En el mapa de los tesoros rurales, hay un pueblo escondido en Cataluña que se resiste a entregar su intimidad al turismo masivo, emergiendo como el destino ideal para quienes desean sumergirse en la auténtica magia otoñal
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En un país donde casi cada rincón ha sido documentado y fotografiado en detalle, todavía existen esos santuarios poco explorados que guardan su esencia para los viajeros más curiosos. Escondido entre la densa arboleda de la comarca de La Selva, en Girona, hay un lugar que evita la fama masiva, brindando una experiencia genuina y tranquila, especialmente cuando el otoño pinta el paisaje con tonos ocres y rojizos. Nos referimos a una pequeña joya rural, con calles empedradas y el susurro constante de la riera, un destino que permanece fuera de las principales rutas turísticas.
Este apacible destino es Osor, una población pequeña en la provincia de Girona, situada en un entorno natural que muestra su mayor esplendor durante los meses de otoño. Su silueta se destaca por un emblemático puente que se ha transformado en una parada obligatoria. Esta majestuosa construcción, románica y de origen medieval, data del siglo XV y es perfecta para los entusiastas de la fotografía.
En el centro de la localidad se alza la Iglesia de Sant Pere, un conjunto arquitectónico fascinante que combina restos románicos del siglo X con una incorporación posterior de estilo barroco. Junto a ella, la enigmática Torre de Recs, una edificación cuadrada también del siglo XV que funcionó como antigua prisión, aporta un aire de misterio que complementa la calma del entorno. Otro punto interesante son los Nínxols d’Osor, estructuras del siglo XX ubicadas a la salida del pueblo con la función de estabilizar la montaña y impedir desprendimientos, una obra de ingeniería local digna de observar.
Los visitantes de este pueblo de Girona en otoño buscan, además de su patrimonio, una conexión profunda con la naturaleza. Más allá de la zona urbana, el Puente de Can Vidal, una arcada medieval que atraviesa la riera Noguerola, se integra con la abundante vegetación circundante. Desde este punto, salen varias rutas de senderismo que llevan a parajes de gran belleza, incluido el Embalse de Susqueda, desde donde se pueden contemplar vistas impresionantes del paisaje forestal que rodea la zona. Tras una jornada de exploración, la gastronomía local ofrece el cierre perfecto. La tradición culinaria en Les Guilleries se basa en productos de la tierra, siendo común encontrar platos con setas, carne de caza y, por supuesto, castañas, ideales para recuperar energía después de caminar entre los característicos bosques de castaños que cercan Osor.
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