Pueblo pintoresco de Pontevedra con casas coloridas frente al mar similar a Cinque Terre

Fachadas multicolores asomándose al Atlántico y el aroma característico de un puerto pesquero. Entre miradores, castros y paseos junto al mar, este lugar conserva un encantador casco histórico y una gastronomía ligada a la lonja

Foto: Parece Cinque Terre, pero está en Galicia. (Turismo de A Guarda)
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Viviendas de colores frente al mar, fragancia a salitre y un casco histórico que mantiene la esencia marinera: así se describe uno de los pueblos más atractivos para fotografías en la costa atlántica gallega. Entre acantilados, playas y estuarios, su perfil multicolor emerge hacia el océano como una postal. Quien busque un destino con sabor genuino —y con similitudes a la estética de la Cinque Terre italiana— lo hallará en este lugar, un enclave que une patrimonio, naturaleza y gastronomía en pocas calles.

Se trata de A Guarda, ubicada en la provincia de Pontevedra, una villa marinera reconocida por la Comisión Europea como destino EDEN debido a su propuesta de turismo sostenible. Su fachada marítima, compuesta por viviendas tradicionales de vibrantes colores, es distintiva y uno de los escenarios más captados en las Rías Baixas: una “versión gallega y reducida de la Cinque Terre”, según la Guía Repsol. Situada frente al Atlántico y respaldada por el río Miño y el Monte Santa Trega, la localidad ostenta un paisaje triple —marítimo, fluvial y montañoso— y una cultura marinera que cada año celebra a la ‘reina’ local en la Fiesta de la Langosta.

Qué visitar en A Guarda: desde el castro hasta la orilla del puerto

El punto imprescindible es el Monte Santa Trega, donde se encuentra el Castro de Santa Trega —la principal referencia de la cultura castreña en el noroeste peninsular— y el MASAT (Museo Arqueológico) en su cima. Desde los picos de O Facho y San Francisco, los miradores ofrecen vistas inolvidables a la desembocadura del Miño y a Portugal, especialmente al atardecer. Para un recorrido tranquilo, la ruta homologada PR-G122 Caminos del Trega conecta senderos y miradores entre patrimonio religioso, vía crucis y capilla. En la costa, el puerto pesquero mantiene su carácter: lonja, labores marineras y el Museo del Mar, ubicado en una pequeña fortaleza circular reconstruida en 1997. El paseo prosigue por la Senda Litoral, que atraviesa salinas romanas y tramos aptos para bicicleta, y por la Ruta de las Cetáreas, que revela antiguos viveros de marisco como la monumenta Cetárea Redonda.

El casco histórico está organizado alrededor del puerto y permite un recorrido sencillo por la rúa Colón y Baixo Muro, donde aún persisten fragmentos de la muralla medieval. En la Plaza do Reló se encuentran la Torre do Reló y la Casa de los Alonso, mientras que la Iglesia de Santa María presenta una fachada barroca con influencias portuguesas. Se suman al carácter del lugar las elegantes Casas Indianas —en calles como Puerto Rico o Galicia— y la fortificación del siglo XVII en el Castillo de Santa Cruz. Para apreciar la identidad local, la Plaza de Abastos y los productos del mar —con la langosta y la tradicional rosca de yema— completan una visita que combina paisaje, historia y gastronomía con un distintivo atlántico.

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Viviendas de colores frente al mar, aroma a salitre y un casco histórico que mantiene la esencia marinera: así se describe uno de los pueblos más atractivos para fotografías en la costa atlántica gallega. Entre acantilados, playas y estuarios, su perfil multicolor emerge hacia el océano como una postal. Quien busque un destino con sabor genuino —y con similitudes a la estética de la Cinque Terre italiana— lo hallará en este lugar, un enclave que une patrimonio, naturaleza y gastronomía en pocas calles.

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