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ABC-Antwerpen :: 28.07.08 – 16:37 :: -Presxs anarquistas y en lucha…

Del 1 al 8 de agosto tendrá lugar en las prisiones alemanas una movilización en forma de huelga de hambre colectiva por iniciativa de la organización Iv.I., la “Representación de los Intereses de lxs detenidxs”. Se dice que al menos 470 presxs participarán en la protesta. Las reivindicaciones son bastante amplias, pero se trata sobre todo de mejorar las condiciones de detención y de acabar con el aislamiento de Nadine Tribian (1). La Iv.I. exige además a una escala más alta la abolición de los gastos por encarcelamiento, de la obligación de trabajar, de la perpetuidad y del aislamiento. A pesar de que vemos en la iniciativa motivos para alegrarnos, como la ruptura de la rutina carcelaria y de la dura capa del orden penitenciario, su anuncio y su organización presenta serias dudas e interrogantes. Para empezar, la Iv.I. se presenta abiertamente como la representación legal e institucional de lxs detenidxs. Como organización, se basa en el principio de delegación mediante “representantes” y demás, y no sabemos hasta qué punto está organizada jerárquicamente. Aunque en la cárcel puede ser un buen comienzo, fuera de los muros de las prisiones, las palabras “sindicato” y “representación” no tienen por qué significar autoorganización y mucho menos autoorganización de la lucha. La Historia y la experiencia muestran que quienes se elevan como interlocutorxs del Estado (y mucho más si se reconocen como tal) hacen normalmente las veces de mediadorxs y pacificadorxs. Es precisamente este papel el que les permite perpetuarse como estructura. Por tanto, es lógico que estas organizaciones se distancien de formas de luchas que no pueden controlar y que no se someten a los dictados del Estado. Esta posición se refleja claramente en las declaraciones de uno de los representantes de la Iv.I., Peter Scherzl, cuando puntualiza: “Claramente, la Iv.I. no hace un llamamiento al motín sino a una protesta plenamente legal dentro del marco de las posibilidades jurídicas. Sólo mediante esta forma de actuación conseguiremos que no se nos acuse de inventarnos las cosas cuando denunciamos las anomalías y que, de este modo, dejen des obviarse y perpetuarse los errores.” Por supuesto, no esperamos que ninguna organización haga un llamamiento al motín: los motines no se decretan, simplemente ocurren, y que la gente parcitipe o no es cosa de cada unx. Por otro lado, entendemos las razones por las que la Iv.I. frena la salida más radical y no invita a lxs presxs a amotinarse. Pero que estime necesario rechazar expresamente e incluso condenar por adelantado ciertas formas de actuación que, de hecho, algunxs presxs podrían adoptar y que podrían desarrollarse en el transcurso de la lucha, eso va demasiado lejos. Aquí se plantea la cuestión de la complementariedad y sobre todo de la compatibilidad de decisiones y métodos. Nosotrxs sólo podemos incitar a lxs presxs, sean o no miembros de la Iv.I., a que rechacen la noción de líder y desarrollen iniciativas autónomas donde no estén obligadxs a limitar sus ideas y sus deseos “dentro del marco de las posibilidades jurídicas”. Como sabemos que es imposible combatir la dominación con formas de organización copiadas de las instituciones, no tiene sentido imitar las categorías que el mismo Estado crea en su propio interés. Sabemos que juega y usa la legalidad como mejor le conviene. Sabemos también que el concepto de Derecho es relativo, que puede aliviar a unxs de la opresión y a la vez sacrificar a otrxs para reforzar su poder e incluso racionalizar la gestión de la opresión y la explotación. En definitiva, sabemos que la moneda siempre tiene dos caras: mientras que unxs detenidxs consiguen “mejoras”, otrxs siguen estando torturadxs; los malos tratos, las medidas vejatorias, si bien varían según los contextos y las necesidades, no son una desviación o una excepción del sistema: forman parte de él, al menos en forma de espada de Damocles encima de la cabeza de lxs más recalcitrantes. El hecho de fijar normas “aceptables” permite generalizar “excepciones”, como en el caso del aislamiento que se extiende poco a poco a todos los regímenes de detención. La supuesta “humanización” de las prisiones que tiene por objetivo que la sociedad y lxs propixs presxs acepten su encarcelamiento e incluso colaboren en su gestión y a favor de su buen funcionamiento sólo contribuye a que la lógica del encarcelamiento se extienda aún más. Las medidas de “reinserción” en la sociedad capitalista están destinadas a reforzar el propio sistema que (seguramente porque es su única forma de sobrevivir) crea ilegales y manda a prisión. Sin embargo, tener estas ideas en la cabeza no nos hace renunciar a cualquier mejora parcial de las condiciones de detención ni rechazar de primeras cualquier lucha relativa que haga alusión a reivindicaciones particulares. Pero es indispensable unirlas a un análisis más general y determinar cuál es la función social de la prisión en un sistema que la necesita, no sólo para explotar más a lxs más pobres y eliminar a lxs más “peligrosxs”, sino también como amenaza permanente contra lxs que atentan contra él. Partiendo de estos razonamientos, se trata de afirmar que la privación de libertad es en sí misma una tortura que sólo desaparecerá