activista y artista que ha dedicado gran parte de su vida a «rescatar, tejer y proteger la paz y la memoria viva del país».
Tenía solo 12 años cuando su padre fue asesinado y vivió parte de su infancia en el exilio, en países como Ecuador, Francia y España.
Tras su regreso a Colombia, ha trabajado en distintas regiones por los derechos de las víctimas y su reparación.
Al igual que Cepeda, es delegada del gobierno en las negociaciones con el ELN, que actualmente se encuentran suspendidas, y forma parte de la Comisión de Paz del Senado.
«Sus luchas giran en torno a la defensa de los derechos de las mujeres y las juventudes, la paz y la cultura», destaca su sitio oficial.
En febrero de 2023, denunció amenazas de muerte recibidas en su teléfono personal.
La violencia generacional en Colombia
A inicios de los 90, la tasa de homicidios en Colombia superaba los 70 por cada 100.000 habitantes.
Fue un periodo mucho más oscuro donde coexistían las víctimas del conflicto armado, la lucha entre el Estado y el narcotráfico y los ataques sistemáticos contra políticos, periodistas y otros líderes sociales.
De acuerdo con Insight Crime, fundación especializada en la investigación de seguridad en América Latina y el Caribe, en 2024 Colombia registró una tasa de asesinato de 25,4 por cada 100.000 habitantes, la cifra más baja en cuatro años, aunque todavía una de las más elevadas de la región junto a Ecuador, Brasil y Honduras.
Entre los años 80 y 90, además de Cepeda y Pizarro, otros asesinados fueron el candidato presidencial Luis Carlos Galán y el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, cuyos hijos han ocupado cargos relevantes en años recientes, enfrentando presiones que se renuevan y, en cierto modo, se heredan.

Fuente de la imagen, EPA
“La política aquí es tradicionalista, dominada por liderazgos individuales. De ahí la relevancia de apellidos como Cepeda, Pizarro, Uribe, Turbay, Galán, Gaitán y otros, cuyo carisma o logros se transmiten a sus hijos”, explica a BBC Mundo Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Paz y Reconciliación.
“Es interesante observar cómo los políticos actuales retoman las banderas de sus progenitores y, en el caso de Uribe Turbay, también las de su madre”, añade la investigadora.
Aunque señala que la polarización no es tanto contra estos apellidos en concreto, sino que se manifiesta contra una tradición de herencia política familiar y coincidiendo ahora, como en los años 90 antes de la Constitución de 1991, con un periodo reformista que representa Petro.
“Eso provoca reacciones violentas de grupos criminales y armados que buscan desestabilizar, influir e imponer su agenda en todo el espectro ideológico”, concluye Bonilla.
Carlos Fernando Galán, alcalde hijo de un candidato disruptivo

Fuente de la imagen, Getty Images
Carlos Fernando Galán Pachón es el alcalde con mayor número de votos en la historia de Bogotá, uno de los cargos políticos más relevantes del país.
Su padre, Luis Carlos Galán, era favorito en la carrera presidencial cuando fue asesinado en un evento de campaña, el 18 de agosto de 1989, en un atentado atribuido al Cartel de Medellín liderado por Escobar, en complicidad con paramilitares y agentes del Estado.
Galán encabezaba las encuestas representando una facción del Partido Liberal, «Nuevo Liberalismo», y proponía romper con el establishment, además de promover la extradición a Estados Unidos de los principales narcotraficantes.
Pocas muertes han marcado tan profundamente al país como la suya, especialmente a su hijo, que lo acompañó en actos de campaña cuando tenía menos de 12 años.
Galán Pachón asumió la alcaldía de Bogotá en 2024, heredando el nombre y legado del partido de su padre, aunque en alianza con partidos de diversas ideologías, incluyendo sectores de derecha.

Fuente de la imagen, Getty Images
Nacido en Bogotá en 1977, cuenta con una trayectoria política extensa.
Entre otros cargos, fue asesor del expresidente César Gaviria en la Organización de Estados Americanos (OEA), Secretario Anticorrupción y de Transparencia bajo el gobierno de Juan Manuel Santos en 2012 y aspiró al Senado en 2022, sin éxito.
Como alcalde, ha enfrentado desafíos como la sequía que duró más de un año y llevó a racionamientos de agua que generaron críticas, la interminable construcción del metro, el asesinato del director de la prisión La Modelo, Élmer Fernández, y ahora el atentado contra Uribe Turbay en la zona occidental de la capital.
«Nuestro deber es (…) impedir que se produzcan actos violentos derivados del odio y la polarización radical (…) La violencia política ha costado demasiadas vidas a nuestro país», respondió en X.
Rodrigo Lara, «el zar anticorrupción» que continuó la lucha de su padre
Rodrigo Lara Bonilla pasó a la historia como uno de los que desenmascaró a Pablo Escobar.
En un contexto donde el país parecía ignorar la ascensión del capo, Lara Bonilla, ministro de Justicia en ese entonces, evidenció que Escobar era un narcotraficante.
Este fue un golpe fuerte que el narco vengó enviando sicarios para asesinarlo.
Fue el 30 de abril de 1984, y Rodrigo Lara Restrepo, su hijo, tenía ocho años.
«Eso representa un trauma para cualquiera, y más para un niño. Desde entonces la tarea ha sido superarlo, manejar el trauma y convertirlo en una experiencia más racional y menos dolorosa», declaró Lara Restrepo a BBC Mundo en 2013.
Hoy, nuevamente conversando con este medio, considera que lo ocurrido con Uribe Turbay es como «el resurgir de los demonios de la violencia política colombiana».
Luego de la muerte de su padre, Lara y su familia emigraron a Europa, regresando a Colombia en 1993.
Estudió Derecho y años más tarde decidió dedicarse a la política, pese al trauma vivido.
En 2006, durante la administración Uribe, el expresidente lo nombró director del Programa Presidencial de Eficiencia, Transparencia y Lucha contra la Corrupción, ganándose el apodo de «zar anticorrupción».
Entre 2007 y 2010 fue senador por Cambio Radical, partido fundado por exgalanistas a finales de los 90, al que también perteneció Carlos Fernando Galán. Fue nuevamente elegido senador desde 2018 hasta 2022.
Fue presidente de la Cámara de Representantes entre 2017 y 2018 y candidato a la alcaldía de Bogotá en 2023, cargo que ganó Galán.
Como su padre, Lara Restrepo atribuye la última oleada de violencia a las fuerzas criminales más poderosas.
«Fuerzas oscuras, vinculadas al crimen organizado, buscan sembrar terror en la sociedad y debilitar la respuesta pública y estatal para fortalecer sus ingresos ilícitos», analizó para BBC Mundo.
*Este artículo fue actualizado y republicado en conmemoración de la muerte de Miguel Uribe Turbay

