Iñaki Barredo enumera las consecuencias de desvincularse económica y emocionalmente de alguien con quien habías construido un patrimonio común durante años
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El divorcio a partir de los 55 años es un fenómeno social creciente que atrae cada vez más interés, no solo por las razones emocionales o personales implicadas, sino también por los retos económicos complejos que emergen en esta etapa de la vida. En un reciente video viral en TikTok, el abogado Iñaki Barredo abordó las consecuencias legales y financieras que enfrentan quienes se divorcian después de los 55 años.
En España, alrededor de 35.000 parejas mayores de 50 años se divorcian cada año. Este fenómeno suele estar ligado al llamado “síndrome del nido vacío”, dado que los padres se quedan solos en casa tras la marcha de sus hijos y descubren que la relación que mantenían era principalmente familiar. Esta situación es más común de lo que se suele pensar, y el dinero o la independencia económica muchas veces actúan como un mecanismo para retener a personas que desean un cambio de vida. Aunque deciden separar sus caminos, el patrimonio construido entre ambos resulta ser más complicado de dividir de lo que aparenta.
Según Barredo, al avanzar la edad, la división de bienes, la gestión de las pensiones y el acceso a créditos o préstamos se transforman en desafíos legales y económicos mucho más complejos que en etapas de juventud. Además, es frecuente que surjan desigualdades económicas cuando uno de los miembros de la pareja ha dedicado su vida al hogar o al cuidado familiar, sin empleo formal fuera del entorno doméstico. Esto, desde la perspectiva legal, complica considerablemente la gestión del proceso.
Los principales problemas
La precariedad tras tomar esta decisión es algo muy habitual. Reiniciar la vida después de décadas con hábitos consolidados, una vivienda pagada, un fondo común y un empleo estable, implica la necesidad de un respaldo financiero que en muchas ocasiones no está presente. Iñaki Barredo detalla que las entidades financieras, conscientes de la edad avanzada de los solicitantes, suelen mostrarse reticentes a conceder préstamos y, cuando lo hacen, ponen condiciones más rigurosas o aplican tasas de interés elevadas.
¿Qué sucede con el dinero y bienes heredados en caso de divorcio?
Esta situación coloca a muchas personas en una posición financiera vulnerable, especialmente si carecen de capacidad inmediata para generar ingresos tras la separación. El abogado define estos procesos como “divorcios grises”, donde el principal problema radica en la vivienda. Los aspectos claves incluyen dificultad en el reparto, hipotecas pendientes y la falta de visibilidad laboral cuando uno de los cónyuges ha dedicado el tiempo a la crianza dejando de lado un contrato laboral registrado. En este contexto, el divorcio se complica aún más.
La división de bienes en divorcios de personas mayores de 55 años exige una tarea adicional y más compleja. No se limita a distribuir propiedades, sino que también implica reevaluar las pensiones de jubilación, inversiones a largo plazo y cualquier ahorro acumulado a lo largo de los años.
En esta etapa, muchas parejas han acumulado una cantidad considerable de bienes, pero disponen de menos tiempo para generar nuevos ingresos o garantizar la estabilidad económica futura. Esta situación puede derivar en decisiones complicadas sobre cómo repartir el patrimonio de manera equitativa.

La solución y los consejos
Frecuentemente, la persona que se ha dedicado al cuidado del hogar o a la crianza enfrenta la compleja tarea de demostrar su contribución económica dentro del matrimonio. Sin embargo, no está sin opciones: puede solicitar una indemnización por esos años de labor o una pensión compensatoria si el régimen económico matrimonial es de gananciales. Esto sucede porque las aportaciones en el hogar no siempre quedan reflejadas claramente en ingresos o ahorros, lo que dificulta en gran medida el reparto de bienes.
Es fundamental contar con el asesoramiento de un especialista que analice el caso en detalle, indicando posibilidades y derechos. Barredo concluye que los divorcios en esta etapa no solo suponen un reto emocional, sino que demandan un enfoque legal mucho más exhaustivo para evitar que las personas involucradas queden atrapadas en una situación económica insostenible de por vida.
