Un estudio reciente muestra que la manera en que observamos el mundo podría ser una indicación temprana y silenciosa de deterioro cognitivo
Un grupo de científicos de Canadá y el Caribe ha descubierto que los patrones en el movimiento ocular, es decir, cómo nuestros ojos recorren una escena visual, evidencian señales sutiles pero constantes de deterioro cognitivo y pérdida de memoria. Conforme a sus hallazgos, publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), las personas con dificultades de memoria suelen fijar la mirada de una manera más rígida, menos exploratoria y más repetitiva comparado con quienes poseen funciones cognitivas intactas.
“Los movimientos de los ojos están estrechamente ligados a los procesos de codificación y recuperación, y las alteraciones en la conducta visual reflejan un deterioro de la memoria asociado a la edad y a la patología”, señalan los autores.
Mucho más de lo que se imagina. Al observar un objeto, imagen o escena, nuestros ojos no se mueven al azar: realizan pequeños saltos llamados sacádicos (movimientos ultrarrápidos) combinados con pausas denominadas fijaciones. Todo esto es coordinado por el cerebro, que regula estos movimientos rápidos para procesar la información visual y mostrar cómo exploramos y codificamos nuestro entorno; estos movimientos juegan un papel crucial en la orientación espacial. Los movimientos sacádicos permiten recolectar información visual con eficiencia al trasladar rápidamente el enfoque de un punto a otro de interés.
Este movimiento poco evidente, aunque extraño, está íntimamente relacionado con funciones de memoria y atención, especialmente en áreas cerebrales como el hipocampo, fundamental para la formación de memorias. Cuando la función del hipocampo se ve afectada –como sucede en el deterioro cognitivo leve (DCL) o en fases iniciales de demencia–, los patrones oculares se modifican. Todo está conectado.
Experimento
Para llegar a sus conclusiones, los investigadores examinaron los movimientos oculares de más de 150 sujetos distribuidos en cinco grupos: adultos jóvenes sanos, adultos mayores sin diagnóstico neurológico, personas con bajo rendimiento en la MoCA (prueba cognitiva estándar), pacientes con deterioro cognitivo leve y pacientes con amnesia o daño cerebral severo. En total, cinco grupos para estudiar posibles indicadores de memoria mediante los movimientos de la mirada.
Usando tecnología avanzada de seguimiento ocular (el rastreador ocular Eyelink II montado en la cabeza de cada participante), estos observaron más de 100 imágenes, algunas nuevas y otras repetidas, mientras los investigadores registraban sus patrones de fijación y exploración visual.
Resultados
La respuesta fue contundente: los adultos jóvenes exploraron cada imagen de manera amplia y variable; los pacientes con menor capacidad de memoria tendieron a observar las mismas áreas de las imágenes, repitiéndolas incluso cuando las imágenes eran diferentes. Se observó que, a medida que aumentaba el deterioro cognitivo, disminuía la “dispersión” de la mirada (se producían menos movimientos sacádicos) y aumentaba la “similitud idiosincrática” entre imágenes. En síntesis: quienes padecían deterioro de la memoria miraban menos y de forma más predecible que los adultos sanos.
Implicaciones del estudio
Los investigadores sugieren que estos patrones en los movimientos oculares podrían convertirse en una herramienta diagnóstica no invasiva, rápida y económica para detectar problemas cognitivos incluso antes de que se manifiesten claramente mediante pruebas similares a las del experimento.
Hoy en día, el diagnóstico del deterioro cognitivo suele involucrar procedimientos costosos (escáneres cerebrales), pruebas neuropsicológicas y entrevistas con los pacientes. Pero, ¿y si bastase con analizar cómo observa el paciente una serie de imágenes durante algunos minutos para establecer un diagnóstico? Este nuevo enfoque agrega una perspectiva novedosa y prometedora en la detección temprana de enfermedades como el alzhéimer.

