La experta examina la manera en que el joven futbolista maneja sus emociones en situaciones de máxima presión.
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Es necesario hablar sobre Pau Cubarsí. Aunque su falta entre los postulantes al once ideal del Mundial resulte difícil de justificar, dicho detalle no opaca la actuación destacada que ha tenido el defensa central del FC Barcelona.
El desempeño que ha mostrado junto a Aymeric Laporte le ha situado, para muchos, como el mejor defensor del torneo y como una de las grandes sorpresas en el fútbol internacional.
Con tan solo 19 años, Cubarsí ya se ha establecido como un zaguero con presente sólido. Un claro indicador de esto es que su valor de mercado alcanza los 100 millones de euros, según la última revisión del portal especializado Transfermarkt.
Gran parte de ese avance se debe a la calma que mostró en momentos donde la presión suele afectar el rendimiento, como se evidenció en su último despeje en la final, acción crucial para impedir un gol de Argentina.
A pesar de su corta edad, el defensa irradia una serenidad poco habitual para alguien de su generación. Esta habilidad para conservar la tranquilidad, como si nada lograra desconcentrarlo, no implica que no experimente nervios.
«Eso no significa que no sienta nervios», detalla la psicóloga Lara Ferreiro en una entrevista concedida a la revista Semana. «Parece capaz de convivir con ellos sin dejar que influyan en sus decisiones», añade.
Pau Cubarsí
El comportamiento de Cubarsí fuera del campo refuerza esta percepción. Para Ferreiro, la calma que transmite no parece ser un resultado de la competición ni una técnica aprendida, sino una extensión genuina de su carácter.
«Hay futbolistas que generan nerviosismo y otros que irradian tranquilidad. Cubarsí pertenece al segundo grupo. Su forma de jugar reduce el desorden a decisiones simples», señala la especialista, quien cree que uno de los aspectos más notables del internacional español está vinculado a su regulación emocional.
Su estabilidad emocional
Esta habilidad le permite enfocarse en lo que realmente puede controlar: la ubicación, el pase, la dirección del balón o la siguiente jugada, evitando reacciones impulsivas frente a las estimulaciones del juego.
Según Ferreiro, el origen de este equilibrio emocional debe rastrearse, en parte, en su entorno familiar. «La personalidad depende del temperamento, la formación, las relaciones personales y las experiencias vividas.
Sin embargo, un ambiente estable puede proporcionar referencias emocionales significativas», explica, una reflexión que supera el ámbito deportivo y tiene aplicación en cualquier contexto personal.
Este contexto también podría explicar por qué Cubarsí no muestra señales del llamado síndrome del impostor. Según la psicóloga, «su seguridad se fundamenta en la práctica diaria y no en la necesidad de validar su valía» mediante los resultados.
En el caso del futbolista del Estanyol, la combinación de formación deportiva, confianza, inteligencia táctica y temperamento le permite competir con naturalidad y conservar su identidad, sin recurrir a exageraciones.
Finalmente, Ferreiro apunta que sobre Cubarsí opera el conocido «efecto halo», un fenómeno psicológico por el cual se tiende a atribuir inconscientemente otras cualidades positivas a quien destaca en un área específica.
En su caso, esa percepción implica que también se le asocien atributos como mayor inteligencia, liderazgo o madurez, reforzando aún más la imagen de un futbolista destinado a dejar huella en una época.

