La cirugía coronaria continúa siendo un procedimiento complejo y de gran impacto, que requiere intervenir la pierna para extraer la vena y utilizarla como puente coronario
Los cirujanos cardiacos enfrentan con frecuencia este escenario: paciente sometido a intervención coronaria que acude a control un mes tras la operación. Previamente, el paciente estaba a punto de fallecer debido a un infarto, y tras la cirugía de revascularización coronaria regresa a casa recuperado, agradecido y con una perspectiva renovada de vida. Esta es la sensación en consulta, aunque para los cirujanos suele persistir una preocupación: la pierna intervenida para extraer la vena empleada en los baipases no cicatriza adecuadamente. A veces presenta infección, dolor o una escara necrosada, e incluso puede combinar varias complicaciones. Actualmente, este problema se ha minimizado considerablemente gracias al desarrollo de las tecnologías endoscópicas.
En España, se realizan alrededor de 5.000 cirugías anuales en pacientes con enfermedad coronaria. Si se suman aquellos que requieren intervención en las válvulas cardiacas, la cifra total supera los 6.600 casos por año. En términos simples, la cirugía de revascularización (popularmente conocida como baipases o puentes) consiste en permitir que la sangre fluya más allá del bloqueo de la arteria coronaria. Para visualizarlo mejor, pensemos en las tuberías de una vivienda: si una sección está dañada y necesita ser sustituida, se instala una cañería alternativa para mantener el suministro durante el arreglo.
En cirugía coronaria ocurre algo similar. Las arterias coronarias son las tuberías del corazón que conducen la sangre hacia el músculo cardiaco. Es imprescindible asegurar este aporte sanguíneo dado que el corazón bombea la sangre para todo el organismo, y para ello requiere oxígeno y nutrientes. Cuando estas arterias se bloquean, la sangre no llega, y primero el músculo lo manifiesta con dolor torácico, y luego, si persiste la obstrucción, el tejido muere produciendo un infarto.
¿Cómo se soluciona este problema? Existen dos métodos. Uno es la inserción de dispositivos que abren y estabilizan la obstrucción (como los conocidos stents coronarios), técnica llevada a cabo por cardiólogos hemodinamistas. El otro es la cirugía coronaria, que consiste en crear derivaciones por encima de las lesiones, trabajo propio de los cirujanos cardiacos. En este sentido, nuestra labor es semejante a la de un fontanero que atiende un problema de tuberías, con la diferencia de que nosotros no reemplazamos la arteria afectada. La coronaria dañada se mantiene intacta y se generan baipases con conductos nuevos que aseguran el flujo sanguíneo hacia el miocardio.
¿Qué tipo de conductos se utilizan para estas derivaciones coronarias? Se emplean vasos sanguíneos extraídos del propio paciente. Estos son arterias y venas que el cirujano remueve durante la operación para desviar la sangre por encima de las obstrucciones. Generalmente, se prefieren las arterias por su mayor durabilidad; sin embargo, las venas de las piernas, especialmente la vena safena interna, tienen un uso muy extendido y resultados óptimos tanto en resistencia como en flujo sanguíneo a lo largo de las décadas.
Por lo tanto, la extracción de la vena safena para usarla en puentes coronarios es una práctica consolidada en cirugía cardiaca. Sin duda, se trata de una técnica clásica de la especialidad. Tradicionalmente, su uso ha requerido una incisión extensa en la pierna que, dependiendo de la longitud necesaria de vena, puede variar desde una sección pequeña hasta una incisión que se extiende desde el tobillo hasta la ingle. Esta última puede ser bastante larga y conllevar complicaciones, tales como dolor persistente, cicatrización prolongada y riesgo de infección, particularmente en pacientes con diabetes.
Los avances en técnicas quirúrgicas desarrollados cada año permiten facilitar la recuperación y mejorar el confort postoperatorio del paciente. En este contexto, las nuevas tecnologías posibilitan extraer la safena sin realizar una incisión extensa que cubra casi toda la pierna y, en consecuencia, reducen los riesgos asociados. ¿Cómo se logra esto? Mediante un procedimiento endoscópico que respeta la integridad de la piel mientras se extrae la vena para los baipases. A través de uno o dos pequeños orificios se introduce un dispositivo con una cámara en su extremo, lo que permite separar la vena de los tejidos circundantes. En otras palabras, se crea un túnel subcutáneo que facilita su aislamiento y la localización de sus ramas, que posteriormente son selladas con un sistema de energía (frecuentemente electrocauterio bipolar). Finalmente, la vena se extrae íntegra y lista para su utilización en el bypass, sin afectar la pierna intervenida.
La evidencia acumulada en la literatura científica respalda el uso de estos procedimientos, dado que los pacientes experimentan menos dolor, disminución de alteraciones sensitivas (como hormigueos), menor tasa de infecciones y recuperan su vida diaria más rápidamente. En numerosos casos, la diferencia entre volver a caminar normalmente en pocos días y necesitar semanas (como ocurre en la cirugía abierta) es notable.
Esta técnica se está adoptando de forma paulatina en servicios de cirugía de todo el mundo. Aunque los cirujanos no deben olvidar las técnicas clásicas que brindan excelentes resultados diariamente, tampoco es conveniente rechazar rápidamente las nuevas tecnologías solo por su curva de aprendizaje. El Dr. Frederic Larsan señala con acierto que “tener una disposición hacia las innovaciones mejora nuestra labor y la calidad del servicio ofrecido a los pacientes”. En el caso de la extracción endoscópica de vena, el paciente ya no sale del quirófano con una herida extensa en la pierna; en cambio, quedan apenas dos pequeñas cicatrices. Esto representa una técnica en evolución que personifica la cirugía moderna: menos invasiva y orientada a optimizar la recuperación del paciente.
Que se perfeccione.

