Aunque mantengas una alimentación estricta, una buena condición física y otros cuidados de salud, no estás exento del cáncer. No cometas el error de descuidar tu plan de detección temprana.
«¡Pero si yo me cuido!».
Se podría construir una casa por cada paciente que ha pronunciado esa frase al ser diagnosticado con cáncer; con ojos bien abiertos y una expresión de incredulidad profunda frente a la noticia. La negación es la primera etapa ante un diagnóstico grave, algo que los oncólogos conocemos desde nuestros comienzos. Sin embargo, la negación actual ha cambiado de matiz. Antes era: «No es posible que tenga cáncer». Ahora se dice: «No puedo tener cáncer… porque me cuido».
Vivimos en la era del autocuidado: consumo de quinoa y matcha en el desayuno, pasos contados en el smartwatch, microbiota cuidada como si fuera una mascota, por supuesto gimnasio, un ejército pequeño de nutrigurus en Instagram, meditación al amanecer, la pantalla naranja del iPhone al anochecer, un desfile de suplementos y una disciplina férrea con el sueño.
La prevención está bien valorada. Los hábitos son muy importantes. Tanto el cuerpo como la mente mejoran con una alimentación adecuada, actividad física constante, exposición a la luz natural y descanso reparador. Pero el entusiasmo por la salud empieza a parecer fe ciega cuando el cuerpo se convierte en un ídolo, las rutinas en mandatos y las desviaciones en faltas morales. Con un poco de suerte, ese estilo de vida reduce riesgos, pero no los elimina.
En el cáncer, el impacto protector de los hábitos es menor que en enfermedades metabólicas —diabetes, hígado graso y obesidad— o en trastornos cardiovasculares —hipertensión, infarto, ictus—. No fumar reduce notablemente el riesgo de cáncer pulmonar, claro; sin embargo, dos de cada diez casos aparecen en personas que nunca fumaron, ni siquiera por exposición pasiva. Son aproximadamente 7.000 casos anuales, principalmente mujeres y en aumento. Existe vínculo entre el sobrepeso y ciertos tipos de cáncer —mama, páncreas—, pero muchos pacientes diagnosticados con estas enfermedades pesaban dentro del rango adecuado. También es cierto que hay una asociación clara entre el consumo regular de carnes procesadas y el cáncer de colon. Aun así, son numerosos los enfermos que jamás tocaron una salchicha y que dijeron «¡pero si yo me cuido!» al conocer los resultados de la biopsia.
Celebramos los hábitos saludables como primera línea de defensa, pero conviene hacerte un favor y no olvidar el diagnóstico precoz del cáncer. No es paranoia ni una conspiración médica para promocionar chequeos, sino inteligencia sanitaria pura. En casi cualquier tipo de cáncer, detectarlo a tiempo puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia.
Por desgracia, muchos dejan de lado las rutinas básicas de detección temprana porque su estilo de vida ultrasaludable y la sobreinformación les generan una falsa sensación de invulnerabilidad. Es comprensible que prefieran planificar un ayuno intermitente antes que acudir a hacerse un TAC de tórax por haber sido fumador intenso; o meditar con incienso en lugar de añadir una resonancia a la mamografía por tener mamas densas. Pero una cosa no excluye la otra, y no conviene confundir un buen escudo con una armadura invencible.
Actuaste bien al tomar las riendas de tu salud; entrenas con criterio y has invertido tiempo y recursos en informarte sobre nutrición para alimentarte mejor. ¿Por qué no dedicar el mismo esfuerzo al diagnóstico precoz? Hoy contamos con más herramientas que nunca y la información de calidad está al alcance.
Tu estrategia de detección temprana también merece personalizarse igual que la dieta, la suplementación o la rutina de ejercicio
Es excelente que existan programas públicos de cribado que resultan inalcanzables en otros países. Sin embargo, están diseñados para la población general. La estrategia de detección temprana también debe adaptarse a cada individuo, al igual que la dieta, los suplementos o la actividad física; debe considerar la edad, hábitos actuales y pasados, historia familiar, presupuesto, tiempo disponible y preferencias personales. No se trata de caer en excesos de sobrediagnóstico ni llenar el calendario de pruebas, sino de hacerlo con inteligencia.
Sigue confiando en la vida saludable, pero no olvides el valor del diagnóstico precoz. Empieza a informarte, reflexionar y tomar decisiones acertadas. En esta columna se tratarán múltiples temas de salud y el diagnóstico precoz aparecerá con frecuencia. Mantente atento.

