Entre montañas y riscos, un pequeño enclave riojano conserva las ruinas de un castillo perdido, viviendas deshabitadas y un mirador desde donde se contemplan los valles y viñedos más impresionantes del norte de España
- El pintoresco pueblo riojano que merece una visita: con un casco histórico sobresaliente y panorámicas sobre el río Ebro
Ubicado en el límite entre La Rioja y Burgos, Cellorigo se eleva sobre un entorno que parece inmóvil en el tiempo. Apodado el “Púlpito de La Rioja” debido a su posición privilegiada, este diminuto pueblo, compuesto por apenas diez residentes, brinda una vista única de los valles del Oja y del Tirón, un panorama de viñedos, montañas y campos que representa la esencia de la Rioja Alta. Aunque pequeño, conserva una historia milenaria marcada por conflictos, fortalezas desaparecidas y un encanto rural que persiste entre sus casas de piedra y el silencio.
Durante el siglo IX, Cellorigo fue escenario de enfrentamientos clave entre musulmanes y cristianos. Su castillo, hoy ya inexistente, fue una pieza fundamental en la Reconquista debido a su posición estratégica. Reconquistado por el conde alavés Vela Jiménez, este territorio permaneció bajo el control de los condes de Álava hasta el siglo XI, cuando pasó a manos de Rodrigo Álvarez, abuelo materno de El Cid. Con el tiempo, el lugar perdió importancia hasta quedar reducido a unas pocas viviendas que sobreviven al abandono, pero su nombre sigue presente en la historia riojana.
El diseño del pueblo se adapta al terreno escarpado de los Montes Obarenes. Las casas, muchas vacías, se reúnen bajo las peñas de Peña Luenga, un macizo que forma frontera natural con Burgos. Quienes recorren sus calles adoquinadas descubren una escena auténtica: fachadas de otra época, fuentes antiquísimas como la Fuente Vieja, y el murmullo del viento junto al eco de siglos pasados.
Qué ver en Cellorigo
Aunque reducido en tamaño, Cellorigo alberga tesoros históricos de alto valor. La iglesia de San Millán, edificada en el siglo XV, muestra una belleza sobria con su torre de cuatro niveles y una sacristía añadida en el XVIII. Próxima a esta, la ermita de Santa María del Barrio —románica del siglo XII— se levanta sobre los restos de un antiguo templo mozárabe, donde aún se conserva una portada con arco de herradura visigótico. El conjunto se complementa con antiguos sepulcros medievales y vestigios de una villa romana que evidencian la larga ocupación humana del área.
Sin embargo, lo que más cautiva es su entorno. Desde el mirador de piedra, situado junto a la iglesia, se extiende una panorámica que abarca hasta donde alcanza la vista: más de treinta pueblos riojanos se distinguen entre el mosaico de colinas, valles y viñedos. Los atardeceres tiñen el firmamento de tonos dorados y rosados, y de noche, el cielo despejado convierte este lugar en un punto inmejorable para observar las estrellas.
El pueblo ha logrado conservar su calma. Actualmente solo una decena de habitantes, dedicados a la agricultura y ganadería, residen allí, lo que potencia su atmósfera apacible. Esta serenidad, unida al paisaje, transforma a Cellorigo en un destino idóneo para quienes buscan escapar del bullicio y reconectar con la naturaleza auténtica de La Rioja.
El vestigio del castillo perdido
El antiguo castillo de Cellorigo, del que apenas quedan vestigios en las peñas, fue en su época una de las fortalezas más relevantes del norte peninsular. Desde sus murallas se vigilaron las rutas entre la Meseta y el valle del Ebro, y aunque ya no existe, la memoria de las batallas libradas permanece viva. Las crónicas de la Reconquista relatan las victorias cristianas de 882 y 883 frente a los musulmanes, episodios que afianzaron la expansión hacia el sur y dieron renombre al lugar. Actualmente, las peñas donde se alzaba la fortaleza sirven de refugio para aves rapaces y son preferidas por senderistas.
A pocos metros del centro se encuentra también el Palacio de Frías Salazar, una torre defensiva del siglo XV restaurada como museo privado por su propietario, Luis Guinea, conocido como “Luisón”. Construido en sillería, el edificio alberga más de cien obras pictóricas inspiradas en grandes maestros de la historia, aunque su visita depende de la fortuna de coincidir con su dueño, quien siempre está dispuesto a compartir su pasión artística.
Entre panorámicas infinitas, casas de piedra y un silencio casi eterno, Cellorigo invita a contemplar La Rioja desde las alturas
El acceso a Cellorigo es sencillo. Desde Logroño, el recorrido por la AP-68 dura aproximadamente 45 minutos. Alrededor se hallan lugares tan pintorescos como Sajazarra, Haro o Miranda de Ebro, que conforman una ruta ideal por la Rioja Alta. Entre paisajes infinitos, casas de piedra y un silencio que parece perpetuo, Cellorigo se presenta como un pequeño tesoro olvidado que invita a contemplar La Rioja desde las alturas.
- El encantador pueblo de La Rioja que tienes que visitar: con un casco histórico impresionante y vistas al río Ebro
Ubicado en el límite entre La Rioja y Burgos, Cellorigo se eleva sobre un entorno que parece inmóvil en el tiempo. Apodado el “Púlpito de La Rioja” debido a su posición privilegiada, este diminuto pueblo, compuesto por apenas diez residentes, brinda una vista única de los valles del Oja y del Tirón, un panorama de viñedos, montañas y campos que representa la esencia de la Rioja Alta. Aunque pequeño, conserva una historia milenaria marcada por conflictos, fortalezas desaparecidas y un encanto rural que persiste entre sus casas de piedra y el silencio.