cuando desaparezca el encarcelamiento y que las prisiones sólo caerán cuando caiga el mundo que las produce. Esta perspectiva permite abarcar un campo de actuación mucho más amplio que no es para nada incompatible con la obtención de reformas, al contrario, pero ha de quedar claro que éstas no son lo esencial. Dicha perspectiva está también presente en las distintas formas que toma la lucha y en los medios que emplea. Autoorganizarse rechazando cualquier mediación, desarrollar una dinámica autónoma, definir los propios criterios en función de su contexto y de sus objetivos fuera de las categorías promovidas por el Estado, practicar la acción directa y la solidaridad constituyen verdaderamente las bases del cuestionamiento de la autoridad. Está claro que no se trata de que cualquiera que participe en un motín pelee por la destrucción de todas las prisiones y de la autoridad, pero también está claro que estas experiencias de revuelta ofrecen posibilidades reales de ruptura y abren espacios inexistentes cuando la lucha está cantonada deliberadamente en formas cuadriculadas y predefinidas por el Estado, que anulan de antemano toda acción que pueda salirse de los límites. La movilización en las prisiones alemanas puede ser una ocasión entre muchas otras para hacer avanzar nuestras propias perspectivas de lucha por la destrucción de la prisión y de su mundo. Basándose en el rechazo a toda forma de mediación del descontento y de la revuelta, queremos expresar nuestra solidaridad con lxs presxs en lucha, y nuestra antipatía hacia sus órganos de representación más o menos oficiales e institucionales, insistiendo en el hecho de que la huelga de hambre no es en ningún caso la forma última de protesta en prisión y que hay también muchas otras posibilidades de resistencia y de lucha. A este respecto destacamos que, tanto dentro como fuera, la revuelta no se expresa únicamente de manera colectiva y en las grandes ocasiones. La revuelta se nutre de cada rechazo a colaborar (2), de cada gesto contra la dominación, del desarrollo de actitudes combativas y rebeldes. Asímismo, la lucha contra las prisiones no debe limitarse a la necesaria solidaridad que habría de surgir cuando estalla algún movimiento o se pasa por una situación difícil. Si lo que queremos es inspirar y apoyar con toda nuestra rabia a aquellxs que, tras los muros, se rebelan cada día contra la condición que se les ha impuesto, tenemos que transportar esta cuestión tan espinosa de la privación de libertad a todos los demás ámbitos de la lucha para poder atacarla mejor en todos sus aspectos, tanto teóricos como prácticos. Sólo este planteamiento, dentro y fuera de la prisión, será capaz de abrir espacios de lucha y de desarrollar dinámicas que no se ajusten si a miserables promesas ni a los golpes de látigo del Estado. Anarquistas solidarixs. Julio de 2008 (1) Ver texto aquí debajo. (2) Como por ejemplo el compañero José Delgado (Rheinbach), quien se niega (como Gabriel Pombo da Silva en Aachen) a trabajar en la prisión y sigue luchando contra unas condiciones que considera humillantes (llevar uniforme, etc.) Si nos vemos reflejadxs en tales comportamientos, entonces nos toca a nosotrxs actuar en consecuencia y apoyar activamente a lxs compañeros que están resistiendo. Situación de Nadine en la prisión de Bielefeld Nadine sufre el acoso y la mentira periodística en la prisión de Bielefeld. No se traga sus palabras y no ceja en su afán de denunciar las condiciones de detención en la prisión. Su actitud es cada vez más difícil de ver entre lxs presxs. Muchas personas deciden pasar su pena obendeciendo y esperando el fin en silencio. Otras se refugian en la droga. Y aún muchas más se convierten en informadorxs. Las autoridades fomentan con mucho ahínco que lxs presxs trabajen para ellas. Si lxs presxs espían y hacen de matonxs entre ellxs, evidentemente es mucho más fácil mantener el orden. Fuera de la cárcel ocurre lo mismo. Cada vez más “buenos ciudadanos” con todo tipo de uniformes hacen el trabajo de policía y hacen más fácil el control del Estado sobre cada unx de nosotrxs. “Desgraciadamente, muchos presxs aquí se hacen informadorxs. Todo el mundo quiere tener una televisión, trabajar para la compra mensual y para que lxs carcelerxs sean “más flexibles”. Incluso venden a lxs amigxs. De esta forma, unos pilares muy importantes de la sociedad se rompen”, cuenta Nadine en una carta reciente. En ella también nos dice que su combate cotidiano contra la prisión comenzó hace mucho tiempo: “Todo empezó cuando entré en la cárcel por primera vez, en Colonia, en los años 1997-1999. Fui vícitma de la violencia sexual por parte de un carcelero. Luego fue condenado a dos años de condicional. Ya estaba fichado por abusos sexuales contra otras carceleras y por siete casos de violación a diferentes mujeres. Algunas ni siquiera fueron tomadas en cuenta porque los casos no eran decisivos para considerar la gravedad de la pena. Cuando entré de nuevo en prisión, el 99 % de lxs carcelerxs me hicieron comprender lo grave que era el que, poco antes, yo hubiese prestado declaración contra uno de ellxs. El psicólogo local cree que me lo inventé todo, a pesar de las pruebas, y dice que tengo que darme cuenta de que nada de eso pasó en realidad.” Fuente:La Cavale n° 13 Julio, 2008

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