La asociación Asjubi40 representa los intereses de pensionistas que, a pesar de contar con prolongadas carreras de cotización, enfrentan esta «injusticia» que afecta a miles de trabajadores
La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, ha afirmado en el Congreso de los Diputados que el Gobierno ofrecerá una respuesta «a la brevedad» respecto a la jubilación anticipada de personas cuidadoras de grandes dependientes que han combinado empleo y cuidados. (Fuente: Congreso)
La jubilación anticipada se está convirtiendo en una opción creciente para quienes desean disfrutar de su tiempo libre antes, tras años de trabajo. No obstante, aunque permite retirarse antes de alcanzar la edad legal, conlleva importantes pérdidas económicas: las pensiones se ven reducidas mediante coeficientes correctores que implican una disminución permanente de ingresos. Aun así, un gran número de trabajadores optan por esta vía por razones de salud, desgaste físico o falta de alternativas laborales. En este marco nace Asjubi40, una asociación que apoya a aquellos que, tras aportar más de 40 años, consideran injusto sufrir estas reducciones pese a haber contribuido toda su vida laboral.
Entre quienes han sufrido los efectos de la jubilación anticipada se encuentra Lola Meño, miembro y portavoz del comité de Asjubi40. Tras una trayectoria de 47 años de cotización, Meño explica que enfrentó una disminución del 24% de su pensión al verse obligada a dejar de trabajar antes de la edad establecida legalmente.
Casi cinco décadas dedicadas al trabajo
“Lo que comparto es un resumen de mi vida laboral. Una experiencia parecida a la de miles de niños en los años sesenta y setenta que iniciamos nuestra vida laboral a los catorce años, algo impensable hoy en día”, detalla Meño. Su situación refleja la realidad de muchas personas que ingresaron temprano al mercado laboral con otra mentalidad. “Nos percibíamos más adultos, más realizados… era otro enfoque, que también ha cambiado, aunque ello no nos haya hecho más sabios, nos ha otorgado mayor libertad, y eso me alegra enormemente”, afirma.

El inicio profesional de Meño se dio en una pequeña imprenta cuyo equipo, según sus palabras, no superaba la decena de empleados. “Empezamos siendo una imprenta pequeña, con unas ocho o nueve personas, nada más”. Con el paso del tiempo, tanto la empresa como su carrera sufrieron un crecimiento significativo, hasta que ella y otros socios llegaron a fundar su propia empresa a más de 80 kilómetros de su residencia. “Nos trasladamos y creamos una compañía en Guadalajara, donde cada uno tenía participación accionaria, y allí se desarrollaron los últimos diez años de mi vida laboral”.
Reducción de una cuarta parte de la pensión
La estabilidad se vio interrumpida cuando la empresa, después de una década operando, entró en concurso de acreedores y posteriormente en quiebra. “Fue entonces cuando me encontré en situación de desempleo”. La situación empeoró cuando, al agotarse las prestaciones por desempleo a los 59 años, Meño declaró: “Terminaron las prestaciones y cobré ayuda por cuatro meses, que realmente no alcanzaba para mucho, y me vi obligada a jubilarme”.
Las pensiones de jubilación en 2025 y su poder adquisitivo dibujan un futuro preocupante para la población mayor.
La sorpresa mayor surgió al notar que, pese a su dilatada carrera y cotizaciones, la pensión asignada era notablemente inferior. “Tras 47 años y algunos días cotizados, me encuentro penalizada con un 24% de mi pensión”. Esta vivencia, que Meño sostiene como portavoz de aquellos en situaciones similares, la impulsa a exigir un cambio urgente. “Este es el atropello contra el que luchamos y, por dignidad y justicia, creo que debe resolverse cuanto antes. Somos muchos quienes estamos quedándonos atrás”.

